Opinión

Nuestra identidad: ¿somos hijos D?

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[Padres de familia que adeuden pensión alimentaria no podrán salir del país / Cuartoscuro]

Un gran maestro solía contar cuando hablaba de las empresas familiares en nuestro país, que muchos patrimonios se pierden a la muerte del fundador porque éste nunca preparó su sucesión, o porque se sentía inmortal, o bien porque en las familias siempre hay un hijo A, un hijo B, un hijo C, pero nunca falta un hijo D… Y no le faltaba razón.

Hace poco recibí un mensaje de una amiga a la que conozco hace tiempo. Aparecía su nombre e inmediatamente después la leyenda “exesposa de fulano de tal”. Me sorprendió y me generó una especie de shock, que una mujer con atributos y trayectoria propias terminara presentándose como exesposa de alguien, que esa sea su carta de identidad. Así se ve y así nos pide que la veamos.

No es un tema menor la forma en que nos miramos y la manera como nos identifican o queremos que nos identifiquen. Para los mexicanos en Estados Unidos es altamente costoso e injusto que muchos ciudadanos de aquel país, cuando se habla de indocumentados, piensan sólo en mexicanos. Para nosotros como mexicanos en este lado del río Bravo es terriblemente costoso que cuando se mencione a México se asocie con violencia, inseguridad o déficit en el ejercicio del Estado de derecho, no porque esto no sea real –que penosamente sí lo es– sino porque opaca muchos otros esfuerzos y logros cotidianos de miles de ciudadanos.

Si insistimos en presentarnos como un país que lejos de reconstruir su propia identidad sigue recurriendo a estereotipos, mitos y se victimiza porque desde la conquista o aun antes de ella, se nos condenó a un futuro injusto, pues entonces no les pidamos a otros que nos miren ni con respeto ni con grandeza.

Sin ánimo y orgullo es imposible construir algo mejor o cuidar y preservar los legados que hemos recibido producto del esfuerzo, talento, visión y sacrificio de muchos otros y sin un sentido de pertenencia nos rendiremos aun antes de empezar, porque resulta más cómodo asumir que como yo nada tengo que ver, pues tampoco tengo nada que hacer.

El orgullo y la confianza sólo se construyen sobre realidades y hechos concretos y no son producto del voluntarismo, del optimismo infundado o de querer minimizar e intentar ocultar lo que causa dolor y desesperanza a millones de ciudadanos.

Despreciar a México es muy diferente a reconocer sus déficit y enormes desafíos. Despreciar a México es también hacer a un lado nuestras fortalezas y posibilidades. Propongo que junto con nuestra actitud crítica, de denuncia, propuesta y participación, nos preguntemos ¿cómo nos miramos?, ¿con qué identidad día a día, más allá de las palabras y la retórica, nos presentamos frente a nuestro propio espejo y frente a los demás?

¿Cómo indignarnos cuando alguien más allá de nuestras fronteras voltea a mirarnos y ejerce un juicio producto de lo que nosotros mismos hacemos o dejamos de hacer? El mandato frente a estas críticas suele ser acabar con el mensajero y dejar la realidad intacta, por dolorosa o injusta que esta sea.

Algo bueno han hecho otras culturas, cuando al hablar de los japoneses se piensa en trabajo, de los coreanos en innovación, de Silicon Valley en tecnología y futuro. Son carnets de identidad que han significado elegir vocaciones, trabajar con gran disciplina, reglas claras y construir así causas y realidades de las cuales hay que estar orgullosos.

Una mujer que se identifica a la luz de su exesposo; un país atrapado en su pasado, renunciando a hacerse cargo del presente y del futuro, al igual que un hijo D, carecen de identidad.

Hoy en México hemos abierto espacios, privilegios, prebendas e incluso reconocimientos públicos a muchos hijos D, por eso es urgente reconstruir nuestra identidad y con ello nuestra carta de presentación y de valores, frente a nosotros mismos y frente al mundo.

México es mucho más grande que sus gobiernos y sólo saliendo de la victimización y pasando a la acción, podemos construir un país fuerte y optimista. Tenemos un patrimonio que valorar y salvaguardar y tenemos muchísimo aún por transformar y construir. No será el desprecio por nosotros mismos, ni la renuncia a actuar, lo que abrirá la puerta a un mejor futuro.

Twitter: @JosefinaVM

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