Opinión

Nuestro vergonzoso vicecampeonato

 
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Balacera

Hubiera querido escribir sobre el segundo debate de aspirantes al gobierno del Edomex, pero una noticia estremecedora me obliga a cambiar de asunto.

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos con sede en Londres acaba de publicar la lista de los países más peligrosos y letales del mundo. Ahí están territorios en los que durante años se han dado todo tipo de movimientos revolucionarios, enfrentamientos armados y hasta guerras. Son países en conflicto permanente, ya sea en revueltas internas, golpes de Estado o en enfrentamientos internacionales. Entre otros está el de mayor peligrosidad: Siria con más de 50 mil muertos tan sólo en un año, el 2016. También Irak, Afganistán, Yemen, Sudán, Turquía. Hemos visto reportajes en televisión y fotos en diarios y revistas donde las masacres nublan primero la visión y luego aturden el pensamiento. Y, ¡oh!, ingrata sorpresa: nuestro país, México, con todas sus letras, ocupa ¡el segundo lugar con más de 23 mil muertos sólo en el año pasado! A ello hay que agregar un comentario de John Chipman el director del instituto: “…allá en México no hay guerrilla armada [como la hubo en Colombia], no hay tanques ni artillería pesada como tampoco aviones de combate en su cielo; todo ocurre en tierra entre bandas criminales…”.   En esa lista no figuran los asesinatos del fuero común, los colgados ni los apuñalados; tampoco los crímenes pasionales.

Formamos parte de una voluminosa, grosera e inadmisible estadística sangrienta. Ahí el nombre nacional se entremezcla con las aberraciones de encuentros entre civilizaciones en choque milenario y con destrucciones masivas ocasionadas por coches bomba, metralletas o misiles. Territorios en guerra donde los muertos se amontonan en las calles y bajo los escombros de pagodas, mezquitas y edificios. Son países donde permanentemente se mezclan los sonidos de artillería, metralletas y ambulancias.

Los olores son de humo, carne quemada y putrefacta; los sobrevivientes bañados en sudor y lágrimas. Sus gritos son de dolor llevando en brazos a hijos y padres muertos, destrozados. Revisemos Irak o lo que sucede en Yemen. Las revueltas en Afganistán y los fusilamientos cotidianos en Sudán.

Ahí en esa lista hecha con información y criterios ajenos a lo que nosotros manejamos; ahí está nuestra bandera. Y ya tenemos un nuevo sistema de justicia penal que, puesto en el papel, pareciera más justo y expedito, pero ello desemboca en los penales y ahí ya vemos lo que ocurre. Recientemente en la prisión de Puente Grande en Jalisco, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, organizó un reventón a la vista de custodios, autoridades del penal e invitadas para poder comer, beber y bailar en grande. Ahí el jefe de los delincuentes, botella de güisqui en mano dijo a voz en cuello que él es quien manda y hace lo que quiere. El reportaje de Milenio es claro y nos muestra que el esfuerzo que hacen la Policía y las Fuerzas Armadas para atrapar a los criminales desemboca en cárceles donde los internos pueden gozar de todo lo que se les ocurra. Incluso poder salir como se daba en Gómez Palacio, Durango, para continuar delinquiendo con las armas y las camionetas de los propios custodios y más tarde regresaban como si el reclusorio fuera un hotel. Todo esto y en general el proceso desde que se dan los crímenes en la calle, pasan por el enramado de ministerios públicos, jueces y demás participantes en la cadena de impartición de justicia, hasta las prisiones, nos hablan de la colusión de intereses entre la delincuencia y el poder público del renglón y esfera que se trate.

En todo esto está el fenómeno de la ejemplaridad para los niños y jóvenes: se les ofrece un escenario de impunidad desde que cometen los delitos, ya que cuentan con la colaboración policíaca, e incluso si llegan a los reclusorios también encontraran acomodo en la zona de confort que dan el dinero y el poder obtenido a placer.

Ante este panorama, se da el milagro de que la inversión foránea aumente al igual que el número de turistas y hasta las remesas de quienes lo arriesgan todo para tratar de ayudar a los suyos.

No cabe duda, pudiera ser, para desgracia de nuestros hijos, que alcancemos el primer lugar de esa humillante y tenebrosa lista de muerte y violencia.

Twitter: @RaulCremoux

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