Opinión

Noteboom y la muerte mexicana

 
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El azar y el destino. (http://www.gandhi.com.mx/el-azar-y-el-destino)

Los otros son el espejo en el que reflejamos lo que somos. Incontables escritores-viajeros han dado testimonio de su paso por nuestro país.

¿Su mirada es superficial por la rapidez del viaje o profunda porque sólo recuerda lo esencial?

Las visiones de D.H. Lawrence, Graham Greene y Malcolm Lowry en los años veinte y treinta del pasado siglo nos revelaron (o nos recordaron) la naturaleza violenta de nuestro propio rostro. Violencia en todos los órdenes sólo mitigada, no por la fuerza de la ley, sino por la piedad religiosa. Somos un pueblo, al decir de las visiones que han ofrecido de nosotros los viajeros, violento y religioso.

Pero ya sabemos: no hay esencias, hay historia, somos historia. No somos “violentos y religiosos” por naturaleza sino por necesidad y accidente, por hechos datables que forman una red de causas y efectos a la que llamamos Historia. Y sin embargo… llega otro aventurero a México, recorre con ojos nuevos el país. No se trata de un viajero novel sino de uno muy experimentado. El gran narrador, poeta y ensayista holandés Cees Noteboom visita México (El azar y el destino, Siruela, 2016). Recorre norte, centro y sur, y observa las muchas maneras que asume la religión y la violencia.

Este viajero inusual, por sensibilidad y cultura, visita nuestro país –realiza varios viajes entre 1988 y 2007– y lo que ve es sangre y fe. “Veo que la gente –señala Noteboom– está determinada a sobrevivir ante toda esa violencia y lo hace con devoción”. ¿Se trata de una imagen estereotipada o esencial acerca de quiénes somos?

Noteboom podrá no tener muy bien sus datos (Guadalajara no tiene 50 millones de habitantes y el PRI no gobernó por 85 años) pero tiene una mirada penetrante.

Visita el Museo de Antropología: “Aquello que estaba destinado a ser eterno ha sido desenmascarado como una manifestación de lo temporal sometido a la coyuntura…, lo que la piedra conservó es justamente lo que no se ha conservado, las creencias”. Para Noteboom, como antes para Octavio Paz, Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco, debajo de la Ciudad de México late todavía viva, la ciudad azteca sepultada. En el Zócalo “siento cómo el pasado rechina y perfora la parte interior del pavimento”.

Han desaparecido las creencias, paradójicamente un mismo espíritu (creencia) recorre la historia mexicana desde tiempos de la Conquista y tiene que ver con la violencia y la sangre. “En México –dice Noteboom– es difícil eludir la sangre. La idea de la mutilación, la automutilación y la muerte está siempre presente”, “es como si existiera una conjuración de sangre bajo esta sociedad”.

Noteboom registra un México previo a la desastrosa (por la multitudinaria pérdida de vidas) guerra contra el narco. La violencia que vio el cronista holandés se incrementaría por diez en los años siguientes. Porque la violencia no sólo está en las calles: hay un pasado violento que parece exigir su cuota de sangre. Camina Noteboom por el centro de la Ciudad de México: “Debajo de mí se remueve el pasado de un mundo desaparecido y de un culto extinto que exigía sacrificios humanos”. Visita Garibaldi: “La gente bebe y ríe, pero bajo todo ese espectáculo teñido de patetismo…, bajo toda esa desesperada melancolía hay un dolor cortante como un cuchillo”.

Desde siempre, un fantasma recorre México: el fantasma de la violencia.

Noteboom visita en Coyoacán la casa de Frida Kahlo. “Sus cuadros son sangrientos. La sangre nunca está lejos en este país y constituye el elemento dominante de algunas de sus obras”.

¿Estereotipo o esencia? ¿Existe un “ser-para-la-sangre” mexicano? ¿Se puede trazar un arco conceptual limpio entre el sacrificio ritual y la violencia desatada por el narcotráfico? ¿La visión de Noteboom es la de un poeta o se trata de una caricatura? Refiriéndose a Frida y Diego, Noteboom afirma que “les unió una forma latina de destino”. ¿Existe “una forma latina de destino”? Y más adelante dice que “la muerte es diferente aquí”. ¿La forma de encarar la violencia y la sangre nos hace diferentes? ¿Existe una diferencia mexicana? Sería tanto como afirmar que existe una esencia nacional. No la hay. Lo que hay es cultura.

Imágenes de la muerte trasmitidas por historiadores, artistas y poetas.

El azar y el destino reúne las crónicas de viaje de Cees Noteboom por Latinoamérica. He destacado sus visiones sobre México. Noteboom advierte una genealogía de sangre en la historia mexicana y nota su presencia incluso en zonas tranquilas del país. ¿Esencia o simplificación? De pronto, da vuelta en una calle equivocada y un policía introduce un brazo por la ventanilla de su carro. En su mano porta una pistola. “¡Márchate, largo de aquí!”, le grita. Noteboom decide que es hora de marcharse del país. Y todavía no comenzaba la guerra.

Twitter:@Fernandogr

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