Opinión

Nuevo paradigma educativo: generar emprendedores, no empleados


Si usted cuenta con más de 50 años, seguro que cuando niño o niña escuchó en casa la sentencia de que su responsabilidad única era estudiar hasta tener un título, una hoja de pergamino que pudiera enmarcarse para luego ser colgada en la pared de la sala del hogar.
 
Luego de conseguir ese título teníamos licencia para hacer de nuestras vidas un 'desgarriate', pero antes no.
 
En aquel entonces el paradigma señalaba que los estudiantes obtenían una carrera para ser asalariados ejemplares, ingresar a una gran empresa y vivir en ella experiencias inolvidables que le permitieran a esa gran firma el reconocerlos en algún momento como 'el trabajador del año'. Luego vendría el retiro y a disfrutar de los últimos años de existencia con una pensión razonable.
 
Los paradigmas de aquella época no son más validos ahora.
 
Ahora los estudiantes tienen una serie importante de estímulos a su alrededor para ser empresarios, conformar una o más empresas y dedicarse a conquistar el mundo desde la posición empresarial.
 
De las instituciones más claras de este nuevo paradigma de vida está el Tecnológico de Monterrey, que, dicen, tiene en su ADN la misión de impulsar el espíritu emprendedor de sus estudiantes.
 
Fue la primera institución educativa en el país en incluir como matrícula una materia que muestra la metodología más adecuada para crear una empresa. Eso fue por 1985. La materia se llamó desarrollo de emprendedores.
 
Luego fue la primera carrera en emprendedurismo: Creación y Desarrollo de empresas en 2005 dentro del campus Monterrey, y en 2006 en el campus Santa Fe. Luego vino la segunda carrera: Licenciatura en Emprendimiento Cultural y Social en 2010.
 
Para no seguir haciendo referencias históricas, voy al grano: el pasado viernes concluyó la Primera Semana del Emprendimiento Social (Social Entrepreneurship Week), organizada por el Tec de Monterrey plantel Santa Fe.
 
Del 2 al 5 de abril se llevó a cabo un intensivo programa de entrenamiento en emprendimiento social. Asistieron más de 1,000 estudiantes o visitantes a lo largo de los 3 días. Participaron activamente en el concurso 110 jóvenes en 26 equipos.
 
Estudiantes y sus tutores plantearon soluciones innovadoras y sustentables para combatir los programas sociales y ambientales más urgentes de una comunidad en especial: Tequio, una localidad de alta marginación que se encuentra a tan sólo dos kilómetros del campus Santa Fe y en uno de los 3 estados con mayor empuje industrial de México.
 
Los muchachos fueron a una visita de 3 horas a Tequio, donde escucharon a los habitantes de sus carencias más inmediatas. Escucharon a padres y madres de familia, a autoridades de la comunidad.
 
Tuvieron oportunidad de preguntar lo que quisieron a los líderes de Tequio. Fueron encaminados por una mentora o mastermind, que en el caso fue Ana Isabel López, una joven muy inteligente que desencadenó entre los concursantes una serie de ideas que dieron origen a planteamientos de modelos de negocio interesantes a aplicar para beneficio de la comunidad.
 
Todas las ideas tenían como misión crear empresas cuyo funcionamiento respondiera a una necesidad social de los habitantes de Tequio y por supuesto a otras necesidades iguales o similares en otras partes del país.
 
El eje de estas empresas no es hacer dinero, sino primero satisfacer una demanda social. La empresa tiene que ser sostenible y, por supuesto, sustentable.
 
Regresando a su campus, los estudiantes, al lado de sus mentores, plantearon modelos de negocios para atender esas necesidades apreciadas durante la visita.
 
Llegado el momento, las respuestas de los estudiantes fueron analizadas por 15 jueces, quienes primero escogieron a 6 finalistas y luego a 3 primeros lugares.
 
El proyecto ganador lleva por nombre tentativo Actra. Los cofundadores de este proyecto son José Gabriel Mijares, Ana Sofía Flores, Reynando Yruegas, Arturo Madero, Andrés Monroy y Andrés Fernández.
 
La razón de existencia de este modelo de negocio socialmente responsable está en habilitar a personas o jóvenes con autismo en la vida productiva. Insertarlos como productivos en el aparato de generar riqueza: la economía formal.
 
Como empresa se enfocan en hacer outsourcing con sus reclutas y conseguirles trabajo específicamente ajustado a sus intereses y habilidades.
 
Asimismo se encargan de capacitarlos para los trabajos, y con ello rompen con el estereotipo que se ha generado en torno a ellos al ayudarlos a que se hagan valer por sí mismos y que puedan así tener un aporte económico al ingreso de su hogar y no tener que depender al 100% de alguien más.
 
Ahora, como ganadores, estos muchachos disponen de todo el apoyo institucional para generar formalmente esta empresa y hacerla funcionar. Para los segundos y terceros sitios también hay estímulos y apoyos para avanzar en la cristalización del planteamiento. Incluso para empresas que no quedaron entre las seis primeras existe la opción de que algún mentor les favorezca con su conocimiento y los acerque a que ese modelo de negocio se concrete en la realidad.
 
Lo interesante del caso es que esta experiencia no estuvo cerrada a los alumnos o egresados del Tec. Se hace invitación abierta para que otros estudiantes de otras instituciones públicas o privadas puedan sumarse a esta dinámica.
 
Fue la primera semana de Emprendimiento Social, y no será la última. Universo Pyme tuvo el honor de ser invitado para la siguiente experiencia como testigo y juez, a lo que por supuesto accedimos con gusto, si es que para entonces estamos con vida como proyecto y como personas.
 
Muchas dinámicas similares deben ser impulsadas en México para destapar ese potencial que algunas mentes obtusas megalomaniacas insisten en negar al pueblo mexicano. Porque México tiene un pueblo con enorme potencial creativo. El talento es, sin duda, uno de los grandes activos de esta nación.
 
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