Opinión

Nuevos conflictos

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Braskem Idesa

Como le he comentado en estos días, la política en el mundo está cambiando, porque nuestra forma de vida es ahora muy diferente de lo que conocimos en el siglo XX. La industria es cada vez menos importante en el número de empleos que genera y su aportación al PIB, y la economía industrial, la que se construyó a su alrededor, va desapareciendo.

Con ella, desaparecen los empleos estables con prestaciones, y con ellos, los sindicatos. Y junto con estas organizaciones, la izquierda. Y sin contrincante, la derecha se desdibuja, y aparecen organizaciones políticas que ofrecen soluciones mágicas. El lunes le comentaba que hoy los problemas políticos tienen que ver con el financiamiento del Estado, la dificultad de incorporación a la producción, y el manejo del tiempo libre.

Gracias a que la tecnología permite ahora producir con menos intervención humana, ya no se requieren trabajos de ocho horas diarias. Pero en muchas partes la ley obliga a que así sean, y entonces las empresas prefieren no contratar. Resultado: desempleo, especialmente de jóvenes. Y esto porque los jóvenes tienen menos habilidades desarrolladas que los mayores, de forma que las empresas prefieren a estos últimos. Porque ése es el segundo problema, la dificultad de incorporarse a la producción. Ciertamente se requiere menos intervención humana en tiempo, pero cumpliendo ciertas tareas que exigen habilidades que las escuelas no están produciendo, porque se hicieron para los tiempos de la economía industrial. Al final, lo que tenemos es un creciente desempleo, producto de restricciones legales, de procedimientos y educativas.

Pero el estado de bienestar no puede permitir esto, de forma que subsidia de diversas formas a quienes no están en el mercado laboral. Como son cada vez más, se requiere más dinero. Y como la educación, la salud y la seguridad tienen costos que crecen desproporcionadamente, y son actividades que tiene que cumplir el Estado, pues lo hemos puesto en camino de la quiebra.

Entonces aparecen organizaciones políticas que ofrecen elevar el financiamiento del Estado, acabando con la austeridad, que dicen que es mala. U ofrecen reducir los costos expulsando a ciertos grupos del estado de bienestar (por ejemplo, inmigrantes). O bien afirman que los problemas descritos provienen de un complot de los ricos, los financieros y la vieja clase política, de forma que con sustituirlos todo mejorará. Pero no es así. No va a mejorar.

Lo que tenemos que hacer es quitar trabas al mercado laboral, para que jornadas de 20 horas semanales sean factibles, tanto para las empresas como para los trabajadores, que tendrán que cubrir por su cuenta las prestaciones: salud, educación, seguridad social, vacaciones. Esto implica instituciones nuevas del Estado para apoyar este proceso: no más salud o seguridad social asociada al empleo, sino universal, como ya empezamos a hacer en México. Un Estado que limite claramente sus obligaciones en actividades que sufren la enfermedad de los costos, para que pueda financiarse con impuestos razonables. Y un sistema educativo que construya en los jóvenes las habilidades necesarias para esa economía, y no para otra que ya no existe.

Pero estos cambios ni siquiera los están considerando los políticos, que quieren convencer a sus votantes, que a su vez quieren mantener sus prestaciones y hacer lo que siempre han hecho. Hasta que la realidad les obligue a cambiar, a la mala.

Twitter: @macariomx

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