Opinión

Nueva economía

   
1
   

   

celular

La noticia empresarial del día de ayer, como lo reportó EL FINANCIERO, fue la sustitución del líder de Ford. Salió Mark Fields, después de tres años en el cargo, y entró Jim Hackett, que estaba como responsable de un área de innovación de Ford, aunque toda su carrera la hizo en la industria mueblera. Una de las explicaciones de la salida de Fields es que la acción de Ford ha caído más de 30 por ciento en estos tres años, y el valor en el mercado de la empresa es apenas siete veces el valor en libros. Una empresa normal, con buenas expectativas, suele estar entre 15 y 20 veces. Pero, también siguiendo las notas de ayer, Ford no está tan mal: GM y Chrysler andan en cinco veces. Nada raro que así sea. La industria automotriz estadounidense lleva décadas en problemas. Desde el ciclo alcista de precios del petróleo de los años setenta, no han podido recuperarse. Antes de esa fecha no tenían competencia. Llegaron los japoneses y los autos pequeños europeos, y más recientemente los coreanos. La competencia es difícil.

De hecho, lo que ha salvado a esas empresas de la ruina es México. Gracias a que han movido parte de su producción a nuestro país, han podido competir con los otros países que mencionaba. No tanto como para ganar, pero sí para sobrevivir. Ganar exigiría que se muevan a otro ritmo: hoy producen lo mismo de siempre, pero más barato.

Creo que precisamente por eso la apuesta por Hackett, que se supone podría impulsar la innovación necesaria para dar un salto que la industria automotriz estadounidense no ha podido dar. Usted posiblemente sabe de la existencia de Tesla, una empresa que empezó produciendo autos eléctricos de lujo, se ha movido a la producción de grandes baterías domésticas y anunció, recientemente, su primer auto eléctrico mediano. En dos días se vendieron 300 mil unidades de ese auto, que no existe. Pero es tan grande la reputación de Tesla (y de su líder, Elon Musk), que los clientes están dispuestos a pagar sin ver. Hace unos días, Daimler anunció su asociación con Vivint para la fabricación de baterías domésticas, y adelantaron la fecha de salida de sus autos eléctricos para 2022.

Como los temas políticos han sido espectaculares, ya no hemos atendido lo que ocurre en otras áreas, y me pareció que éste era un buen momento para recordarle que estamos viviendo una transformación extraordinaria. Aunque muchas personas creen que los cambios en las tecnologías de información y comunicaciones no tienen el impacto que tuvo ese proceso que llamamos Revolución Industrial, y que la abundancia de teléfonos celulares no se compara con el acceso a los sanitarios, me parece que están equivocados. Los cambios actuales serán mucho más importantes que los ocurridos hace 200 años, y la mejora en bienestar que ofrece un celular la menospreciamos los que ya teníamos teléfono. Quienes no tenían ni esperanza de tenerlo, de verdad lo aprovechan.

El mundo de la producción masiva, consumidora de recursos, está terminando. Estamos ya en un proceso en el que la producción se dirige al cliente, que puede comprar justamente lo que necesita, y no acomodarse a lo que venden. Más interesante aún, los procesos y productos cada vez son más eficientes. El volumen de información hoy disponible es millones de millones de veces mayor que el que teníamos hace apenas 20 años. Con eso, el mundo puede ser totalmente distinto del que usted conoce.

Por eso mi insistencia en que veamos más hacia el futuro, que a los mexicanos tanto se nos dificulta.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:

Empezando a elegir
Brasil, otra vez
Estado débil