Opinión

No somos iguales

Era de esperarse. Liópez dijo en el Zócalo que no conoció a Abarca: “en el caso de Iguala no conozco al expresidente municipal prófugo, y no es un asunto sencillo, porque yo estoy recorriendo constantemente el país, siempre estoy en las plazas públicas y saludo a todos y me tomo la foto con todos”.

O sea, Liópez no comete errores ni cuando se equivoca. La cultura del secreto, aquí no ha pasado nada, Liópez no tiene nada qué decir de la coalición de la cual fue candidato a la presidencia, la misma por cierto que hizo presidente municipal al alcalde de Iguala. Otra vez, por favor, prendan la luz: ¿qué ven? Un político necio y autoritario, un caudillo que regaña, infama y gritonea. Van a perdonar la sutileza de Gamés, pero eso se ve cuando se prende la luz. Nada tiene qué decir Liópez de la izquierda que él representa y de sus gobernantes y de sus relaciones con la mafia. Perfecto, a otra cosa.

Lo que diga mi dedito

A mí que me esculquen: “Aquí aclaro: nunca en mi vida, como dirigente social, como dirigente político, he establecido relaciones de complicidad con nadie. A [mi] me pueden acusar mis adversarios de lo que les dé la gana, pero nunca van a poder acusarme de deshonesto ni de incongruente”.

Gil cree que no vale la pena darle vueltas a la noria honesta y valiente de Liópez, pero diantres, no hay que llevarse bolsas de dinero a la casa para ser deshonesto, hay otras formas de la deshonestidad intelectual, como la mentira pública, por ejemplo; de la incongruencia, en fon, que le pregunten por su amistad y trabajo, hombro con hombro, con el prócer Manuel Bartlett. ¿Cómo la ven? Sin albur.

De inmediato, Ricardo Monreal ha defendido a Liópez. “Responsabilizar a Andrés Manuel es una cortina de humo para desviar la atención de lo fundamental, que se trata de un crimen de Estado, de un genocidio”. Para nuestra desgracia, estos son los políticos con los cuales nos tenemos que arreglar: unos burros.

Que Gil sepa, nadie ha acusado a Liópez de ningún delito: ahora mal, de lo que no podrán librarse es de la corresponsabilidad de las acciones de los partidos que lo postularon. Nada dicen porque no saben cómo librarse del golpe. Peguntas: ¿quién, cómo, cuándo y por qué propuso y apoyó al señor Abarca como candidato a alcalde de Iguala? Nadie sabe, nadie supo. Hay quien dice que Los Chuchos, hay quien dice que Liópez. La verdad estaría bien saberlo, que alguien se hiciera cargo.

Un trascendido corrió la voz de que Porfirio le dijo a Cárdenas: qué chavocha la chevecha. Dicen que Cárdenas le contestó: yastate, Porfirio, que no vech que noch están echpiando? Nada le hache, a mi me gusta la chevecha, respondió Porfirio muy molesto.

Retrato de familia

La verdad sea dicha: nuestra izquierda está peor que nuestra derecha, que a su vez está peor que nuestro centro, que es inexistente. Navarrete pidió perdón por los hechos de Iguala y Guerrero; Jesús Ortega se disfrazó del hombre invisible; Zambrano juega al político digno: ¿qué es eso del crimen organizado?, pregunta con visible molestia, pues eso que su partido permitió en Guerrero, señor dirigente del PRD; Acosta Naranjo volvió a la tira cómica de Los Agachados de Rius de donde nunca debió salir; Bejarano ha vuelto por sus fueros, un político que mientras aceptaba cientos de miles de dólares de manos de un empresario chantajista, sabía cosas malas del partido, mju; Monreal iba y venía trapeando los pasillos por donde pasaría Liópez.

Sigamos con el retrato: Cárdenas se hacía viejito y Porfirio, Porfirio nada, el señor en plenitud de años, o como se diga, ha cobrado en todos los gobiernos conocidos, empezando por el de Díaz Ordaz. ¿O ya de plano nada importa?

Liópez ha dicho: “no somos iguales”. Pues parece que sí, a juzgar por sus compañeros de ruta, de partido y de coalición. De Anaya del PT y de Dante Delgado del Movimiento Ciudadano, ¿puede decirse algo que no sean sustantivos del Siglo de Oro español, como por ejemplo: truhanes, granujas, hijos de Kim Il Sung.

El retrato de la izquierda, medita Gamés, está para el arrastre, para la carnicería, para el cambio y el olvido. Con la pena, pero nada qué hacer con estos políticos de izquierda.

La máxima de Bossuet espetó dentro del ático de las frases célebres: “La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX