Opinión

Nuño y el gobierno
disfuncional

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Aurelio Nuño Mayer, jefe de la Oficina de presidencia

Hoy sabemos que a Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia, le tomó varios meses diseñar la flecha que ha pegado en el talón de Aquiles de la Sección 22 de la CNTE.

Diversos recuentos sobre cómo se fraguó la estrategia para quitar a la Coordinadora oaxaqueña su principal fuente de ingresos son muy reveladores sobre cómo no funciona este gobierno.

Porque en la historia sobre cómo se urdió esta trama hay un personaje ausente: el secretario de Educación. Aunque no sorprenda, ese dato es revelador de los límites de esta administración.

Convencionalmente, una organización medianamente funcional es descentralizada. En un esquema así, un secretario de Estado debería no sólo ser parte esencial en la elaboración de un plan como el anunciado el martes, sino que incluso se esperaría que de esa persona surja, por iniciativa propia o porque recibió el encargo, lo esencial de la estrategia. De lo contrario, lo funcional sería tener meros gerentes operativos.

Dicho de otra manera, y sin exagerar mucho, si fuéramos Grecia nuestro ministro de Finanzas no habría renunciado luego del referéndum, pues en el caso mexicano ese funcionario sabría que él lo único que hace en las negociaciones con la troika es llevar y traer mensajes que le elaboran otros, sin aportar gran cosa a la búsqueda de una solución.

En estos días, por diversas partes hemos leído o escuchado que la operación oaxaqueña es una muestra de lo que la actual administración puede lograr cuando se lo propone. Que todo es cuestión de decisión. Algo así como “anímese presidente, ponga a Aurelio a chambear”.

En efecto, el operativo contra la 22 es una muestra de lo que la actual administración puede, pero sobre todo de lo que no puede. Veamos otro ejemplo.

El boletín de la Secretaría de Desarrollo Social dado a conocer ayer para “fijar postura” sobre los resultados en el combate a la pobreza es un portento de óptica minimalista. El comunicado se aferra a los datos del Coneval, por minúsculos que sean, que hablan de algún tipo de mejora en las condiciones de los que padecen pobreza y pobreza extrema.

Que el Coneval habla de que entre 2012 y 2014 la población en pobreza pasó de 45.5 a 46.2 por ciento (es decir, dos millones de personas cayeron a esa precaria condición). Sí, pero de eso no le pregunten a Rosario Robles, que nada al respecto puso en su comunicado. La encuesta en la que el Coneval basa su reporte además reveló que en ese mismo periodo los ingresos en general de la población cayeron 3.5 por ciento, y que la clase media fue la que más sufrió con ese descalabro. De eso tampoco habla la secretaria en el boletín.

La pregunta es que mientras Rosario Robles defenderá a capa y espada que el ingreso del decil más pobre del país subió 2.1 por ciento, quién del gobierno saldrá a hablar por una clase media a la que se la está llevando el río.

Tendremos que llamar a Aurelio Nuño, a quien por cierto se ha atribuido la autoría del libro México, la gran esperanza, presentado por Peña Nieto en 2011. En ese texto se lee que nuestro país “requiere de una clase media fortalecida y en expansión para acelerar su desarrollo. Por ello, se necesita de una estrategia que reduzca los riesgos que enfrentan los hogares de clase media de caer en la pobreza”.

Apenas medio pase lo de Oaxaca, ahí te encargamos Aurelio una estrategia para proteger a las clases medias. ¿Que qué hace el gabinete? Seguro planea la próxima gira internacional.

Twitter: @salcamarena

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