Opinión

No queda más

 
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[Petróleo Brent perdió en el mercado británico más de 2 dólares en su cotización. / Bloomberg]  

En función de la última información económica disponible a mayo, hemos puesto en revisión nuestras estimaciones de crecimiento económico para el presente año y para 2016. En los últimos días se han presentado al menos dos elementos que nos obligan a revisar nuestras cifras: uno, la fuerte caída de la actividad industrial y el comercio exterior en mayo, mismo que extrañamente no se vio claramente reflejado en las cifras del indicador global de la actividad económica de ese mes; y dos, el sobre ejercicio del gasto público en los primeros cinco meses, mismo que tendrá que ser ajustado en lo que resta del año si es que no se quiere entrar a la antesala de una crisis económica.

Hace dos semanas el Inegi dio a conocer que en mayo la producción industrial cayó en México, 0.9 por ciento con respecto a similar mes del año pasado, esta vez a consecuencia de la contracción de la producción minera (-8.9 por ciento) y la fuerte desaceleración de la producción manufacturera (0.8 por ciento) y de la construcción (1.6 por ciento). Es más, con base en cifras corregidas por estacionalidad, la producción industrial cayó por segundo mes consecutivo, -0.4 por ciento con respecto a abril, mostrando así que al parecer no se trata de una caída coyuntural.

Con este resultado, en el bimestre abril-mayo la producción industrial apenas creció 0.14 por ciento, en tanto que durante los cinco primeros meses del presente año lo hizo en 0.94 por ciento, cifras ambas que muestran una extraordinaria debilidad de la actividad industrial.

Por otro lado, el valor del comercio exterior cayó 7.2 por ciento en mayo con respecto a similar mes del año anterior, representando así la peor caída desde finales de 2009.

Por lo que respecta a las finanzas públicas, las cifras sobre el desempeño del ingreso y gasto público durante los primeros cinco meses del año arrojan que el déficit público acumulado pasó de 79 mil 232 millones de pesos en 2014 a 180 mil 693 millones de pesos en el presente año (aumentó 128 por ciento), producto del aumento del gasto en una proporción mayor al incremento de los ingresos (8.5 por ciento y 3.9 por ciento real, respectivamente). El déficit primario, por su parte (el que considera ingresos menos gastos, pero sin contabilizar servicios de la deuda), aumentó en 323 por ciento, al pasar de 22 mil 774 millones de pesos a 96 mil 292 millones de pesos.

Si bien a primera vista era de esperar que el déficit fiscal aumentara ante la caída de los ingresos públicos por la contracción de los precios internacionales del petróleo, las cifras anteriores muestran que no ha sucedido así: por un lado, los ingresos no han caído y, por el otro, el gasto ha aumentado, lo cual contrasta completamente con lo señalado en enero por el secretario de Hacienda de que tendría que recortarse el gasto público en 124 mil millones de pesos.

En lo que va del año, los ingresos aumentaron por el registro de algunas partidas no recurrentes, como la transferencia del remanente de operación del Banco de México en 2014 y los recursos provenientes de licitación de las televisoras; mientras que no se sabe a ciencia cierta por qué aumentaron los gastos, aunque el secretario de Hacienda ha dicho que fue a consecuencia de las elecciones.

El desempeño de las finanzas públicas durante los cinco primero meses del año complicará el ajuste del gasto en lo que resta de 2015. Dicha corrección ahora tendrá que ser de cerca de 270 mil millones de pesos en lugar de los 124 mil millones que había ofrecido en enero la SHCP, debido a que el aumento del gasto implicó un sobre ejercicio en cerca de 8.0 por ciento real con respecto a lo programado.

En el caso de que el gobierno no lleve a cabo el recorte del gasto público, el déficit fiscal, en su versión más amplia, aumentaría del 4.2 por ciento del PIB en que se encontraba al cierre de 2014 a cerca de 6.0 por ciento, con lo que entraríamos a la antesala de una crisis.

El aumento del déficit fiscal torna más vulnerable la economía no sólo porque eleva las necesidades de financiamiento del sector público en circunstancias en que se prevé una disminución en las fuentes de financiamiento a consecuencia del aumento de las tasas de interés que está preparando la Fed estadounidense, sino también porque no contribuye a ajustar la economía y el tipo de cambio real ante el choque que ha representado la caída en los ingresos derivados de la venta de petróleo, misma que se considera será duradera. Además, el aumento del déficit fiscal eleva la razón de la deuda pública sobre el PIB, poniendo en riesgo la sustentabilidad de la postura fiscal en el mediano plazo.

A consecuencia de lo anterior, estimamos que la economía pueda crecer por debajo de 2.0 por ciento este año y entre 2.0 y 2.5 por ciento el próximo.

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