Opinión

¿“Nuevo” Modelo Educativo?

 
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Escuela. (Cuartoscuro)

Por Juan Alfonso Mejía López.

Los críticos al Modelo Educativo dado a conocer en semanas recientes por la Secretaría de Educación Pública (SEP) se ensañan en decir que de “nuevo” nada tiene; además, aseguran, se trata de una propuesta que no transformará la realidad del salón de clases. Aunque la primera afirmación me parece correcta, es bastante ociosa: ¿importa si es nueva o no? Dudo mucho que el debate se trate de reconocer si la SEP inventó o no una nueva pedagogía. Por otro lado, la acusación peca del mismo mal que señala; su escepticismo nos debería de conducir a la interrogante: ¿qué vamos a hacer para que esta iniciativa no desfallezca como tantas otras lo han hecho en el pasado reciente en México?

Negarse a caer en los supuestos anteriores tampoco conlleva a asumir un optimismo desmedido, calificado de ingenuidad. Más bien, en términos concretos, el Nuevo Modelo Educativo es un proyecto con elementos esperanzadores enfrentado a serios desafíos. Pasar del “QUÉ” a los “CÓMO’S” nunca ha sido una tarea sencilla. Basta con pensar en la puesta en marcha de la modificación del Artículo Tercero Constitucional en las distintas entidades de la República.

Definitivamente, es más fácil cambiar un texto que transformar prácticas.

El Modelo Educativo es un esfuerzo positivo tan sólo porque estamos hablando de él, pero está planteado como lo que es, un modelo. Sus alcances están pensados como una aspiración: la o el mexicano que queremos ser para el siglo XXI, imaginable desde la realidad escolar.

¿Es erróneo imaginarlo de esta forma? Lo dudo. Lo francamente inaudito sería resguardar la idea y no definir los pasos para hacerla realidad.

El Modelo Educativo, nuevo o no, con pedagogías expuestas desde el informe Delors presentado por la UNESCO en 1994 o, incluso desde antes con las teorías sobre el aprendizaje y el desarrollo de Vygotsky, enfrenta el reto de la implementación. Implementar el modelo exige tiempos, articulación y simultaneidad ordenada entre las partes. Por si fuera poco, el proceso será costoso, no sólo en el ánimo de los actores, sino para las arcas del Estado.

A continuación puntualizo algunos botones de muestra para ahondar en el señalamiento:

Primero, gobernar es argumentar. Está claro que la implementación del modelo educativo no terminará con la presente administración. No lo hará porque éste es sólo un paso de una transformación educativa mucho más profunda que no empezó con la presidencia de Enrique Peña Nieto. Sin embargo, para que este esfuerzo cristalice, es importante establecer con la mayor claridad posible hacia dónde nos dirigimos, con qué acciones y en cuánto tiempo. En la Ruta para la Implementación presentada con el Modelo Educativo, la planeación parece contar con mayor claridad hacia diciembre del 2018, pero nada más. Deja muchos aspectos de la implementación en la mitad del proceso. Esta falta de visión impide generar coherencia entre las distintas acciones a desarrollar por los diferentes actores del sistema.

Segundo, la articulación de los distintos niveles es un desafío de proporciones monumentales. A la Reforma Integral de Educación Básica (RIEB) de 2011, le tomó tres años dotar de cierta coherencia las modificaciones curriculares en preescolar, primaria y secundaria. En esta ocasión, el planteamiento del modelo involucra también la Educación Media Superior, sin dejar de destacar que se plantea además del curricular un cambio en la organización escolar, la formación y desarrollo profesional docente y el modelo de gobernanza en el sistema educativo nacional, por citar sólo unos casos.

Tercero, el ejercicio debe de hacerse simultáneamente para que dé resultados, pero de manera ordenada. Por ejemplo, si no se forma a los maestros, jamás veremos cambios dramáticos en su práctica pedagógica en el aula. Si no construimos las capacidades de las familias para participar y de los líderes escolares para abrir espacios para su participación, la autonomía curricular y de gestión, no se aprovecharán.

Finalmente, ninguna transformación será posible si carece de presupuesto. Basta recordar que el Modelo Educativo plantea una modificación a los libros de texto gratuitos. Para concretarlo, se requieren más de 2.6 mil millones de pesos, 1.2 mil millones más de lo presupuestado para 2017. Éste es tan sólo un eje de los más de 20 necesarios para concretar el plan de acción de la ruta de implementación.

La implementación del modelo educativo exige plazos, articulación, orden en la ejecución y recursos para concretarlos. La diferencia entre el optimismo ingenuo y la esperanza reconfortadora es la verificación. Su posibilidad de éxito dependen de que el modelo sea asumido como un proyecto social. De lo contrario sólo será un proyecto más. Lo de menos será si el modelo es “nuevo” o no.
Que así sea.

El autor es Director General Adjunto de Mexicanos Primero.

Twitter:@juanmejia_mzt

www.mexicanosprimero.org

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