Opinión

Nuestro complejo mercado interno

23 octubre 2013 5:2

 
El mercado interno mexicano está deprimido, más que por los resultados económicos efectivos, por el deterioro de las expectativas.
 
Veamos las siguientes cifras.
 
El INEGI dio a conocer hace un par de días los datos de las ventas minoristas a agosto, y registraron una caída de 2.2 por ciento, cuando en julio habían crecido en 1.3 por ciento y parecían preludiar un mejor desempeño en el segundo semestre.
 
En los primeros ocho meses del año, el dato es una caída de 0.4 por ciento.
 
La tendencia es consistente con las cifras de la ANTAD –que agrupa a los comercios formales de mayor tamaño-, que hasta el mes de septiembre reportan una cifra de cero en el crecimiento nominal de tiendas comparables.
 
Como quien dice, en términos reales, tienen una caída de poco más de 3 por ciento.
 
Y, particularmente en septiembre, el retroceso fue de 3.2 por ciento nominal, lo que implica una caída real de más de 6 por ciento.
 
Sin embargo, este comportamiento de las ventas tiene muchos matices que hay que identificar.
 
La masa salarial real del sector formal, que es uno de los indicadores más relevantes del poder de compra del mercado interno, todavía crece a una tasa de 3.0 por ciento en términos reales, a pesar de que el ritmo de generación de empleos se ha reducido.
 
Al mes de agosto, el crédito al consumo crecía a una tasa de 10.4 por ciento, un ritmo que no parece compatible con un consumo que viene para abajo, según señalan otros indicadores.
 
Pero quizás lo que más llama la atención es que este retroceso no ocurre como usualmente pasaba, en el consumo de productos prescindibles, sino sobre todo en las tiendas en las que usualmente se compran la comida y productos indispensables, como los autoservicios.
 
En septiembre, la caída real en las ventas comparables de los autoservicios fue superior al 7 por ciento, y en contraste, resulta que en las tiendas departamentales la variación fue de -3 por ciento, cuando usualmente ocurre al revés en momentos en los que el ciclo económico entra en fase descendente.
 
En el acumulado de los primeros nueve meses del año, los autoservicios reportan una caída de 5 por ciento real mientras que las departamentales crecen alrededor de 1.3 por ciento.
 
Sin duda, uno de los factores que condiciona el desempeño del mercado interno es la caída de la confianza de los consumidores. Con cifras desestacionalizadas, entre enero y septiembre, hubo un retroceso de 4.8 por ciento en ese indicador.
 
Es decir, la gente está desconfiada y por esa razón tiende a cuidar más sus ingresos y medir sus gastos.
 
Pareciera que en el desempeño de las variables relacionadas con el consumo interno, hay un elevado componente subjetivo, más que una caída efectiva del poder de compra.
 
Esto es una noticia buena y mala al mismo tiempo. Buena porque si se presentara un cambio positivo en el ambiente económico, sería factible que el mercado interno se reactivara de manera más rápida. Mala porque se trata del reflejo de un cambio de perspectivas en sentido negativo.
 
Sin embargo, es probable que si se aprueba sin problemas mayores la reforma fiscal en la Cámara de Senadores y avanza también la reforma energética, sea factible que haya nuevamente un movimiento de estado de ánimo, ahora en sentido positivo.
 
De hecho, la mayor parte de los pronósticos de los expertos señalan que en el 2014 habrá un crecimiento mucho mayor que en este año.
 
La encuesta de Banamex revelada ayer indica un crecimiento de 3.54 por ciento en promedio para 2014, de acuerdo al sondeo entre 25 grupos de expertos, contra un estimado promedio de 1.27 por ciento para este año.
 
A veces perdemos de vista que la economía funciona con base en expectativas.
 
El reto del gobierno de Peña es terminar este año con evidencias de logros, lo que podría ser muy relevante para revivir nuestro mercado interno en 2014.
 
 
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