Opinión

No todo marcha bien con el PIB

 
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México

Después de que el pasado 22 de agosto el Inegi diera a conocer que con base en cifras ajustadas por estacionalidad el Producto Interno Bruto (PIB) de México había crecido 3.0 por ciento en el segundo trimestre de 2017, muchos analistas y funcionarios públicos se sintieron contentos al ver la demostración de fortaleza de la economía nacional, no obstante la manera en que se ha complicado la relación económica con Estados Unidos y el importante alza en la tasa de interés objetivo por parte del Banco de México, la cual pasó de 3.0 por ciento en diciembre de 2015 a 7.0 por ciento este año.

Pero la realidad es que de acuerdo a cifras originales del Inegi (no desestacionalizadas), en el comparativo del segundo trimestre de 2017 respecto al mismo trimestre de 2016, el PIB de México creció a una tasa de apenas 1.77 por ciento, producto de un incremento anualizado de sólo 0.68 por ciento en las actividades primarias (actividades agropecuarias), una caída de -1.06 por ciento en las secundarias (industria) y un incremento de 3.21 por ciento en las terciarias (comercio y servicios). De esta manera, el crecimiento acumulado del PIB total en el primer semestre de 2017 fue de 2.27 por ciento, tasa ligeramente inferior al 2.38 por ciento observado en el primer semestre del año pasado.

La expansión económica de México, de manera agregada, es producto de la evolución positiva de las exportaciones y del consumo privado, aunque se debe destacar la debilidad de la inversión productiva (producto del alza en la tasa de interés por parte del Banxico). México ha corrido con suerte ya que la crecimiento de la demanda externa, aunada a la depreciación del peso, han permitido que las exportaciones crezcan 10.4 por ciento en el primer semestre del año, por lo que nuevamente la demanda proveniente del extranjero es crucial para nuestro crecimiento económico.

Con esto en mente, es relevante analizar la evolución de las actividades secundarias, dado que como ya se señaló, en el comparativo del segundo trimestre de 2017 respecto al mismo trimestre de 2016 su PIB decreció -1.06 por ciento. Esta disminución es resultado de un desplome de -8.53 por ciento en la minería; un retroceso de -1.85 por ciento en la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final; una contracción de -1.55 por ciento en construcción, y del aumento de 2.04 por ciento en las industrias manufactureras. Como puede apreciarse, el sector manufacturero es el único de la industria que observó crecimiento en el segundo trimestre de 2017.

Analizando a detalle la evolución del PIB manufacturero, encontramos una situación muy polarizada en el segundo trimestre de 2017, ya que si bien hay actividades como la fabricación de equipo de transporte, la cual creció en términos anualizados 10.58 por ciento; o la fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos, que creció 7.52 por ciento; también vemos un total de 11 actividades manufactureras que reportan una caída en su PIB.

Las actividades manufactureras que reportaron una disminución de su PIB en el segundo trimestre de 2017 son las siguientes, ordenadas de menor a mayor porcentaje de caída (en paréntesis se indica el porcentaje de retroceso anualizado): fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-0.02); industrias metálicas básicas (-0.34); fabricación de prendas de vestir (-0.75); fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-1.03); fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-2.61); industria química (-3.04); impresión e industrias conexas (-3.41); curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-4.61); fabricación de muebles, colchones y persianas (-10.02); fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-11.60); fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-13.47).

De todos estos, mención especial merecen la fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir, la cual acumula dos trimestres consecutivos con caídas anualizadas; la fabricación de prendas de vestir que acumula cuatro trimestres consecutivos con retrocesos en su PIB; y el curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos que acumula cinco trimestres consecutivos con caídas en su PIB.

De acuerdo con cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) del Inegi, a junio de 2017 estas tres actividades representaban 6.1 por ciento del total del empleo manufacturero en México, por lo que su evolución es muy importante para el bienestar de miles de familias mexicanas.

Por otra parte, es necesario señalar que, también con cifras del Inegi, la actividad de fabricación de automóviles y camiones representaba 9.6 por ciento del total del PIB manufacturero en el segundo trimestre de 2016, pero debido a que esta actividad ha crecido más rápido que la mayoría de actividades manufactureras, el porcentaje de lo que representa aumentó a 10.7 por ciento en el segundo trimestre de 2017. Esto está bien de manera general, pero no es correcto que nos hagamos cada vez más dependientes en una actividad manufacturera permitiendo que las otras se hagan más pequeñas porque están cayendo.

Es muy ilustrativo de lo que sucede en el sector manufacturero de México el ver que si le restamos el valor de la fabricación de automóviles y camiones al PIB generado por el total de las manufacturas, entonces tenemos que el crecimiento del PIB manufacturero en el periodo del segundo trimestre de 2016 al mismo trimestre de 2017 hubiese sido de apenas 0.54 por ciento (en lugar del 2.04 por ciento registrado), lo que ratifica que muchas de las manufacturas en nuestro país estuvieron estancadas en el periodo de abril a junio de este año, y que en general esta actividad no marcha bien.

Todo esto debería motivar a la reflexión respecto a la utilidad de las políticas públicas de fomento a la planta manufacturera nacional, ya que muchas de ellas la están pasando mal.

¿Y por qué sucede esto? Por cuestiones de espacio, solamente explicaré dos de las razones. Por una parte tenemos que los canales de comercialización están cada vez más concentrados en menos jugadores. Vemos cómo los establecimientos afiliados a la Asociación de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) cada vez concentran más poder de compra para los fabricantes y ellos no están aceptando alzas de precios por parte de los fabricantes, con todo y que para muchas fábricas los costos de producción han subido más de 10 por ciento en lo que va de este año. De esta manera, con precios estancados y mayores costos de producción, el valor agregado que generan muchas actividades manufactureras (diferencia entre sus ventas y sus compras) se ha venido achicando, disminuyendo así su PIB y su capacidad de reinversión y crecimiento.

Esta es una de las razones por la que el comercio creció 3.0 por ciento en el primer semestre de 2017, mientras que la manufactura presenta los problemas ya arriba señalados.

Otra razón por la cual muchas actividades manufactureras están tendiendo un pobre desempeño es porque no se ha avanzado en la lucha contra el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país. El problema de importación de mercancías con precios ridículamente bajos se ha incrementado en muchos productos, entre ellos los sectores textil, vestido y calzado, lo que constituye una fuente de competencia ilegal porque se compite contra productos importados que no pagan sus impuestos correctamente.

Esta situación se vuelve aun peor cuando vemos que muchos comercializadores optan por comprarle al proveedor más barato, sin importarles si el producto es importado y fue ingresado en condiciones de subvaluación.

Dado todo lo anterior, es fundamental que se trabaje en favor de la legalidad y se combatan las prácticas que dañan a la industria manufacturera nacional. En este sentido, es importante modificar el marco legal para darle más herramientas a la autoridad para que puedan desechar el valor de las mercancías cuando éstas pretendan ser importadas en condiciones de evidente subvaluación. Y si se realiza la importación, que se les audite a estas empresas importadoras para verificar que el producto importado verdaderamente costó lo que dice la factura.

Es fundamental crear percepción de riesgo entre quienes están haciendo cosas ilegales, y para ello se debe sancionar de manera ejemplar a quien en su búsqueda de un beneficio particular, daña la capacidad productiva de la nación.

* El autor es director general GAEAP.

Twitter: @alejandrogomezt

Correo: alejandro@gaeap.com

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