Opinión

"No soy ni traidor ni héroe", expresa el "desertor" y "narcisista"


 
Colocado inevitablemente bajo los reflectores, aunque desde un principio enfatizó que nuestra atención debe dirigirse a la sociedad que rechaza, donde "todo lo que hago y digo es grabado", Edward Snowden espera oculto en Hong Kong una nueva etapa en el extraordinario giro que ha tomado su vida desde la semana pasada, cuando el aparato de espionaje estadounidense se estremeció con sus revelaciones a The Guardian y The Washington Post.
Ayer, por lo pronto, consciente de que esa nueva etapa puede desencadenarse incluso en las próximas horas, de aceptar una extradición ipso facto el jefe ejecutivo de la región administrativa especial, Leung Chun-Ying, quien puede ser presionado por Beijing, que está a cargo de sus relaciones exteriores --o bien, en una salida que no puede descartarse, por una "rendición" (secuestro) de ese aparato de inteligencia que conoce tan bien--, Snowden manifestó a The South China Morning Post que su intención es "pedir a los tribunales y al pueblo de Hong Kong que decidan mi destino. No tengo razones para dudar de su sistema".
El hombre de 29 años --cumplirá 30 la próxima semana-- nacido en Wilmington, Carolina del Norte, que se definió "ni como traidor ni como héroe. Soy un estadounidense", ha explicado al mundo que en la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) "cualquier analista en cualquier momento puede hacer blanco en cualquiera. Cualquier selector. Dondequiera", por lo que "yo, sentado en mi escritorio, tenía autoridad para grabar a cualquiera, desde usted o su contador hasta un juez federal o incluso el presidente, si tenía un correo electrónico personal", a fin de ilustrar las dimensiones del monstruo totalitario que desenmascaró.
De su vida personal, hasta el momento no se conocen pistas que permitieran imaginar la acción que lo ha catapultado a la historia. Trabajó para Dell, una de las firmas tecnológicas contratistas de la NSA como Booz Allen Hamilton, que le pagaba 200,000 dólares anuales, aunque ahora lo niega, y en los registros públicos se asienta que donó 500 dólares para la campaña de Ron Paul, el "libertario" opuesto a la ocupación de Afganistán y promotor del aislacionismo que buscó la candidatura presidencial republicana para los comicios de noviembre. Antes, en 2008, creyó en las promesas de Barack Obama.
Recluta
Hijo de padres divorciados, Snowden, se enlistó en la reserva del Ejército como recluta de las fuerzas especiales en mayo de 2004, pero al parecer por una lesión abandonó filas en septiembre del mismo año, sin que completara ningún adiestramiento. Su camino derivó hacia la nebulosa "comunidad de inteligencia", que de forma similar al Pentágono, depende cada vez más de contratistas y mercenarios, merced al proceso neoliberal de deslocalización que impulsó Donald Rumsfeld, artífice del asalto a Irak.
Llamado "desertor" por los elementos más retrógrados del Capitolio, que se han unido por una vez al identificar la amenaza a los "intereses especiales" del establecimiento, tampoco ha sido tratado muy bien por la prensa norteamericana, que así le concede en parte la razón por haberse acercado en primera instancia a TG, un diario británico, luego de descubrir que The New York Times se guardó un año la nota sobre el programa de escuchas clandestinas de la NSA, sin orden judicial, durante el régimen Bush. Por eso no puede sorprender que en el mismo TWP, que le debe los documentos del programa PRISM, el columnista Richard Cohen, sin conocerlo, haya escrito que "no es paranoico; es meramente narcisista".
Ha sido NYT, sin embargo, el medio que ha ofrecido con la pluma de David Brooks un buen acercamiento psicológico a la personalidad de Snowden, quien "moralmente involucrado y profundamente comprometido con sus creencias, sería producto de una de las desafortunadas tendencias de nuestra era: la atomización de la sociedad y la pérdida de los lazos comunitarios, la cuota que al parecer cada vez crece más de jóvenes veinteañeros que viven existencias tecnológicas en el difuso territorio entre las instituciones de su niñez y los compromisos de la familia adulta”.