Opinión

Obispones

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil evocó la eterna epopeya: Canta, oh musa, la cólera del pélida Chicharito. Los mirmidones, que no es lo mismo que los dormilones, no daban crédito y cobranza. Y sigue la epopeya: la tuvo, era suya, y la dejó ir. Homero lo habría puesto así: inche Chícharo, métela con un carambas. En fon. Si la lectora y el lector no saben de la épica, Gamés les dice: Javier Hernández, nuestro Chicharito, entró a jugar de titular con elReal Madrid contra el Ludogorest búlgaro en un partido de Champions. Hernández falló una clarísima ante el arco búlgaro, Ancelotti lo sustituyó por Benzema en el minuto 67. No somos nada

Matrimonios por conveniencia

Pero no nos desviemos. Gil quiere comentar en esta página del fondo las declaraciones del obispo de Aguascalientes, José María de la Torre, en contra de que el Congreso del estado apruebe una ley que permita bodas entre personas del mismo sexo. Gil lo leyó en su periódico Reforma.

En conferencia de prensa, el obispón afirmó: “el día de mañana, cualquier cosa va a ser familia de verdad. Y si por ahí vamos, mañana se podrá casar un señor con un perrito o una perrita y van a poder adoptar perritos, dar herencia a los perritos”.

En un gesto casi olvidado, Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: bien pensado, debería ser posible que cada quien se casara con quien le diera su regalada gana, persona, animal o cosa.

Fuimos a la boda de la tía Lupe con su gata Flora, un espectáculo conmovedor, hasta que Flora empezó a rasguñar a la tía Lupe y todo se volvió confuso, las gatas que acompañaban a Flora y actuaron su papel de damas, se pusieron muy nerviosas y rasguñaron a diestra y siniestra. El señor cura De la Torre no entiende que cada quien debería hacer lo que le dicte su alma siempre y cuando no moleste a terceras personas, nomás faltaba.

Herencia canina

Si el cura piensa que un señor puede formar una familia con un perro o una perrita y dar herencia a los perritos, también podría ocurrir que un día el obispón recibiera la noticia de que dispone de una cuantiosa herencia que le dejó una perra pariente y entonces ofrecer una dádiva a las parroquias de su estado, y todo gracias a una perra.

Gil concluye que si este magnífico cambio civilizatorio mediante el cual la lectora y el lector se pudieran casar con quien les reventara su gana tuviera éxito, se lo deberíamos a la ley que permite que se casen dos personas del mismo sexo y puedan adoptar y ser adoptados. Gamés es adoptable, ¿nadie?

La idea la puso a circular Silva Herzog Márquez en la fronda tuitera: mañana se podrá casar un señor con un perrito, y luego con una sandía, y al final con un ladrillo. Correcto, pero aceptemos que vendrán matrimonios por conveniencia a montones.

He tenido que recurrir a una terapia pues mi relación con la papaya va de mal en peor, me encuentro muy confundido y ella no da sus semillas a torcer. Mi refrigerador y yo hemos puesto los cimientos de una pareja duradera, pero ha tenido un lamentable evento que ni Gustavo Cerati: perdió todo el fluor del congelador en una sola tarde. Te invito a la boda de mi primo José con su celular iPhone 6 plus. Él está ilusionadísimo.

Minifaldas

Jacobino de fuste y fusta, Gamés no traga a los curas, y si los traga, los vomita. Este odio proviene de la lectura de miles de páginas de libros de historia de las ideas políticas, mju. Después del esfuerzo intelectual, Gilga ha logrado argumentos refinados y comprensibles: los curas son unos parásitos, mentirosos, intrigantes y no pocos de ellos se dedican a la pederastia. Oh, sí.

Para botón, una muestra, o como se diga. Jesús Carlos Cabrero, arzobispo de la arquidiócesis de San Luis Potosí, dijo que quienes asisten a la iglesia católica en minifalda le faltan el respeto a la eucaristía y a la palabra de Dios, sobre todo, añade Gamés, si son hombres quienes se meten en una minifalda. Cabrero pidió madurez cristiana a los feligreses cuando visiten la casa del señor.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los meseros acercan las charolas que sostienen los vasos oldfashion con Glenfiddich 18 (evolución, y así) y dos rocas, Gil pondrá a circular la máxima de Chesterton sobre el mantel tan blanco: “donde acaba la biología empieza la religión”.

Gil s’en va