Opinión

Nombre: Mexicano; Apellido: Descalificado

 
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Las ceremonias de apertura están entre los secretos mejores guardados de los Juegos. (AP)

Paradoja: Si Alejandro González Iñárritu gana un Óscar en los premios de la Academia, llueve una oleada de felicitaciones por parte de la sociedad para aplaudirle por su triunfo 'individual'. Sin embargo, si los atletas mexicanos en Río de Janeiro fracasan en su intento por ganar medallas, miles de personas atribuyen el mal desempeño al gobierno, a la Conade y a la falta de 'apoyos'.

Pero la relación del gobierno con el cine y el deporte es muy similar: en ambos casos un potencial éxito internacional depende del talento y esfuerzo individual, y en ambos casos existen incentivos gubernamentales para auxiliar a ese éxito.

A los mexicanos se les olvida que el gobierno apoya a muchos cineastas a través de un mecanismo fiscal que permite el traslado directo de impuestos que una corporación debe pagar hacia las arcas de los creativos cineastas que eternamente han solicitado subsidios. ¿Cómo olvidar la deplorable película Heli del director Amat Escalante, que le sirvió para ganar un glorioso premio en Cannes, pero que todo indica que fue un fracaso en taquilla? ¿Alguien aplaudió al gobierno y le reconoció por haber facilitado la transferencia del subsidio bajo la ley del ISR para que dicho director se alzara con ese 'triunfo' que a muchos sedujo?

Con los Juegos Olímpicos de Río está ocurriendo algo similar: la sociedad está enojada con el gobierno por el mediocre desempeño de la delegación mexicana. Pero es un error culpar al gobierno del fracaso de los atletas, y estoy seguro de que si hasta este momento tuviéramos cinco o siete medallas acumuladas, la gente no atribuiría a la Conade el triunfo, ni se aplaudiría la gestión de su titular Alfredo Castillo.

¿Qué significa esto? Que la bajeza, el recelo y el resquemor están instalados en el ánimo de la sociedad. Atribuir todos los triunfos al esfuerzo individual del pobrecito mexicano luchón, y todos los fracasos al gobierno de Enrique Peña Nieto sólo refleja la amargura colectiva en amplias capas sociales. Supongamos que hoy martes gana una medalla Alberto Álvarez en salto triple, y que Nuria Diosdado y Karem Achach se cuelgan el oro olímpico esta tarde en nado sincronizado. ¿Le lloverán aplausos al gobierno de Peña y la Conade? Claro que no. Se dirá que fue por su esfuerzo personal.

México no triunfa contundentemente en Río porque muchos de nuestros atletas son mediocres. Este fenómeno es similar a otras ramas de actividad: ni en los negocios, en el arte o en las ciencias somos los 'número uno' (ni 'dos', ni 'tres') por la misma razón: mediocridad. Deberíamos empezar a reconocer esto, tal como ocurre con el alcohólico, quien para asistir a la primera sesión de Alcohólicos Anónimos debe por principio reconocer su condición.

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