Opinión

La resolución 2334

02 enero 2017 5:0
 
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Obama

La guerra de los Seis Días que en junio de 1967 enfrentó a Israel con una coalición árabe formada por Egipto, Jordania, Irak y Siria, ensanchó las fronteras del primero quien al final del conflicto bélico había conquistado la Península del Sinaí, la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este (incluyendo la Ciudad Vieja) con 5655 km2 de superficie terrestre y 220 km2 del Mar Muerto y los Altos del Golán.

En 1977 Israel y Egipto firmaron un Acuerdo de Paz que fue la base para la retirada de las fuerzas militares y de los asentamientos civiles de Israel en 1979 de la Península del Sinaí, con una extensión de 60 mil km2. Asimismo, en el 2005 en una decisión unilateral, el Ejército de Israel se retiró de la Franja de Gaza con una superficie de 360 km2 en donde en el presente viven 1.8 millones de palestinos; no obstante, siguió manteniendo el control sobre sus fronteras. En las elecciones parlamentarias palestinas del 2006 Hamas, una organización terrorista, ganó las elecciones en la Franja de Gaza y asumió el poder de esta.

En el año 2000 el presidente de la Autoridad Palestina, Yaser Arafat, no aceptó la oferta de Israel de hacer concesiones territoriales que hubieran sido la base para el establecimiento de un Estado palestino, por el contrario promovió una revuelta (Intifada) sangrienta que con diferente intensidad ha continuado en el tiempo y, en el presente, se manifiesta a través de la denominada guerra de los cuchillos en la que decenas de civiles y soldados israelíes han sido muertos por jóvenes palestinos, hombres y mujeres.

En el contexto de la acción unilateral de los palestinos en la ONU y en otros organismos internacionales, el Consejo de la ONU aprobó la Resolución 2334 el pasado 23 de diciembre que consigna que cualquier área que no formara parte de Israel antes de junio de 1967, “ahora se considera ilegal su ocupación”; el establecimiento de asentamientos judíos (en Cisjordania, Jerusalén Oriental y en las Alturas del Golán) no tienen validez jurídica y contribuyen a una violación flagrante en virtud del derecho internacional.

Asimismo, en la Resolución 2334 se señala “que no se reconocerá ningún cambio en las líneas del 4 de junio de 1967, incluso en lo que respecta a Jerusalén, salvo a los acordados por las partes”. Se demanda “el cese inmediato de la construcción de asentamientos judíos ilegales y la eliminación de los existentes”, cerca de 200 en los que viven casi 500 mil colonos entre una población árabe de 2.7 millones de personas. Igualmente, considera ilegal la barrera de seguridad que ha construido Israel, que representa un control para la infiltración de terroristas de Cisjordania a Israel.

La Resolución 2334 contradice a la Resolución 242 de noviembre de 1967, 5 meses después de la guerra de los Seis Días, que en su texto menciona que “Israel tiene derecho a vivir en paz en el interior de las fronteras reconocidas y seguras”, aunque en ella se insta a la retirada israelí del “territorio capturado”, no se especifica que todo. La realidad demográfica de Israel y Cisjordania cambió desde 1967 y a la luz de ello, para Israel solo se justifica un intercambio parcial de territorios para su seguridad; bajo esta óptica los territorios de Judea y Samaria donde se asientan el grueso de los colonos, quedarían en manos de Israel y los palestinos recibirían territorios de “Israel soberano”, de modo que tengan continuidad territorial con el futuro Estado palestino. La Resolución se aprobó con el apoyo de China, Rusia, Francia, Reino Unido, España, Angola, Ucrania, Uruguay, Japón, Nueva Zelanda, Senegal, Malasia, Venezuela y Egipto y la abstención de EUA. Egipto se retiró de la Resolución antes de la votación después de que su presidente Abdel Fattah el Sissi recibiera mensajes del equipo de transición de Donald Trump instándolo a no hacerlo. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu (BN) pidió ayuda a Donald Trump para que el gobierno de Obama vetara la Resolución y con ello no se hubiera aprobado.

