Opinión

Oaxaca, tierra sin ley

10 febrero 2014 4:29 Última actualización 09 octubre 2013 5:2

 
Carlos Javier González
En Oaxaca, gobernado por Gabino Cué, queda claro que la ley es únicamente un decálogo de buenas intenciones que el gobierno estatal ha decidido aplicar a contentillo y según lo que menos escozor le cause a Gabino. Sobran las pruebas sobre la manera que a este débil gobernador lo doblegan sus miedos, su incompetencia y sus intereses políticos de grupo. A su gobierno le tiene sin cuidado que los niños oaxaqueños no tengan clases porque los docentes de la CNTE están en protesta en la ciudad de México.
 
Lo único que le preocupa es que “no hagan olas”, que lo dejen tranquilo mientras dicho estado tan importante en la historia de México, se va quedando en el atraso y el rezago que los condena al subdesarrollo y a la pobreza. Parece ser que ha concluido el paro de labores de los docentes de dicho estado –que van a dejar un grupo en el D.F. para seguir afectando a la capital–  y que desde ahora se anticipa, volverán a doblegar a Gabino.
 
No habrá un solo despido cómo la ley establece, simple y sencillamente, volverán a sus aulas abandonadas como si nada hubiera pasado, y sin importar el tiempo que perdieron los niños como cada año sucede por las grillas en que se meten sus profesores sin siquiera cuestionarse el impacto que sus protestas tienen en el futuro de sus educandos y de su estado. Lo más grave es que esta constante violación impune a las leyes es cosa corriente en Oaxaca y desde hace mucho tiempo. Hay que reconocer que no comenzó esta situación con el gobierno de Gabino Cué, pero también es cierto que no hay esfuerzos por cambiarlo.
 
Otro ejemplo de la constante inobservancia de la ley, es el caso de la indígena mazateca que dio a luz a su tercer hijo en el jardín del centro de salud por razones que aún no quedan del todo claras, pero lo que sí es claro, es que existió una deficiente atención de parte del personal de dicho centro. Lo que no ha parecen haber comprendido en el gobierno de Gabino Cué, es que no es optativa la atención médica a las mujeres indígenas por reconocer su estado de franca desventaja al coincidir en ella los tres principales motivos de discriminación es un México profundamente racista: es mujer, es indígena y es pobre.
 
La obligatoriedad de parte de autoridades de prestar servicios médicos es un imperativo constitucional que se incluye en el artículo segundo inciso B fracción V que establece la obligación de las autoridades federales, estatales y municipales de apoyar a las mujeres indígenas y “Propiciar la incorporación de las mujeres indígenas al desarrollo, mediante el apoyo a los proyectos productivos, la protección de su salud, el otorgamiento de estímulos para favorecer su educación y su participación en la toma de decisiones relacionadas con la vida comunitaria”(sic). Como es fácil observar, la obligación constitucional de protección a la salud de esta mujer indígena fue violada y alguien debe responder por ello.
 
Si bien es cierto el artículo segundo constitucional establece el reconocimiento de la composición pluricultural y pluriétnica de la nación mexicana y el respeto a sus usos y costumbres, esto no es pretexto para que –argumentando el respeto a sus usos y constumbres– los gobiernos no cumplan con sus responsabilidades constitucionales de apoyo a la salud de las mujeres indígenas.
 
Sin embargo, en el caso que se comenta lo más probable es que no exista sanción para nadie –al igual que en el caso de los maestros– en un caso por incompetencia y valemadrismo y en el otro por la tradicional abyección de los gobiernos de dicha entidad ante la fuerza de la CNTE. Sin embargo, el precedente que siguen dejando los gobiernos en Oaxaca sin importar su origen partidista, es nefasto.
 
Convierten a la tierra de Juárez –un gran defensor de la legalidad- en una cloaca en que la ley se aplica selectivamente para no afectar políticamente a nadie. ¿Algún día cambiarán las cosas? Con toda franqueza, lo dudo mucho.