Opinión

Obsesiones y violencia en redes sociales

Decíamos la semana pasada que, entre los múltiples usos que se le dan a las redes sociales, está la que tiene como eje la presunción.

Respecto de ella, subrayé que las personas exhiben en las redes sociales lo que creen presumible, acción que se ejecuta en concordancia con los principios y valores de cada quien, de lo cual expuse algunos ejemplos.

Hoy quiero referirme a otra presunción, amarga y lamentable: la relacionada con el caso de la adolescente que fue víctima de bulliyng en Zacatecas. Aparentemente, la victimaria fue quien subió a la red el video en el que se muestra a sí misma humillando y golpeando a su compañera.

Difícil entender por qué alguien puede sentir satisfacción al exhibirse en un acto de cobardía y violencia.

El audio del video revela que quienes graban son adolescentes también, los que se manifiestan entusiasmados con lo que han planeado: quieren humillar a la víctima porque, presuntamente, ésta ha divulgado rumores sobre ellos.

Van, pues, cámara en mano, a buscar a su compañera, y le ceden el papel estelar a la que parece ser la líder del pequeño grupo y de la idea.

La victimaria no se esconde. Por el contario, saber que la están grabando aumenta su saña. Le exige a su compañera que se hinque y pida perdón. La víctima se declara inocente de la acusación y se resiste a obedecer. Entonces la líder le jala el cabello y la arroja al piso, la patea. Está en un momento cumbre.

Uno debe entender que así es, porque no sólo hace lo que hace, sino que va a la computadora y sube el video. Está, pues, satisfecha y orgullosa.

Cuando la víctima cede y pide perdón, la otra le exige tres veces que lo diga más fuerte. Está gozando el poder que otorga la violencia y la fuerza que le da el grupo.

La violencia ha cundido en el país. Ya no son sólo los malos los que la ejercen, aquellos que se reconocen como delincuentes y están dispuestos a la mayor crueldad.

Porque hemos tolerado la violencia, porque no hemos sabido proteger a la niñez y a la juventud de sus efectos psicológicos, porque se ha premiado con impunidad el delito, muchos son ya las niñas, niños y adolescentes que ven en el comportamiento violento una opción para alcanzar notoriedad.

Confundidos, aspiran a la admiración por insultar, agredir e incluso matar. Es la vía corta para tener la sensación de una importancia equivocada.

Puesto que ahora se puede gozar de un mendrugo de fama, así sea mediante actos vergonzosos, son muchos los niños y adolescentes que quieren ese trozo de atención, erróneo y trágico.

Hay que estar atentos. Poner un alto. Hablar claro: el delito es el delito y debe perseguirse y sancionarse. Hay que sembrar la convicción de que los actos crueles son motivo de vergüenza, no de orgullo, y que merecen castigo, no reconocimiento.

Hay que construir una cultura que baje de su pedestal a la fama como aspiración a cualquier costo y que eleve el ejercicio del bien por encima de la obsesión por la violencia.