Posteriormente a la aprobación de la Resolución, Israel congeló las relaciones con Nueva Zelanda y Senegal por haber promovido la votación y retiró el financiamiento a 5 organismos “hostiles de la ONU”; el Ministerio de Exteriores israelí convocó a los embajadores que respaldaron la Resolución; excepto los de Malasia y Venezuela, que no mantienen relaciones diplomáticas con Israel; igualmente, BN ordenó a sus ministros a no reunirse en las próximas 4 semanas con los representantes de sus respectivos gobiernos. Por su parte, el Ministro de Defensa, Avigdor Lieber Mann, ordenó la suspensión de los contactos políticos de las Fuerzas Armadas de Israel con la Autoridad Palestina; esta medida no afecta a la cooperación bilateral en materia de seguridad, tiene escasos efectos prácticos, ya que el Ejército no mantiene lazos políticos con los gobernantes palestinos y se limita a gestionar, desde 1967, a través de su Oficina de Asuntos Civiles, los trámites que afectan a la población en el “territorio ocupado” de Cisjordania.

BN afirmó que el Presidente Obama inició y ayudó a redactar la Resolución “a espaldas de Israel” y calificó a la misma como sesgada, vergonzosa y ridícula, entre otras cosas, por definir a la Ciudad Vieja de Jerusalén, incluyendo el Monte del Templo y el Muro Occidental, como “territorios palestinos ocupados”. Para BN la administración de Obama maquinó con los palestinos una resolución extremista antiisraelí que dará pauta para el terror y los boicots. La inclusión de Jerusalén Oriental en la Resolución es una señal de la posibilidad del reconocimiento del Estado palestino con Jerusalén Oriental como su capital, lo que enfrenta a Israel y a una opinión abrumadora en el mundo de que Jerusalén, es la capital eterna e indivisible del Estado de Israel.

La decisión de Obama de no ejercer el derecho de veto de EUA en la Resolución 2334 no refleja la voluntad del Congreso de EUA; el Senado, la Cámara de Representantes y un importante número de funcionarios de su administración se opusieron a la abstención de Obama; incluso Donald Trump instó públicamente a el gobierno de este último a vetar la resolución, misma que calificó de “extremadamente injusta para los israelíes”.

Obama en su despedida como presidente de EUA no tenía nada que perder con el veto a la Resolución, su decisión aparentemente respondió a un sentimiento antiisrael que veladamente mostró durante toda su gestión, también fue un ajuste de cuentas con BN por el discurso que este último dio en el Congreso de EUA a principios del 2015, sin el conocimiento de la Casa Blanca, en el que criticó a Obama por el acuerdo de EUA y otras 5 potencias con Irán que aparentemente limita su programa nuclear con fines militares.

Con el veto de Obama a la Resolución 2334 se consolida su reputación como uno de los “peores presidentes de política exterior de la historia moderna”; Obama tiene una gran responsabilidad del Genocidio de Siria, de el empoderamiento de Rusia e Irán, y en general, del debilitamiento del liderazgo de EUA en el mundo, hecho que Donald Trump repetidamente pronunció en su campaña presidencial y, que prometió superar para que EUA vuelva a ser fuerte.

Resulta paradójico que Europa que vive asediada por el terrorismo haya votado por la Resolución 2334, que indirectamente empoderará al Estado Islámico (EI). Israel es la primera barrera del mundo Occidental contra el EI y otras organizaciones terroristas. Europa no debería debilitar a su aliado Israel como lo hizo Obama. Con la Resolución 2334 no solo se fortalece a los enemigos de Israel, también a los enemigos de la Cristianidad y de Europa, la visión musulmana de la historia se está imponiendo en la ONU.

En este marco BN teme que en la Conferencia de Ministros de Exteriores convocada en París para el 15 de enero próximo en el ámbito de la llamada iniciativa de paz francesa en la que 70 naciones participarán para adoptar acuerdos sobre el proceso de Paz en el Oriente Medio, se tomen decisiones sobre las fronteras del Estado palestino, la situación de millones de refugiados palestinos, las garantías de seguridad o el estatuto final de Jerusalén y que puedan perjudicar a Israel a través de sanciones por la expansión de las colonias, así como contra los productos y servicios israelíes procedentes de los “territorios ocupados”. Por otra parte, la Resolución de la ONU sobre los asentamientos podría ser invocada ante la Corte Penal Internacional argumentando crímenes de guerra causados por el desplazamiento forzoso de la población. En este sentido, BN ha advertido de que la respuesta de Israel “será sabia, agresiva y responsable; somos un país con orgullo nacional y no pondremos la otra mejilla”.

Paralelamente, el embajador israelí en EUA, Ron Dermer anunció que aportará al nuevo presidente republicano “pruebas irrefutables” sobre la presunta conspiración del mandatario saliente contra Israel; los palestinos libran una batalla diplomática contra Israel y no quieren negociar la paz; la Resolución les ha proporcionado munición para la guerra.

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