Opinión

¡Odio a mi banco!

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ME. Odio a mi banco.

Escuchar el clásico “odio a mi banco” o el “odio a los bancos”, es muy común en al menos siete de cada diez personas a las que se les pregunta sobre qué piensan de las instituciones financieras que están creadas para cuidar e invertir su dinero.

Aun cuando tengan una tarjeta de crédito, un crédito automotor o reciban su nómina en una tarjeta de débito, la percepción no cambia. Sólo en aquellos clientes a los que el banco les autorizó un crédito hipotecario la apreciación es distinta. Es comprensible, porque son dueños de una casa; bueno, lo serán en veinte años.

A un año de que entró en operación la reforma financiera –que más bien fue el reunir todos los pendientes regulatorios en la totalidad de los sectores e incluirlos en un paquete que llamaron “reforma”–, los usuarios tienen pocos beneficios palpables, aun cuando la publicidad diga lo contrario.

Desgraciadamente para los usuarios, algunas de estas promesas de la reforma financiera van mucho más lento de lo que se pensaba. Por ejemplo, el poder cambiarte de un banco a otro de forma sencilla. Salvo, claro está, que recibas la promoción de un banco para cambiar tus créditos de una tarjeta a otra.

Hasta ahora, la creación de un buró que sirve como estadística para “balconear” la operación de los bancos, la creación de un registro de despachos de cobranza y la prohibición de “ventas atadas”, son algunos de los pequeños avances palpables para el usuario, porque el cambiar tu crédito o, incluso, en dónde recibes la nómina de una forma más rápida y sencilla, sigue pendiente. Argumentan que estas fallas son por “falta de promoción”, y que por lo tanto “no se masifica la competencia y los cambios”.

Con las opciones legales en marcha, ahora corresponde a los usuarios informarse y, como segundo paso, iniciar el cambio si el servicio actual que le ofrece su banco no le satisface, tal como sucede en el sector de telecomunicaciones. Aquí la diferencia es que hay registrados más de 40 bancos de todo tipo y tamaño.

En las próximas semanas se empezará a divulgar la forma en cómo ir cambiando de un banco a otro, empezando con la nómina. Ojalá que estos nuevos instrumentos funcionen y los bancos realmente cumplan, pero fundamentalmente que no se repita la historia de las “cuentas básicas”, que no tienen costo alguno, pero cuando son solicitadas dicen no conocerlas y el usuario termina con una cuenta en la que tiene que pagar una comisión.

Una vez puesto en marcha, ya veremos si los usuarios deciden dejar de odiar a su banco o se cambian. Por lo pronto, la moneda está en el aire.

Sucesión ABM

Sin contratiempos se vivió la sucesión en la Asociación de Bancos de México (ABM), aunque lo único que comentaban algunos asociados “en corto” era que Luis Peña, de HSBC, que se integrará en marzo como vicepresidente, tendrá que trabajar con sus próximos representados y acercarse más a ellos, ya que tras el intento fallido de ser presidente hace unos años se alejó. Sin duda lo hará.

Twitter: @JLeyvaReus

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