Opinión

No le muevan

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[La riqueza se define como estabilidad económica, comenta el experto Gianco Abundiz Cabrero. / Arturo Monroy / El Financiero] 

Ayer le comentaba que si bien la política es un buen negocio en todo el mundo, en México ha sido extraordinario. En el siglo XX, fue muy raro que alguien participara en política a buen nivel y no acabara con una fortuna capaz de soportar a su familia por un par de generaciones. Ya alguna vez le daba ejemplos de personas que conocí que con puestos medianos vivían mejor que ejecutivos del sector privado, y los que alcanzaban buenos puestos efectivamente se hicieron muy ricos.

Llegar a una gubernatura o a una buena secretaría permitía opacar a un sultán. Espero que algún día haya un programa académico orientado a documentar esas fortunas, empezando con las Leyes de Reforma. Sería sumamente útil saber de dónde viene la riqueza de nuestra aristocracia criolla, y cómo se relaciona con los ganadores de la Revolución para dar como resultado el profundamente corrupto régimen en que vivimos hasta hace muy poco.

Pero lo primero que tenemos que hacer es romper definitivamente con esas costumbres, heredadas del viejo régimen, que no son otra cosa que corrupción. Para ello, el sistema anticorrupción que recientemente aprobó la Cámara de Diputados es de la mayor importancia. Como ya comentamos aquí, fue un gran triunfo de la sociedad civil ese conjunto de leyes. Parece, sin embargo, que en la Cámara de Senadores se quieren poner creativos, arriesgando lo ganado. En la lucha electoral, ahora todos los partidos quieren aparecer como padres de la legislación, y le quieren agregar asuntos que, si bien son importantes, pueden detener el proceso.

No necesitamos más creatividad legislativa. El sistema anticorrupción, como fue aprobado en Diputados, debe pasar en Senadores y debemos presionar para su pronta aprobación por al menos 17 congresos locales. Después, le suman lo que quieran. O de forma paralela, pero sin mezclar y confundir.

Es de la mayor importancia que los legisladores entiendan que su puesto no los hace más inteligentes, ni más conocedores de los temas. Su puesto consiste en representar, y por lo tanto en escuchar las diferentes voces de la sociedad. Sin embargo, una cantidad muy importante de legisladores cambia hasta el tono de voz en cuanto se hace de su curul. De pronto nos hablan desde arriba, engolados, viendo al horizonte, como si la eternidad esperara sus sabias palabras. Bueno, no es así. Si ya la sociedad, a través de un amplio grupo de organizaciones, logró que los diputados entendieran y aceptaran un buen trabajo, parecería absurdo que los senadores, en afán mayestático, decidan “corregir” y adicionar.

El proceso de construcción del Estado de derecho en México pasa por limitar el poder de los gobernadores, como he insistido en muchas ocasiones, y esto lo logra el sistema anticorrupción. A eso habrá que agregarle pronto mucha más capacidad en la Auditoría Superior de la Federación, y en la nueva Fiscalía independiente. Y hay que presionar al Poder Judicial para que en verdad se sume al proceso, y dejen de ser, como son, opacos y tenebrosos. Es decir, hay mucho más que hacer, pero no todo al mismo tiempo.

Es indudable que estar en el Senado es un honor, pero lo es porque representan a la Federación, no porque la curul los transforme en omniscientes. Su trabajo es escuchar a la sociedad y no guiarla con sermones de su moral personal. Sean tan amables de avanzar, y no le muevan.

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