Opinión

Ofensiva y zafarrancho

 
1
 

 

Box.

Gil está de plácemes. Los duques de Cambridge fueron ayer padres, por segunda vez, de una niña cuyo nombre no ha sido anunciado. La pequeña nació con un peso de 3.7 kilos en un hospital del barrio londinense de Paddington. No sobra decir que la princesa de Cambridge será la cuarta en la línea sucesoria detrás de su hermano Jorge. El príncipe Guillermo y su esposa posaron para los fotógrafos.
Gamés lo leyó en su periódico La Vanguardia mientras huía precisamente de esta noticia. En serio y bien visto, a quién rayos le importa el nacimiento de la hija de los príncipes de Dios sabe dónde. Al parecer a muchos más de los que el propio Gilga imagina pues los periódicos del mundo han puesto a la bebé en sus primeras planas. No somos nada; o sí, somos frívolos por naturaleza.

Ahora mal: Gamés les informa a la lectora y el lector que no pudo asistir a Milán, Italia, a donde fue invitado (cuanto tiempo sin una voz pasiva) para participar en la inauguración del edificio que albergará (no empecemos) el museo de Giorgio Armani. Gilga era uno de los 600 invitados, pero como dicen los hombres y las mujeres ocupadísimos y ocupadísimas: no se puede todo. Gil hubiera saludado con gusto a la abuelita Tina Turner, a Glenn Close, a Pierce Brosnan. Giorgio sabe que como quiso Wilde, un capricho se diferencia de una gran pasión en que el capricho dura toda la vida. Académicos del CIDE, no desgarren sus vestiduras, Gilga les informa que hay vida más allá del cubículo.

Aún hay más

Había muerto María Elena Velasco, mejor conocida como la India María, raro icono de la cultura popular. Las páginas de sus periódicos la despidieron como la última gran actriz cómica. Van a dispensar a Gil, pero uno de los recuerdos más siniestros que guarda su memoria es, precisamente, a la India María en el programa Siempre en Domingo, que duraba una eternidad, y conducía Raúl Velasco. Ambos habían montado una escena en la cual ella perseguía al conductor para darle un beso. Ella gritaba: Ven Güeritu, no le juyas, vamos a entrar en confianza. Y así. Una escena dantesca.

Raúl Velasco vestía a la moda de la época pantalones de colores asesinos, un saco a cuadros chillantes, una camisa de grandísimos cuellos y una especie de pañoleta alrededor del cuello. Gamés tiembla recordando aquellos domingos acompañados durante toda la tarde por ese programa infame. El peor momento, sin duda, estallaba con la India María. El público del estudio, a las carcajadas.

La India María actuó en 26 películas, muchas de ellas con sus propios guiones. Un nombre: Tonta, tonta, pero no tanto. Una verdadera pesadilla. La India María, medita Gamés, consagró el racismo mexicano por sus indígenas: español mal hablado, pobreza indumentaria, sometimiento, elogio del mal gusto, en fon. Gil no está para nada seguro de que haya muerto una actriz cómica. Un estereotipo racista, quizás.

Fiasco

La pelea del siglo resultó ser el combate del tedio. El agarrón mejor pagado en la historia del box: Mayweather se llevó a casa 180 millones de dólares mientras que Pacquiao metió a un costal 120 millones de los verdes. Según su periódico EL FINANCIERO, el primero ganaría 384 mil dólares por cada golpe mientras que el segundo cobraría 151 mil dólares por impacto de cuero en el cuerpo de su rival. Gil vio una vergonzosa corretiza en la cual Pacquiao nunca le dio alcance al Money Mayweather.

La historia de la persecución incluyó rectos de antología que se estrellaron en el rostro de Pacquiao. La carrera perfecta de Floyd Mayweather, 48 triunfos sin conocer nunca en su vida profesional la derrota, consiste en la apoteosis de la defensa: una fuerza de cemento armado, brazos largos y una pegada como la cos de un pura sangre. Para Pacquiao sólo había un camino, intentar el asedio. Los primeros rounds buscó el sitio de la fortaleza negra, pero a partir del round sexto el Money tomó el control e incluso compró lujos y pagó por rectos y jabs para dosificarle fuertes dosis de cuero al rostro y al cuerpo del filipino.

Así desterraron la emoción del combate y lo convirtieron en una persecución desesperante. No siempre la iniciativa recibe un premio, al menos no en la noche de Las Vegas para Pacquiao. En el cuarto episodio todo pudo cambiar. Manny reventó un jab de izquierda en el rostro del Money que cimbró a la fortaleza negra, pero Mayweather no sólo quedó en pie sino que se adueñó de la pelea con golpes de derecha salidos del callejón y la academia al mismo tiempo. En resumen, una noche millonaria en dólares para una pelea que no valió un peso.

La máxima de Robert Browning espetó dentro del ático de las frases célebres: “Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

También te puede interesar:
Cientos de alcaldes
Realidad y fantasía
Pequeña estafa