Opinión

No soy un alcohólico

Bebe casi todos los días pero nunca ha pensado que hacerlo sea un problema en su vida. Porque trabaja muchísimo, cumple con todas las responsabilidades que su vida demanda y mantiene más que dignamente a una familia de cuatro.

Bebe en las comidas con amigos. Ocho o diez tequilas por lo menos, pensando que se lo merece porque lo único que hace es trabajar sin descanso. Bebe al llegar a su casa, tres o cuatro tragos todos los días. Si no lo hace no puede relajarse, ni dormir, ni reaccionar más tranquilamente cuando sus hijos le piden dinero, permisos o cuando llega el día de revisar calificaciones y jamás cumplen con sus expectativas. Él fue alumno de excelencia y nadaba como un loco. Hace más de 20 años que no entra a una alberca. Ahora bebe.

Pero es eficiente, administra negocios, persigue contadores, organiza eventos. Es la mano derecha de Moreno, el jefe, que siempre le agradece su entrega incondicional. Lleva varias semanas diciendo que si fuera un alcohólico perdido, no podría trabajar.

- Mientras él hace una defensa de su alcoholismo funcional, yo pienso en una clara evasión del problema. Las consecuencias del consumo son muchas, pero todavía no está listo para hablar de ellas.

Tiene problemas de deseo, dice aparentemente despreocupado. No se le antoja tener sexo ni tampoco masturbarse. Lo único que quiere es relajarse, que nadie lo moleste, dormir profundamente. Olvidarse de sus problemas y sobre todo, sentir. Porque la vida se le ha vuelto rutina y tedio. Porque lo que antes lo emocionaba se convirtió en indiferencia. Su mujer le parece una pesada que sólo lo molesta y lo critica, sus hijos unos convenencieros que intentan complacerlo para que les de dinero. No me gusta verme al espejo. Soy un gordo, siempre estoy hinchado, se sincera.

- Tiene una depresión importante y su solución fallida es el alcohol. Parece que así soporta mejor la carga que se le ha vuelto vivir. ¿Desde cuándo está así? ¿Hay historias de depresión en la familia? ¿Cuándo perdió la capacidad de disfrutar y divertirse sin beber? ¿Quién le enseñó el mecanismo de la evasión?

Toma pastillas para la presión y para el control de la ira. Y otra para poder dormir. Tuvo una infancia que describe como normal. Nada extraordinario. Una madre dominante pero entregada. Un padre fiestero y bebedor. Una hermana fugitiva que siempre se las arregló para vivir a miles de kilómetros de distancia. Le tocó el tigre en la rifa, dice. Desde que empezó la adolescencia, se convirtió en el compañero y protector de su madre y se sintió siempre obligado a portarse bien, a ser el hijo bueno que repararía las ausencias del padre y de la hermana. Tiene un rol similar en la familia que formó. Es responsable, confiable, organizado, exigente, ordenado. La única puerta que conoce para relajarse y olvidarse de todo es beber. No conoce otro camino, es mas: ama beber y no entiende porqué debería ser un problema si él no le falla a nadie ni amanece tirado en un callejón. Beber enciende su lado festivo, su alegría, su risa, su capacidad de abrazar, de disfrutar. Y también le apaga la memoria, los límites, el control de la agresión, la salud y la potencia sexual.

- Lo escucho. Parece que la depresión, causa y efecto de su consumo, todavía no es suficiente motivo para detenerse.

¿Tendrá ganas de morirse?

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

​Correo: valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag