Opinión

Nuestra realidad a 97 años de su promulgación

Fernando Schütte Elguero

El día de ayer conmemoramos el aniversario 97 de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, por lo que ante tal evento, debemos reflexionar respecto del México de aquella época y el México que en la actualidad nos ocupa; los matices que han venido transformando las necesidades de las generaciones que han transcurrido, así como las necesidades actuales en torno a los problemas que hoy en día han surgido.

La Constitución Política es un sobrio documento que enumera una serie de principios sobre los cuales se constituye y organiza la vida política de la nación, es decir, en ella se contienen las nociones de los derechos fundamentales con los que cuenta la ciudadanía, así como las reglas y atribuciones de los poderes de la Unión; es una guía de la construcción ideológica y política de nuestra nación, la cual persigue a toda costa la consolidación de un estado de derecho efectivo.

Es un buen concepto el que se tiene de ella, pero ¿Qué tanto ha sido modificada desde el México de ayer?; ¿Las modificaciones y reformas traen consigo realidades actuales?; ¿Hemos alcanzado la consolidación de un verdadero estado de derecho? Sin duda alguna, en nuestra actualidad, tenemos impregnado el sentimiento de que algo se hizo mal, de que nuestra realidad dista mucho de ser la que el Constituyente en primera instancia pretendía alcanzar con el documento en cuestión, viniendo en muchas veces a la mente el concepto de fracaso de estado y con ello una percepción generalizada de que la realidad debe cambiar, ya que el camino que se recorre no llega al objetivo originalmente planteado.

Qué se hizo en el pasado para que al día de hoy el estado de Michoacán, tristemente ha pasado de ser un estado mágico con diversidad de colores y sabores, a un estado cuyo clima de inseguridad solamente denota el desamparo de la entidad y la falta de autoridad del estado ante una delincuencia organizada de estado y delincuencia organizada fuera de él, en dónde se evidencia que se ha perdido la capacidad de control del comportamiento de los funcionarios públicos, que de cierta manera se ven seducidos por las redes de la corrupción.

Ante la desesperanza generalizada, existe el ciudadano común y corriente que a manera de instinto de supervivencia, y atendiendo al hartazgo emocional, ha optado por buscar alternativas que le permitan acercarse al prototipo de estado que le garantice la seguridad que tanto demanda y exige, como una súplica al respeto de sus derechos fundamentales; ejemplo más próximo lo tenemos con los grupos de autodefensas que se fueron generando en la entidad como una probable y única solución, a su parecer, para acabar con el conflicto en cuestión.

¿Acaso esa deba ser la solución cuando los ciudadanos nos veamos afectados en nuestros derechos fundamentales? Ante tal interrogante la respuesta es contundente. Existen instituciones que fueron creadas para ello, y que han sido reguladas desde tiempos atrás, con el propósito de garantizar esos derechos. La deficiencia en el quehacer gubernamental, sin duda será juzgado por la historia, debiéndonos concentrar en el ahora y en las alternativas existentes para solucionar el conflicto.

Sin duda alguna, los grupos de autodefensa surgieron ante la preocupación de los michoacanos por la inseguridad y la violencia generada por el crimen organizado, pero también existe la posibilidad que dichas autodefensas puedan tener vínculos con organizaciones delincuenciales rivales, lo que no terminaría con el conflicto existente.

En México, un tema que es común e incluso calificado así por organismos internacionales es el de la corrupción, pero ante la existencia de ella, todos podemos ser actores o no serlo. Estoy convencido que la corrupción se combate de arriba hacia abajo, comparto la idea de la trasparencia y la rendición de cuentas en los más altos niveles, más aún en el caso de funcionarios públicos.

Va siendo hora de fortalecer la seguridad humana y dar lugar a un estado de desarrollo económico y social, por lo que es preciso pasar del mero discurso a la acción efectiva y focalizada, y con ello ir construyendo el México que necesitamos y que fue visualizado en un inicio por el constituyente que mantuvo sus esperanzas de un país con pleno estado de derecho, en el documento que tuvo a bien constituir la bases de esta nación.

El trabajo que la actual administración a cargo del licenciado Enrique Peña Nieto en materia de seguridad se encuentra realizando, constituye a mi parecer un buen camino para alcanzar lo originalmente propuesto. Sigamos adelante.