Opinión

¿Nuevos impuestos?

 
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dinero peso billetes (Cuartoscuro/Archivo)

Empieza a subir el tono de la preocupación por el futuro desempeño de la economía, ahora que el precio del petróleo no representa una gran ayuda para las finanzas públicas, las tasas de interés aumentarán y la economía no tiene para cuando aumentar su tasa de crecimiento. Poco se ha dicho, si no es que nada, por parte de la autoridad competente, acerca de una nueva estrategia fiscal que promueva la eficiencia en la recaudación, sin que haya necesidad de imponer nuevos gravámenes, o elevar la tasa de los actuales.

El sistema centralizado mexicano ha sido cuestionado en varias ocasiones en el pasado, debido a que promueve una elevada ineficiencia y resulta muy costoso, ya que la autoridad tiene que multiplicarse para cobrar, lo que implica mayor burocracia, con todos sus gastos relacionados, que suman una buena cantidad de recursos. Por su parte, los gobiernos estatales y municipales no hacen más que pensar en que van a gastar, sin ocuparse de la tarea de cobrar, incluso el famoso impuesto predial, que es de su total responsabilidad.

Una idea que deberíamos considerar es descentralizar el cobro de los impuestos, e incluso dejar que sean los propios estados y municipios quienes establezcan la tasa aplicable a los existentes, dentro de ciertos rangos, claro, para que no caigamos en extremos indeseables. Con este solo cambio las autoridades estatales y municipales estarían más atentas a la calidad y cantidad de servicios prestados a la población, quienes de no obtener lo que ellos consideren como adecuado, se encargarían de protestar y en determinado caso, tendrían la opción de cambiarse de lugar de residencia en caso de una total incompatibilidad entre lo que se cobra y lo que se recibe a cambio.

Es verdad que esta estrategia conlleva riesgos, siendo el primero de ellos que la recaudación disminuya debido a una total ineptitud por parte de los funcionarios locales, o debido a una total irresponsabilidad que los llevase a reducir tasas para ganar la simpatía de ciertos grupos. El otro riesgo es que, como normalmente sucede en otras áreas, que replican la organización de gobierno federal, la burocracia aumente en forma desmedida, lo que necesariamente implicaría un mayor costo por recaudar.

Dos ejemplos relativamente recientes deberían ser evaluados y tomados en cuenta antes de decidirse a adoptar una estrategia como la planteada. En primer término se encuentra el caso del impuesto a la nómina, que lo único que ha logrado es reducir las remuneraciones de la mano de obra y se utiliza para todo, menos para mejorar los servicios a la población. El otro ejemplo es el de la libertad de que gozaron los gobiernos estatales y municipales para endeudarse, hasta que alguien puso el grito en el cielo y ahora el congreso federal les ha impuesto un límite.

Son muchos los aspectos que pueden mejorarse para elevar la eficiencia en la recaudación, sin necesidad de nuevos impuestos y sin tasas más elevadas; el problema es que cada vez más las autoridades eluden el estudio de la problemática, aduciendo falta de recursos, sin darse cuenta que este tipo de estudios bien puede encargarse a los centros de investigación y universidades en el país, lo cual promovería la eficiencia y ayudaría a que, tanto instituciones educativas, como gobierno, salieran del letargo en el que se han sumido.

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