Opinión

Norcorea ¿el primer obstáculo de la política exterior de Trump?

  
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Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. (Reuters)

Uno de los retos inminentes que enfrentará el nuevo gobierno de Estados Unidos en política exterior será definir una posición contundente frente a las amenazas de Corea del Norte. En su mensaje de Año Nuevo, el presidente de ese país, Kim Jong Un, alardeó sobre la capacidad de probar un misil balístico intercontinental (ICBM, en inglés) y a su capacidad de realizar un ensayo nuclear más allá del continente asiático. Apostando sin duda a la posibilidad de alcanzar a Estados Unidos en un futuro próximo.

Corea del Norte es el último bastión de la Guerra Fría en el mundo. Desde hace casi 70 años lo gobierna la familia Kim, una tiranía hereditaria basada en el culto al líder en turno. Es un país aislado casi totalmente de 25 millones de habitantes, sin libertades, con graves carencias sociales, violaciones sistemáticas a los derechos humanos, corrupción, así como ejecuciones arbitrarias continuas. Hay múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU en su contra.

Por su aislamiento, es casi imposible demostrar que Corea del Norte ha alcanzado el desarrollo tecnológico suficiente para fabricar un ICBM, pero sus ensayos de armas nucleares más recientes, sugieren que hay una amenaza con creces para Estados Unidos y sus principales aliados en la región: Corea del Sur y Japón.

El objetivo principal de Corea del Norte es mantener intacto el régimen de Kim y asegurar su supervivencia en el sistema internacional, no importa el costo que su población deba pagar. El líder norcoreano ha hecho de la confrontación con Estados Unidos con armas atómicas el pilar de su legitimidad. No ha firmado un tratado de paz definitivo con Corea del Sur –desde la guerra de los años 1950– por lo que EU sigue manteniendo sus bases militares para proteger a la República de Corea.

Estados Unidos a pesar de distintos esfuerzos, unilaterales y multilaterales, no ha logrado evitar que Pyongyang avance metódicamente en su desarrollo nuclear. La tarea no es fácil cuando la contraparte para negociar es un joven lunático o sus asesores militares que viven aterrorizados de que en cualquier momento los mande fusilar. A Obama se le criticó por permanecer al margen. Trump ha dicho que tiene “un plan” para limitar a Kim, pero, como en la mayoría de las áreas de su futura política exterior, todavía no lo revela.

Estados Unidos no puede quedarse con los brazos cruzados. Podría decidirse por acciones militares focalizadas como derribar cualquier misil antes de su lanzamiento, lo que demostraría la futilidad de los esfuerzos armamentistas norcoreanos. También podría promover sanciones adicionales a las ya existentes, como terminar con los flujos de divisas que entran al país, excluir al gobierno norcoreano del comercio internacional y aumentar las sanciones. Sin embargo para que cualquier medida fructifique, necesita contar con al apoyo de China.

China es el aliado más importante de Corea del Norte en el plano militar y comercial: lo abastece de armas, alimentos y energía. Los chinos sostienen al régimen coreano para contar con un colchón entre ellos y Corea del Sur y también para evitar una crisis de refugiados en su frontera. El apoyo chino ha menguado desde el ensayo de 2006 y sobre todo con el ascenso de Kim Jong Un en 2011. Actualmente, Beijing, Seúl, Japón y Washington coinciden en que desnuclearizar al régimen norcoreano es fundamental para asegurar la estabilidad en Asia.

El momento actual sería el más inoportuno para el repliegue de Estados Unidos o una confrontación con China. Es muy probable que las amenazas nucleares se agraven, pues el régimen enfrenta cada vez más dificultades económicas para mantenerse en pie. En estas circunstancias China es clave en las negociaciones.

Trump no puede desestimar la amenaza con un tuit. Tiene que negociar sin ceder a las provocaciones de Kim. Es posible que para hacerlo deba orillar al dictador norcoreano a renunciar a su programa nuclear a cambio de seguridades para salvar su tiranía. El precio es alto: supone sacrificar por tiempo indefinido las esperanzas de reunificación pacífica de los dos Estados de la península coreana. Una apuesta que supone grandes esfuerzos y que acarrea riesgos mayores, pero ciertamente no improbable en el mundo de hoy.

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@lourdesaranda

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