Opinión

La deuda de los nueve estados que eligen gobernador

 
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Material electoral. (Instituto Nacional Electoral)

Faltan menos de diez días para las elecciones, y es claro que en las campañas no se habló de los temas económicos, menos de las finanzas públicas y mucho menos hubo propuestas. Raro porque ante el centralismo que domina hoy la vida nacional, la perspectiva financiera de las entidades federativas es incierta, raro además porque muchos de esos estados tienen problemas fiscales serios para empezar en el Presupuesto 2016 y parece que no les preocupa. Claro, no generalizo.

Es cierto, los gobiernos que se van, nacen y mueren en medio de dos crisis, reflejadas en las finanzas públicas. En ambas los ingresos caen, hoy menos por el IEPS positivo, y gracias a instrumentos creados en otro tiempo, como el Fondo de Estabilización de los Ingresos Petroleros, se han podido sortear algunos de los impactos negativos en otros años y podrán ayudarlos de 2016 en adelante, hasta donde alcance.

Un tema delicado es el de la deuda que representa en promedio 3.0 por ciento del PIB, 84.4 por ciento de las participaciones, aunque este primer trimestre casi no creció y está por 510 mil millones de pesos.

La suma de la deuda de las nueve entidades que cambiarán de gobernador significa poco menos de la cuarta parte de la deuda total, fundamentalmente por el peso de las deudas de Nuevo León, 61 mil millones de pesos, los 20 mil millones que debe Sonora y en el colmo de las tragedias, los 17 mil millones de Michoacán. Juntos suman casi 100 mil millones, mientras las otras seis, Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, San Luís Potosí y Sonora, representan menos de 14 por ciento de la deuda de los nueve.

Difícil es el caso de Nuevo León, la segunda mayor del país, cercana a la del DF, sólo que con un PIBE menor en 10 puntos, además de que este recauda más de la mitad de sus ingresos totales, lo que baja todos sus indicadores. Una parte importante de los ingresos de Nuevo León, están comprometidos como garantía de deuda.

Lo ingresos propios de las entidades promedian 10 por ciento, pero Guerrero es el extremo con 1.0 por ciento. ¡No tiene ingresos propios!

En contraste, Campeche es un buen ejemplo de que cuando se quiere, se puede, recauda por ingresos propios más de 18 por ciento.

Querétaro deja buenas finanzas públicas, deuda de mil 658 millones de pesos: 0.5 por ciento de su PIBE y 16.8 por ciento de sus participaciones; igual que Campeche, con 0.2 por ciento del PIBE y 24.7 por ciento de las participaciones.

Contrastan con Sonora, cuya deuda representa 4.2 por ciento de PIBE y 115.4 por ciento de las participaciones, o de Nuevo León con 5.2 por ciento de PIBE y 228 por ciento respecto al Ramo 28.

La deuda de Guerrero es de tres mil 176 millones de pesos, que no es poco. El reto del nuevo gobierno será mayúsculo, ya que tendrá que partir de cero. Es una pena, pero el gobierno que se va descuidó también el manejo adecuado de sus finanzas públicas.

Por el lado de las participaciones es difícil la situación de todos, ya que al depender la recaudación participable en una tercera parte de los ingresos petroleros, ésta será menor en 2016, a pesar del IEPS positivo. De los nueve, Nuevo León es una entidad castigada por los cambios de fórmulas de participaciones de 2008, por lo cual se distribuyen en función de la población domiciliada, sin ningún estímulo al esfuerzo recaudatorio local; fueron afectadas también Campeche, San Luis Potosí, Baja Sur y Colima.

La mayoría de los que se van dejarán un déficit derivado de la vida del FAEB, que no se corrige con la centralización y depuración de la plantillas que apuestan al futuro, déficit que tendrán que negociar.

Cada entidad tiene una realidad diferente: preocupan Guerrero y Nuevo León, cuidar Campeche y Querétaro.

Twitter: @davidcparamo

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