Opinión

¿Odiarán a Bayer como odiaron a Monsanto?

 
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¿Odiarán a Bayer como odiaron a Monsanto?

La característica más notoria que afloró durante los últimos años entre quienes se oponen al avance de la ciencia en el campo fue algo muy negativo: el odio.

Azuzados por la manipuladora organización Greenpeace, miles de personas se tragaron el cuento de que las semillas genéticamente modificadas representaban un riesgo a la humanidad y al medio ambiente. Nunca pudieron comprobar científicamente ese supuesto daño; pero con su odio lograron convencer a muchos de que, si cultivábamos maíz transgénico, los mexicanos desarrollaríamos deformidades y mutaciones: un tercer brazo, ojos cónicos, alas, uñas en el abdomen. Profetizaron el nacimiento del X-Men Azteca.

El resultado de este odio fue que el campo avanzó desigualmente: los agricultores del norte, tecnificados, alcanzaron a producir en estados como Sinaloa más de 20 toneladas de maíz por hectárea. Por el contrario, los campesinos del sur produjeron sólo tres. Muchos de estos últimos viven en condiciones de pobreza, por lo que resultaban sumamente atractivos para los grupos que reparten dádivas y gestionan recursos.

Sin embargo, si a los campesinos del sur se les brindasen soluciones tecnológicamente avanzadas, elevarían repentinamente su productividad, con lo que se empoderarían y el intermediario dadivoso sería innecesario. Esto detonó que, para defender sus intereses, surgieran movimientos como “Sin Maíz no hay País”, que vociferan odio hacia el avance tecnológico. Estas organizaciones eligieron un enemigo: Monsanto, estadounidense, una de las más importantes empresas de biotecnología.

De hecho, el sábado pasado se realizó la “IV Marcha Mundial vs. Monsanto”.

Pero las cosas dieron ayer un gran giro. La firma Bayer, líder global en productos agrícolas, lanzó una oferta para adquirir a Monsanto en 62 mil millones de dólares y con ello crear “un negocio agrícola líder integrado con una amplia cartera de productos y una línea de I+D excepcional para suministrar valiosas soluciones innovadoras a los agricultores”. Bayer dijo que quiere aprovechar “el liderazgo de Monsanto en el ámbito de las semillas…”

¿Qué harán Greenpeace y las organizaciones como Sin Maíz no hay País? Monsanto es estadounidense; Bayer, alemana. Además, esta última es sumamente respetada en muchos ámbitos, como el farmacéutico.

Sería recomendable que de manera urgente los alemanes establezcan un war room, preventivo pero con potencial de contención profunda, porque se pueden convertir en una especie de enemigo favorito de estas patéticas organizaciones purulentas que no son de fiar.

Entretanto, recemos. Quizá Bayer sí logre convencer al secretario José Calzada de aprobar el cultivo masivo de maíz genéticamente modificado en México. Ojalá.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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