Opinión

Oceanografía: la caja de sorpresas

Nadie lo dice en voz alta, pero dentro de todas las paradojas y suspicacias que ha generado el caso de Oceanografía a lo largo de cinco meses, sobresale un intento hostil de compra por parte de un grupo inversionista mexiquense, que abre la pregunta si en el fondo de todo, aprovechando la situación irregular y pérdida de influencia de la empresa, está la idea de crear una nueva generación de empresarios petroleros ad-hoc a la reforma energética, ahora que todas las áreas de ese altamente rentable negocio, se abrirán al sector privado.

La compra buscó concretarse un día antes que la Secretaría de la Función Pública inhabilitara a Oceanografía por el incumplimiento de fianzas que no cubrían el porcentaje mínimo requerido de cada uno de los contratos con Pemex, que fue el inicio de una investigación que descubrió el quebranto de más de cinco mil millones de pesos a Banamex y produjo la captura del principal accionista de la empresa, Amado Yáñez Osuna, actualmente en libertad bajo fianza, que siempre ha dicho que la acción en contra de Oceanografía no tiene que ver con un tema de corrupción sino político.

Yáñez Osuna estaba dispuesto a vender un importante paquete de acciones de Oceanografía porque Pemex había reducido significativamente sus contratos, que durante los gobiernos panistas se convirtió en la principal beneficiaria de multimillonarios contratos. Oceanografía ha estado en manos de la familia Yáñez por cuatro décadas, y Amado, hijo del fundador, empezó a manejarla en los 90. El crecimiento comenzó en el gobierno de Vicente Fox, pero su despegue meteórico fue durante los años tres, cuatro y cinco del gobierno de Felipe Calderón.

Cuando Enrique Peña Nieto ganó la presidencia, designó meses antes de la toma de posesión a Emilio Lozoya como el futuro director de Pemex, quien durante meses revisó la información de la empresa. Lozoya debió haber encontrado suficientes irregularidades en los contratos de Oceanografía, porque el primer día como director de Pemex, despidió a Mario Ávila, subdirector de Operaciones de Pemex Exploración y Producción, quien revisaba y aprobaba los contratos para la empresa de Yáñez Osuna, y a todo su equipo de colaboradores. Ávila había llegado a ese puesto por recomendación de la familia Mouriño, que pidió su nombramiento al presidente Calderón tras la muerte de Juan Camilo Mouriño, amigo cercano de Yáñez Osuna, y álter ego del exmandatario.

Bajo la nueva dirección de Pemex, los contratos para Oceanografía se redujeron y Yáñez Osuna consideró escuchar propuestas de compra de acciones de su empresa, donde tenía como socios a Martín Díaz y Javier Rodríguez Borgio, que tenían 15 por ciento de las acciones, y a Oliver Fernández, con 5.0 por ciento. Díaz ha sido señalado por Yáñez Osuna ante la PGR como el arquitecto del quebranto a Banamex –por lo que existe una investigación federal–, y junto con Rodríguez Borgio enfrentan hace tiempo una acusación por lavado de dinero. Yáñez Osuna necesitaba liquidez para pagar sus créditos y mantener la fluidez de las operaciones de la empresa con Pemex, que lo llevó a escuchar desde 2013 ofertas por su empresa. Los más importantes inversionistas mexiquenses.

De acuerdo con personas que conocen de las negociaciones, abogados de Carlos Hank Rhon, dueño del Grupo Hermes –que incluye entre sus propiedades a Interacciones–, ofrecieron comprar 51 por ciento de Oceanografía, y Yáñez Osuna lo había estado considerando. El 10 de febrero pasado, en la víspera que la Función Pública inhabilitara a Oceanografía, en un hotel en Santa Fe, en el poniente de la ciudad de México, se dio otra reunión con los abogados de Hank Rhon que Yáñez Osuna pensaba que sería para concretar la oferta. Personas que conocen de esa plática, aseguran que le plantearon términos totalmente distintos a los platicados por semanas. “Ofrecieron comprar Oceanografía pero con amenazas”, afirman. “Si no firmas”, subrayan las palabras de los abogados, “atente a las consecuencias. Urge que firmes ya, que firmes hoy”.

El documento que le presentaron, aseguran cercanos a Yáñez Osuna, mantenía el mismo porcentaje pero con cambios sustanciales. En primer lugar, ya no aparecía el Grupo Hermes como comprador, sino un prestanombres cuya identidad no revelaron. En segundo, ya no había inyección de recursos. Según la descripción de esa reunión, fue la intimidación el tono que la caracterizó. Su entonces abogado Ulrich Richter, le recomendó no firmarlo, porque si perdía el control de la empresa tenía que informar a los acreedores previamente, porque de otra forma cometería un fraude. Las condiciones que le pusieron sobre la mesa el 10 de febrero, dicen sus cercanos, no lo protegían de nada.

Cuando se dio esa reunión, Pemex estaba auditando 34 contratos vigentes con Oceanografía. ¿Hubo conexión entre el intento de compra hostil y las auditorías? Los cercanos de Yáñez Osuna así lo creen, y que todo lo que se hizo fue para debilitarlo y obligarlo a vender. Para Lozoya, Oceanografía cometió un delito. Hasta ahora, la PGR ha encapsulado la investigación en un tema entre particulares, y no ha tocado las relaciones de Yáñez Osuna con funcionarios públicos. El intento de compra hostil no figura en la investigación de Oceanografía, pero es uno de los capítulos paralelos de una caja que está llena de sorpresas.