Opinión

No permitas que el temor te paralice

 
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Branson. No permitas que el temor te paralice.

Durante su primer discurso de toma de posesión en 1933, el presidente Franklin D. Roosevelt proclamó, como todo mundo sabe, que “lo único a lo que debemos temer es al temor mismo; el terror sin nombre, irracional e injustificado que paraliza los esfuerzos necesarios para convertir un retroceso en avance”. Sus palabras no podían ser más adecuadas para el día de hoy.

El temor es quizá la más básica de las emociones humanas. Incluso durante los mejores tiempos, el temor es una parte constante de nuestra vida cotidiana; ya sea que temamos reprobar un examen de matemáticas en la escuela, dar una mala primera impresión a alguien o tomar la decisión equivocada en los negocios. Pero el temor también puede funcionar como un incentivo saludable para que tomemos precauciones y sopesemos cuidadosamente nuestras opciones.

Un nivel más alto de temores también nos aflige; del tipo “clase A”, el cual tiende a ser menos racional y en ocasiones puede paralizarnos. A la cabeza de la lista, según investigadores que estudian esas cosas, está el temor a volar. El temor a hablar en público y a las alturas le siguen muy de cerca. Otros temores universales incluyen el rechazo, el compromiso, las arañas, la oscuridad, la intimidad y, naturalmente, la muerte.


Hablar frente a frente con la gente, compartir el pan y las risas, o incluso las lágrimas, puede marcar toda la diferencia

Pero me pregunto: si se realizara un estudio hoy, ¿el terrorismo no estaría en la lista? ¿Los acontecimientos espantosos como los recientes ataques en París, Beirut, Bamako y ahora San Bernardino han alterado nuestra perspectiva?

El mes pasado, después de que terroristas mataron a 130 personas e hirieron a cientos más en París, no fue sorpresivo ver un repentino y marcado descenso en los llamados viajes “discrecionales” a la región. Yo he estado involucrado en la industria de los viajes aéreos por un largo tiempo, así que comprendo totalmente cómo hechos terribles como estos pueden afectar las decisiones de los viajeros. El temor a volar es lo suficientemente malo. Si se añade siquiera la más ligera insinuación de peligro de un potencial ataque, muchos viajeros cancelan por completo sus viajes.

Hemos experimentado este síndrome antes. Después de los ataques sin precedentes del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, casi todos los viajes de negocios y placer en todo el mundo se desaceleraron drásticamente. La recuperación fue lenta; pero eventualmente la industria repuntó.

Tristemente, debemos aprender a manejar la amenaza de terrorismo. Pero a diferencia de cualquier otra cosa en la lista de temores, no podemos permitir que la ansiedad por otro ataque cambia la forma en que vivimos nuestras vidas. En estos días, los cambios dramáticos continuos -tecnológicos, climáticos, políticos o sociológicos- son la nueva norma. No importa donde sea nuestro lugar de residencia, vivir con la amenaza del terrorismo parece ser ineludible.

Pero debemos recuperarnos, y debemos seguir viajando libremente, por negocios o placer. Así como las ciudades de Nueva York, Londres y Madrid se recuperaron después de que sufrieron ataques, confío en que París y la inimitable “joie de vivre” de los franceses prevalezcan rápidamente. Parte de la recuperación dependerá de que la gente siga visitando París y otros lugares que han sido afectados por el terrorismo. Es bastante alentador ver a turistas y personas de negocios viajar a Francia tras los recientes ataques. (De hecho, mientras escribo esta columna, yo estaba en camino de París para la conferencia sobre cambio climático COP21.)

Otro factor es que los gobiernos no deberían emitir advertencias de viaje innecesariamente alarmantes que desalienten a sus ciudadanos de visitar otros países. Sí, los funcionarios deberían hacer todo lo que puedan para mantener a los pasajeros seguros, pero limitar los viajes debido al temor del terrorismo es una victoria que los terroristas ansían.

Debemos recordar que así como el turismo y los viajes son importantes para la economía del mundo, también desempeñan un papel mucho más importante en la propagación de la comprensión mutua y la confianza entre culturas al parecer diversas. Ver programas de viajes y leer libros sobre personas y lugares distantes nunca es sustituto de una visita de primera mano.

Hablar frente a frente con la gente, compartir el pan y las risas, o incluso las lágrimas, puede marcar toda la diferencia.

Permíteme dejarle mi conclusión al maestro, el escritor estadounidense Mark Twain. Como es tan a menudo el caso, cuando se trata del temor, nadie lo dijo mejor que él: “Viajar es fatal para el prejuicio, el fanatismo y la intolerancia, y mucha de nuestra gente lo necesita extremadamente por estas razones. No se pueden adquirir opiniones amplias, sanas y caritativas sobre los hombres y las cosas vegetando toda la vida en un pequeño rincón de la tierra”.

Twitter: @richardbranson

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