Opinión

Ocurrentes

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Día 2 contingencia ambiental (Cuartoscuro)

En los años ochenta la contaminación en la Ciudad de México era verdaderamente seria. No sólo provenía de los autos, sino también de fábricas que seguían instaladas en la ciudad. Como medida de emergencia, se inventó la idea de que los autos dejaran de circular un día a la semana. Eso, junto con el cierre y migración de fábricas, así como la mejora de las gasolinas y motores, permitió un mejor panorama. Pero se les ocurrió que había que hacer permanente la medida. A partir de ese momento, el efecto fue negativo: las personas compraron un auto adicional para no dejar de circular, y adquirieron el más barato posible, es decir, el más viejo y contaminante. Abundan los estudios que confirman el efecto negativo del Hoy No Circula permanente, entre ellos el de Eskeland y Feyzioglu en el World Bank Economic Review, 11 (3), de 1997.

Para reducir ese efecto negativo se modificó el programa para permitir que los autos que contaminan menos pudiesen circular más días, y así estuvimos por un buen rato, hasta que hace cerca de un año se le ocurrió al jefe de Gobierno modificar el programa, creo que porque la corrupción ya era un problema, incorporando como criterio no sólo las emisiones, sino la fecha (modelo) del auto. Se promovieron amparos ante la SCJN, la cual concluyó que usar la edad del vehículo como criterio violaba el principio constitucional de equidad, y por lo tanto se amparaba a los quejosos. La respuesta, innecesaria, del Gobierno del DF fue retirar su medida, y desde entonces el tráfico en la ciudad se complicó aún más. Adicionalmente, a fines del año pasado se promulgó un reglamento que, según investigadores de la UNAM (entre ellos Luis Mochán, miembro también de la Academia de Ciencias de Morelos) puede aumentar la contaminación por la reducción de velocidad.

En marzo la contaminación en la ciudad fue seria, y eso llevó a tomar medidas de emergencia, es decir, ocurrentes. Ahora deciden modificar el Hoy No Circula para regresar a la versión original, ésa que sirvió por unos meses y luego resultó dañina. Sin ninguna preocupación, la autoridad modifica las reglas que ella misma había establecido, incluso para condiciones de contingencia. Defienden la medida los que no usan auto, los que creen que eso reducirá el tráfico, los que siguen creyendo que tener un auto implica ser rico, y los ricos deben ser castigados, y algún otro que se me escapa.

Para mí, lo preocupante es que el gobierno modifique las reglas arbitrariamente. Si tenía reglas para contingencias, ¿por qué inventar otras ahora? Si las inventa, ¿por qué regresar a lo que se sabe que no funciona? O tal vez es sólo tener unos meses para pensar, pero para eso no necesitaban cambiar las reglas, sino aplicar las que tenían.

Reducir el número de autos, prohibiendo a los que contaminen más, o restringiendo lugares, no tiene nada de raro. Lo que es dañino es poner reglas que no se pueden monitorear y hacer cumplir, o cambiarlas arbitrariamente. Eso sí daña. Si el problema es la corrupción en verificentros, el abuso del emplacamiento en Morelos y Edomex, o la ineficiencia y corrupción de la policía del DF, eso es lo que hay que resolver.

Por otra parte, creo que tendríamos un mucho mejor resultado si el GDF modificara su operación a la noche: recoger basura, limpiar y pintar calles; y nada mal estaría un criterio claro para manifestaciones públicas. Pero, claro, ésas son clientelas.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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