Opinión

Obama: su estilo personal de gobernar


 
Llegado a los Estados Unidos en los ochenta procedente de Hawai, hecho senador sin pasar por las redes de poder, y ajeno a las instituciones políticas que dominan y definen las estructuras de gobierno, el presidente Barack Obama ha definido una revolución neopopulista en el corazón del capitalismo.
 
 
Ahí se localiza el centro de todos los conflictos de gobernabilidad que ha enfrentado Obama y que afectan a los EU. Y como para consolidar la idea de que Obama no es un político tradicional, la dirigente demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, declaró hace días que Obama es apolítico y apartidista, pero en un sistema político determinado por la cultura del poder.
 
 
Su política de salud, su iniciativa de control de armas, su negativa a reorganizar el gasto, su repliegue militar, sus partidas presupuestales a favor de los marginados y su decisión de ampliar a más de 50 por ciento la población que dependería de programas sociales públicos responde a una preocupación social de Obama pero es ajena a la dinámica productiva del capitalismo estadunidense.
 
 
En este sentido, Obama ha llevado a los EU a una mayor polarización social; de hecho, las dos elecciones de Obama fueron resueltas por sus promesas y compromisos con los pobres y marginados, no con ofertas de salida productivas de la crisis. El Obamacare fue una de ellas: aumento en la cobertura gratuita de servicios de salud a personas de edad pero financiadas con gasto público, en un sistema económico donde las aseguradoras médicas son uno de los poderes fácticos.
 
 
Si bien la intención de Obama se entiende en países donde mal que bien existen Estados de bienestar, en los EU la exigencia de bienestar de los sacrificados con la larga crisis iniciada en 2008 y de estabilidad macroeconómica por el aumento del gasto, la deuda y el déficit han atrapado a Obama en una pinza social y política sin solución.
 
 
Con poca sensibilidad política y apoyado por el sistema autoritario de poder de la Casa Blanca, Obama se ha negado a ceder razones para encontrar un punto medio. Obama no quiere renegociar su programa de salud ni su presupuesto de gasto y todo lo quiere resolver con deuda pública, la cual ha triplicado para colocarla en 16 trillones de dólares, más del 100 por ciento del PNB.
 
 
El debate sobre la política económica de Obama es otro. Ahora mismo se discute en los EU la queja de los empresarios que pagan impuestos para financiar el funcionamiento del gobierno y sus programas sociales, pero reciben nada a cambio, en tanto que los sectores sociales menores aportan menos al fisco y reciben programas benéficos. El debate tiene que ver con la viabilidad del capitalismo en situaciones de crisis. En varios países del mundo desarrollado se ha detectado una fuga de ricos hacia otros países para no pagar impuestos.
 
 
Más que ideológico, el debate se da alrededor de la idea de que los EU ya no son capitalistas sino neopopulistas. Los EU hicieron un imperio económico en función de tres variables: codicia, competencia e individualismo. Los problemas estallaron cuando el sistema capitalista en los últimos quince años comenzó a producir un excedente de marginados y los políticos encontraron ahí un nicho de votos. En la actualidad, alrededor del 45 por ciento de los estadunidenses depende del gasto asistencialista del gobierno.
 
 
La crisis sobre el costo insostenible del Obamacare y el que viene en horas sobre el techo de deuda, aunado a la falta de resultados del gasto en la recuperación que se niega a llegar, está siendo llevado por Obama al tema ideológico que al final se le revertirá. En el fondo, lo que está en crisis es el sistema capitalista, no Obama ni los republicanos.
 
 
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