Opinión

Nuevo banco BRICS

En Fortaleza, Brasil, los líderes de Rusia, India, China, Sudáfrica y su anfitrión Brasil constituyen la fundación de un nuevo banco internacional que realice funciones semejantes a las del Fondo Monetario Internacional (FMI), las del Banco Mundial (BM) o las del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

No son nuevas las reuniones de este asimétrico grupo de países, donde unos han crecido significativamente en los últimos 20 años bajo el impulso de transformaciones democráticas –India, Sudáfrica y Brasil–mientras que los otros dos –Rusia y China– lo han hecho con gobiernos centralizados y autoritarios. Los primeros buscan sacar de la pobreza a extendidos segmentos sociales, mientras que los segundos están en una lógica expansionista de geopolítica más cercana a la Guerra Fría que al comercio globalizador del siglo XXI.

Anuncian la creación de una institución financiera internacional con un fondo de aportación inicial de 50 mil millones de dólares al capital del propio banco, con 100 mil millones de dólares de capacidad de préstamo. Establecen un fondo de reservas de 100 mil millones de dólares adicionales para enfrentar una posible crisis de liquidez.

Se trata de un mensaje político poderoso, ante el estancamiento que el FMI ha enfrentado en los último años en restablecer las cuotas, pesos y contrapesos de los socios para dar mayor relevancia no sólo a la potencia de crecimiento económico de China, sino mayor representación a las economías emergentes. El debate entre demócratas y republicanos en el Congreso estadounidense ha congelado esta delicada decisión que va más allá de los balances políticos, y alcanza los motores del desarrollo en la última década.

Para Rusia y China –a pesar de sus numerosas diferencias en determinar quién sería socio mayoritario, que optaron por igualar sus participaciones– representa un mecanismo eficiente y poderoso de influencia política y económica en regiones tan distantes y lejanas a su zona de influencia como América Latina.

A partir de hoy, Putin y Jinping podrán opinar e inclinar la balanza por proyectos de infraestructura en Uruguay, minería en Chile o comercio en Perú. Un ámbito de influencia que en algún momento le será reclamado en Washington a algún funcionario del departamento de Estado o de la propia Casa Blanca.

Para nadie es un secreto que tanto Rusia como China están en una lógica de incrementar su presencia e influencia en el mundo. La inversión China en África no tiene precedentes, mientras que Rusia ha optado por la beligerancia colonialista en Ucrania.

Por si faltaran mensajes, hoy líderes y representantes de casi todos los países de Sudamérica asisten al evento en Brasilia en el que los fundadores del nuevo banco les presentarán sus planes y disposición de crédito. Formados todos en la línea del crédito.

Por décadas el mundo en desarrollo ha sufrido y criticado las severas políticas del FMI y del Banco Mundial por rescatar una crisis, por imponer medidas restrictivas al gasto, por exigir el pago de dividendos e intereses. Será interesante ver ahora si este nuevo banco BRICS se comporta de forma diferente al capitalismo más clásico y brutal de las instituciones surgidas a partir del ya venerable encuentro de Bretton Woods. O si se trata de una institución con fines políticos e ideológicos más al viejo estilo soviético, en que se financia y se presta para después condonar a cambio de una serie de concesiones y canonjías. El propio Putin en el regreso de Rusia a La Habana la semana pasada, “perdonó” la deuda que todavía Cuba tenía con Rusia desde hace más de 30 años.