Opinión

Obsesión electoral del PRI ¿hunde economía?

En una conferencia, el sexenio pasado, señalé que el PRI no ayudaría a realizar las reformas estructurales hasta que regresara al poder. Uno de los asistentes respondió que esa afirmación era aventurada, pues no creía que el PRI tomara una posición tan clara en perjuicio de la economía.

El PRI hasta que regresó al poder empezó a instrumentar las reformas estructurales y mal, como es el caso de la fiscal y la laboral. Los gobernadores priístas, que debido al dinero que subrepticiamente aportaron a la campaña fueron definitivos en el triunfo de su candidato en las elecciones presidenciales, le dijeron al Presidente Peña Nieto que si no hay más dinero en las arcas de sus estados en el 2015, no podrán garantizar la mayoría en el Congreso. Y si no tenemos mayoría –dicen los líderes priistas- habrá una parálisis legislativa para los proyectos del Presidente en sus últimos años de gobierno.

La opción más sensata era bajar gastos e instrumentar un presupuesto austero ante la caída del precio del petróleo, pero la obsesión por ganar el control del Congreso en 2015 fue el factor definitivo que llevó al gobierno priísta a aumentar impuestos, déficit y deuda pública para tener las arcas llenas en un año electoral, a costa de un menor crecimiento y una reducción de ingresos reales para la mayoría de los mexicanos.

En el libro Políticas Económicas, demuestro, apoyado en argumentos sólidos, datos y citas de tesis de Premios Nobel, que la política económica escogida por el actual gobierno, de gastar más sin tener ingresos sanos, es un obstáculo para lograr crecimientos duraderos que beneficien a la mayoría de los mexicanos. Pero no adoptaron esa política económica por ignorancia de quienes manejan las finanzas públicas en México, sino porque el partido en el poder, al que pertenece el Presidente, necesita más dinero para ganar las elecciones en 2015.

Después la excusa del mayor gasto público será preparar el terreno para triunfar en las próximas elecciones presidenciales. La obsesión por mantener el poder de los priístas es la guía de sus políticas económicas de constante aumento del gasto público, hasta que pierdan el control completo de la economía y lleguen al colapso, como pasó en los años 80.