Opinión

Nueva Zelanda niega asilo ambiental a Teitiota


 
Kiribati es uno de esos remotos atolones del Pacífico que sólo ocuparon las primeras planas en la Segunda Guerra Mundial, cuando fueron escenario de sangrientas batallas entre las fuerzas japonesas y estadounidenses. Sin embargo, desde 1998 las olas de gran altura ––king tides––, que simbolizan con su poder la realidad del cambio climático, empezaron a destruir los muros que protegían la aldea de Ioane Teitiota, devastando los sembradíos, inundando las viviendas y enfermando a sus habitantes.
 
La aldea de Teitiota, sobrepoblada, carece de drenaje. El agua contaminada provoca vómitos y los isleños tampoco tienen terrenos altos para reasentarse. Teitiota, de 37 años, tomó con su esposa la decisión de emigrar a Nueva Zelanda y ahí nacieron sus tres hijos. Pero su visa expiró y en dos ocasiones las autoridades migratorias han rechazado el argumento del peligro que espera a la familia si regresa a Kiribati. El 16 de octubre, por lo pronto, Michael Kidd, abogado defensor de Teitiota, apeló ante el tribunal de Wellington y subrayó que de ser necesario el caso llegará hasta la Suprema Corte, explica The Independent.
 
 
Sin futuro
 
“No habrá futuro para nosotros cuando regresemos a Kiribati. En especial para mis hijos”, manifestó Teitiota, quien trabaja en una granja de Nueva Zelanda, de acuerdo con una transcripción del proceso que sigue. Kiribati, a medio camino entre Australia y Hawaii, está formada por 33 atolones de coral a unos cuantos metros sobre el Pacífico. Su población empobrecida, de 103 mil personas, se independizó en 1979 de Gran Bretaña y hoy forma parte de la Alianza de Pequeñas Islas Estado, que saben, al igual que Tokelau y Tuvalu, las Maldivas en el Índico y Grenada o Santa Lucía en el Caribe, que serán víctimas del calentamiento global si el nivel del mar crece un metro este siglo.
 
 
En octubre, las islas del Pacífico firmaron la Declaración de Majuro, que pide acciones urgentes de cara a la cumbre de Naciones Unidas en Varsovia, que se saldará, en el mejor de los casos, con la promesa de que en París, en 2015, habrá un acuerdo para frenar el fenómeno planetario.
 
 
Entre tanto, Teitiota lucha por convertirse en el primer refugiado ambiental. El gobierno de Kiribati ya planteó reubicar a todos sus habitantes y busca comprar en Fiji 2 mil hectáreas para cultivos de reserva, si el mar termina de destruir sus tierras.