Opinión

Octavio Paz y el PRI

Víctor Manuel Pérez Valera*

A propósito de los homenajes a Octavio Paz, con ocasión del centenario de su nacimiento, un alto jerarca del PRI, de cuyo nombre no quiero acordarme, afirmó que la filosofía política de Paz coincidía con la del PRI. Nos parece que esta afirmación es desmesurada.

Ciertamente a lo largo de la extensa obra de Paz se encuentra un análisis que podría denominarse “filosofía política”, que gira alrededor de cuatro grandes temas: la libertad, la autoridad, el poder y la justicia.

Afirma acertadamente Paz que la libertad es el “núcleo de la persona”, sin embargo, ella es un gran enigma, como lo declaró de modo hiperbólico en su Discurso de Jerusalén: “el verdadero misterio no está en la omnipotencia divina, sino en la libertad humana”. Le faltó distinguir claramente a nuestro autor entre libertad interior y libertad exterior. Esta última implica el rechazo a toda opresión, despotismo y dictadura. Recuérdese que el antiguo PRI fue definido como “la dictadura perfecta”, y ¿el nuevo PRI? ¿Hay un nuevo PRI? Ciertamente el PRI es maestro en el control de los medios de comunicación y sabe acotar sutilmente la libertad de expresión.

La libertad interior está ligada a la verdad, como escribe Paz, pero todavía más, está ligada a todos los valores: somos libres para ser libres, no libres para ser esclavos. De ahí el gran valor de la libertad que se plasma en el aforismo de Fedro: “non bene pro toto libertas venditur auro": no se vende la libertad ni por todo el oro del mundo.

En cambio, en el ámbito político se vive la mentira y la simulación, desgraciadamente algo no exclusivo del PRI. Prevalece la mentira en la historia oficial, en los discursos políticos, en las promesas de campaña y en los planes de desarrollo. Por esto, y por otras razones, México está bien caracterizado como El laberinto de la soledad, laberinto tan complejo como el de Creta.

Para Paz dos clases sociales encarnan lo típico del mexicano: el campesino y el obrero. A ninguna de ambas clases les hizo justicia la Revolución. Ni tampoco a los indígenas. Fueron utilizados como “fuerza electoral” para perpetuarse en el poder. Los obreros, en particular fueron encadenados a una red enorme de sindicatos corruptos.

Para eternizarse en el poder el PRI oprimió implacablemente a los partidos de oposición y subyugó al poder legislativo y judicial. Paz resalta que, en general, durante el virreinato se ejerció un poder despótico, ningún virrey, empero, gozó de tanto poder como los presidentes del PRI. Los virreyes actuaban con la autoridad del rey, los presidentes, en cambio, regían la cosa pública como si fuera patrimonio personal.

A principios del siglo XX se dio la explosión revolucionaria. La revolución tuvo un talante desesperado y redentor. Cuando ésta se institucionalizó se tuvo un intento de romper el “laberinto de la soledad” y buscar la reconciliación y cierta solidaridad, pero pronto la revolución se convirtió en palabra mágica y se diluyó en agua de borrajas. Con todo, opinamos que Paz exagera al afirmar que la Revolución apenas si tuvo ideas.

Entre los intelectuales comprometidos, Paz señala a José Vasconcelos, a José Gaos, a Alfonso Reyes, a Leopoldo Zea, a Edmundo O’Gorman y a Daniel Cosío Villegas, el cual en Extremos de América analiza con valiente ironía la historia de México desde el porfiriato hasta nuestros días.

Alaba nuestro autor al gobierno de Lázaro Cárdenas, pero también lo critica: el establecer la educación socialista fue un retroceso que generó muchas enemistades al régimen y lo hizo vulnerable a la crítica de varios sectores de la población. Cárdenas nacionalizó la industria petrolera y creo un monopolio estatal que a la postre no rindió los frutos que se esperaban. El poeta López Velarde en su poema Suave Patria, resultó profeta: “el niño Dios te escrituró un establo, y los veneros de petróleo el diablo”. ¿La actual reforma energética será la panacea?

Paz, con sobriedad, elogia a los fundadores de los partidos de oposición, pero se quedó corto. Así, por ejemplo, ante los fundadores de Acción Nacional, no pondera la grandeza intelectual y moral de Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Rafael Preciado Hernández, Manuel Herrera y Lazo, Miguel Estrada Iturbide, Luis Calderón Vega, y los ideólogos Efraín González Morfín y Adolfo Chrisleib Ibarrola. Todos ellos no le iban a la zaga, en cultura, al propio Paz, y lo superaban en un humanismo integral y trascendente.

*Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.