Opinión

On Kawara: 'I Met, I Went'

 

La vida cotidiana de On Kawara fue un misterio para muchos, como dijimos la semana pasada.

Si rehuía de la vida pública no era por excentricidad, sino porque la huella de su existencia en el tiempo y el espacio era la materia prima de su obra, por eso era cuidadosa con ella.

La noticia de su muerte se dio a conocer el 10 de julio. En realidad, la familia del artista no quiso revelar el día exacto de su deceso, para conservar respeto y no alimentar la especulación sobre todo de las pinturas de fechas. Se anunció el fin de su existencia, no su muerte.

A pesar de su hermetismo como artista o personaje, On Kawara en su trabajo nos entrega una gran cantidad de información, pues es enteramente autobiográfico.

Llegamos a conocer sus rutinas diarias por periodos prolongados a través de tres importantes trabajos, sus diarios: I Went , I Met y I Read.
La pieza I Went (Yo fui) es un compilado de mapas en blanco y negro que comienzan el 1 de junio de 1968 y terminan el 17 de septiembre de 1979. Cada mapa indica el punto de partida y la trayectoria que On Kawara recorrió en un día; fechados y con el nombre de la ciudad donde se encontraba. Son doce años los que se documentan en doce volúmenes con un total de cuatro mil 740 páginas.

Le prosigue de I Met (Yo conocí/encontré), que enlista por día y ciudad, los nombres de personas que encontró en su día a día. La lista empieza el 10 de mayo de 1968 y termina el mismo 17 de septiembre de 1979. Cuando On Kawara inició ambas piezas, se encontraba viviendo en México.

I Read (Yo leí) consta de 18 carpetas con recortes de periódicos, que a manera de diario compiló desde 1966 hasta 1995; una noticia diaria del periódico local, dependiendo de donde se encontraba.

La mayoría son noticias irrelevantes. Esta pieza opera en un sentido íntimo e histórico. A diferencia de las anteriores, la comenzó un par de años antes, en Estados Unidos.

Estas piezas materializan el tiempo transcurrido en datos y coordenadas, aislando la subjetividad, por lo que siempre se le consideró un artista conceptual. Podemos ver el paisaje en la forma tradicional, una mirada de ojo de pájaro que nos narra el acontecer casi banal de un individuo en la contraposición espacial de la ciudad.

Por eso creo que apreciar a On Kawara como un artista meramente conceptual sería un error, pues la relación que establece entre sujeto, tiempo y universo es compleja y profunda.

On Kawara decidió cómo viviría su arte y cómo registraría el tiempo, cuando de muy joven visitó las cuevas de Altamira, y observó la marca en la roca de la mano de un “artista” anónimo.

El tiempo, como lo contamos en segundos, minutos, horas, días, años, siglos, es una invención humana; la obra de On Kawara elude a la inevitable noción de muerte que conlleva reflexionar sobre el flujo temporal.

Materializándolo en su propio constructo, dejando trascender sólo la existencia (la suya).