Opinión

Nueva baraja

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Enrique Peña Nieto oficializó los cambios en su gabinete. (Cuartoscuro)

En contra de mi intención, tendré que posponer la discusión del exceso de ahorro mundial para concentrarme en algunos temas políticos. Con toda claridad, hemos iniciado el camino a la elección presidencial de 2018, y se van mostrando las barajas que tendremos. O más exactamente, las que tendrán los partidos para ofrecernos, y de donde tendremos que escoger. Ni modo.

Ayer, finalmente, el presidente Peña Nieto decidió hacer cambios en su gabinete. No porque considerara a alguien muy malo para su trabajo, ni nada parecido, sino para preparar su sucesión. Bueno, salvo el caso de Rubido. Aunque haya miles de personas que insisten en que los funcionarios son incapaces, o que el mismo presidente debería renunciar, sería poco inteligente hacer caso de esos reclamos. Los hay en todos los países democráticos, y nada tienen de malo, pero tampoco nada de útil.

Los políticos, en las democracias, se dedican a ganar elecciones. Ése es su trabajo. Si hay la posibilidad, gobiernan, toman decisiones, pero la verdad es que no es ésa su ocupación principal. Hay una famosa (y falsa) frase, muy utilizada: “los políticos se preocupan por la próxima elección, los estadistas por la próxima generación”. La verdad es que si alguien quiere ser estadista, primero tiene que tener más o menos controlada la elección, y después puede pensar en el largo plazo.

Muchos lo han hecho: Juárez y Díaz, en el siglo XIX; Cárdenas y Salinas, en el siglo XX. Pero tenían mucho cuidado de no perder elecciones, y fue sólo la muerte de Colosio lo que descarriló el proyecto salinista. Pero ése es otro tema.

Creo que el ajuste de gabinete de ayer tiene como objetivo principal preparar candidaturas para 2018. A las ya conocidas de Osorio Chong y Luis Videgaray, en el gabinete, y Manlio Fabio Beltrones, desde fuera, el presidente ha sumado al menos tres: José Calzada, exgobernador de Querétaro; José Antonio Meade, que pasa a Sedesol, y Aurelio Nuño, que deja un puesto de gran poder para ser visible, y con ello apostar al futuro, desde la SEP.

Para abrir esos espacios, se van Murillo y Martínez y Martínez. El puesto del primero lo ocupa Rosario Robles, y deja el suyo a Meade, y el puesto del segundo lo ocupa Calzada. Chuayffet deja la SEP, como se esperaba por su salud. Claudia Ruiz Massieu deja Turismo para irse a Relaciones Exteriores, en un reto muy grande, y su lugar es ocupado por Enrique de la Madrid, que estaba en el Banco de Comercio Exterior. También asciende Rafael Pacchiano a la titularidad de la Semarnat, que deja Guerra (quien parece será embajador pronto); Francisco Guzmán tomará la Oficina de la Presidencia; Reyes Baeza en el ISSSTE, y Renato Sales como comisionado de Seguridad Pública.

Como siempre ocurre cuando hay cambios en el gabinete, muchos se quejan de que los nuevos secretarios no tienen conocimientos técnicos del ramo. Pero el puesto de secretario no es técnico, sino político, y por eso hay personas que pueden ocupar varias secretarías en su carrera sin ningún problema. Si tienen duda, volteen a ver cómo se nombran los ministros en los gobiernos parlamentarios.

Los políticos hacen política, y los nombramientos del gabinete son para eso, para que puedan hacer más política algunos potenciales candidatos. Peña Nieto ya no tiene tres, sino seis opciones, al menos. En un año, podrán medir las posibilidades de cada uno, y un año después, procesar la selección. Un buen tiempo. Ahora los que tienen que trabajar son los de la oposición, de los que hablaremos el lunes.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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