Opinión

No son gobernadores,
son saqueadores

 
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Javier Duarte

Desde algún tiempo nosotros los mexicanos vemos como algo natural que nuestros días, sin faltar uno solo, nos llenen la cabeza y el estómago con noticias nefastas. Ya han dejado de ser llamativas las que tienen que ver con secuestros, fraudes, fosas clandestinas con decenas de cadáveres, descuartizados, apuñalados, linchamientos, atracos en transportes públicos, asaltos a transeúntes y el inventario es tan grande como lo es el rosario de impunidades. Rara vez sabemos de algún consignado que no sólo estuvo en los reclusorios algunas semanas para ser inmediatamente liberado; pero pensar que un pez gordo pueda ser atrapado en la red de la llamada justicia, eso sí se convierte en noticia. Es el caso de algunos gobernadores que prestan el valioso servicio de mostrarnos, aunque sea poquito, que la arbitrariedad no es total, como algunos pudieran pensar.

Para ello pasemos lista, aunque sea reducida, sobre ciertos casos de quienes juraron respetar la Constitución y velar incansablemente sobre la suerte de sus gobernados en las diferentes entidades en que reinaron.

En primer lugar está el caso de Mario Villanueva Madrid, exgobernador de Quintana Roo, quien fue acusado de narcotráfico, no se presentó a entregar el cargo a su sucesor ya que prefirió refugiarse en algún escondrijo. Fue capturado, encarcelado y extraditado a Estados Unidos.

Vienen los casos de dos gobernadores de Tamaulipas, quienes se encargaron de llenarse las maletas de dólares, pesos, terrenos, casas y de todo lo que pudieran arrasar. Tomás Yarrington y Eugenio Hernández portan la bandera de haber colaborado voluntariamente con al menos dos bandas delincuenciales a cambio de gruesas recompensas en metálico. Fidel Herrera, quien actualmente se desempeña como cónsul en la envidiable Barcelona, fue acusado de todo tipo de chanchullos y su suerte jarocha se reflejó espléndidamente al ganar tres veces los acariciados premios de la Lotería Nacional; aunque el galardón mayor fue dejar en su puesto a quien era su secretario de Finanzas: Javier Duarte de Ochoa. Este individuo aprendió bien las enseñanzas para saquear a todo Veracruz y, descubierto en centenares de trapacerías, pidió licencia al cargo para defenderse de tantas infamias. Consciente de que lo espera la prisión de San Juan de Ulúa, ha preferido esconderse y brincar a salto de mata.

Roberto Borge Angulo tomó a su estado natal Quintana Roo como un jugoso botín. Regaló terrenos federales a sus parientes y amigos para con ello buscar una amplia complicidad que le brindara la impunidad que se requiere en los buenos e ilegales negocios. No aparece por ningún lado.

Rodrigo Medina adquirió con cierta rapidez la reputación de ser un buen hijo. A su padre y amigos les dio concesiones de diverso orden: caminos, puentes, casinos, terrenos, departamentos en Estados Unidos.

Su sucesor, El Bronco, dijo tener suficientes pruebas para presentarlo ante un juez; un año más tarde, el estado de Nuevo León sigue esperando que el mandatario cumpla su promesa.

Javier Corral, nuevo gobernador de Chihuahua, ha declarado que César Duarte Jáquez le dejó una deuda total cercana a los 30 mil millones de pesos, la que sería recomendable saber en qué fue empleada. En Durango ya corren versiones de que el anterior gobernador, Jorge Herrera Caldera, amasó una cuantiosa fortuna con dineros públicos.

Guillermo Padrés, exgobernador de Sonora, después de esconderse por meses, se lanzó a la aventura mediática de autoproclamarse inocente con la ayuda del exprocurador general de la República, Antonio Lozano Gracia. Hasta donde se sabe, el caudal de sus haberes, rebasa generosamente su sueldo. Baste ver su reciente rancho, sus más de 80 cuentas bancarias que suman más de ocho millones de dólares. ¡Ah!, y sus 27 caballos de raza.

¿Y qué podemos decir de gobernadores actuales que promueven su imagen en anuncios espectaculares con dinero que no es de sus bolsillos, sino del presupuesto estatal?; ¿esto es legal, ético? Son los casos del nuevo presidenciable Rafael Moreno Valle, de Puebla, y Graco Ramírez, quien asegura que ha transformado a Morelos.

Preguntémonos si es posible tener gobernadores eficientes y honestos. ¿Tanto los que se van como los que vienen son diferentes o son más de lo mismo?

Twitter: @RaulCremoux

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