Opinión

Nuestro “pedacito de guerra”

 
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Papa Francisco

Es innegable que la visita del Papa Francisco tiene una dimensión política.

Distintos actores nacionales esperan que lo que diga –o deje de decir– el máximo jerarca de la Iglesia católica, se constituya en un respaldo a sus posturas o en un rechazo a las contrarias.

Carlos Salinas de Gortari, en su momento, buscó la “bendición” papal.

El gobierno de Peña Nieto espera, naturalmente, que las palabras del Papa Francisco en tierras mexicanas tengan un tono estrictamente pastoral o, en todo caso, se limiten a temas generales como los derechos humanos de los migrantes o el cambio climático.

Jorge Mario Bergoglio, el nombre del primer Papa latinoamericano, ya ha dado un anticipo de su mensaje en tierras mexicanas. Su primer mensaje choca de frente con los afanes del grupo en el poder, que se empeñó, desde su llegada a la silla presidencial, en “resolver” la grave crisis de inseguridad y derechos humanos que padecemos por la vía de simplemente “bajar el volumen” de tales temas en los medios de comunicación.

Los mexicanos, dijo Francisco en el mensaje que antecede a su visita, “están viviendo su pedacito de guerra entre comillas, de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado”.

Es evidente, como indican estas primeras expresiones, que el obispo de Roma está bien informado, gracias a la Conferencia del Episcopado Mexicano, de lo que sucede en las tierras que visitará muy pronto.

Pero incluso si no fuese así, al Papa Francisco le sobrarían fuentes de información para lamentar los problemas de pobreza, violencia y de corrupción que vivimos los mexicanos.

No es casualidad que el jefe del Estado Vaticano haya elegido Morelia y Ciudad Juárez como dos de sus destinos. Ambas ciudades representan la tragedia de violencia e impunidad que ha vivido nuestro país, particularmente desde que se echó a andar la criminal “guerra contra el narcotráfico”.

Ecatepec, otro de los lugares elegidos por el Papa Francisco para su visita pastoral con fuerte carga política es, para nuestra desgracia, el buque insignia de la violencia contra las mujeres y de la exclusión social.

Las autoridades del Estado de México llevan semanas “limpiando” la zona de indigentes y dando manos de pintura a lo largo del recorrido papal. Ese afán de maquillar la realidad está siendo replicado por el gobierno federal en todos los frentes. Pero ni toda la pintura del mundo puede cubrir los “logros” de un gobierno supuestamente reformador que en realidad ha hecho crecer el número de pobres y que es incapaz de ofrecer seguridad a millones de mexicanos.

Francisco estará también en Chiapas, donde hará un homenaje a Samuel Ruiz, el obispo de los indígenas y de la opción preferencial por los pobres. La visita coincidirá con el aniversario número 20 de la firma de los Acuerdos de San Andrés, que dieron lugar a una reforma constitucional que luego fue anulada en la práctica. La deuda histórica con los pueblos indígenas, con su derecho a la libre determinación y la autonomía, sigue siendo un gran pendiente del país.

En Michoacán, es seguro, el Papa escuchará los crudos testimonios de la violencia demencial que penetró todas las estructuras sociales y de gobierno.

En Ciudad Juárez atenderá la tragedia del feminicidio y podrá constatar el triste papel que ahora desempeña México, convertido en el policía migratorio de Estados Unidos; como prueba el crecimiento exponencial de las detenciones de ciudadanos de otros países, especialmente centroamericanos, en nuestro territorio.

En la víspera de su visita, Francisco ha hecho un llamado a luchar contra la corrupción, el tráfico y el crimen organizado. Ojalá en el gobierno escuchasen ese llamado y se comprometieran a ir al fondo de los problemas, con verdad y con justicia, no con manitas de pintura.

La autora es senadora de la República.

Twitter: @Dolores_PL

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