Opinión

No hay crisis, hay hartazgo

 
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“En México, la economía es política, ¿por qué?” Este comentario me lo hizo un periodista inglés especializado en temas económicos en una conversación reciente. Me puso a pensar. Lo que a un extranjero, conocedor de cuestiones financieras y económicas, le llama la atención, a nosotros nos parece completamente normal.

En estos tiempos es común escuchar sobre la 'crisis' económica que estamos viviendo. De entrada, si se quiere ser preciso, es difícil hablar de crisis. En temas económicos podemos hablar de recesiones, de contracciones, de déficit, de deuda, pero no existe, como tal, una definición de crisis.

Ayer, este mismo diario señalaba los altos índices de ocupación en las vacaciones de Semana Santa. Enrique de la Madrid, secretario de Turismo, mencionó que los hoteles en México alcanzaron un promedio de ocupación de 64 por ciento. Pero destinos como Acapulco, Cancún, Ixtapa, Los Cabos y Loreto rebasaron 95 por ciento de ocupación. Es el nivel más alto en más de una década. Los destinos de ciudad vieron incrementos más moderados, pero incrementos al fin. No se trata sólo de viajeros internacionales que aprovechan un tipo de cambio más barato, sino de viajeros nacionales.

La industria de las aerolíneas ha repuntado entre enero y febrero de este año 13 por ciento frente al mismo periodo de 2016, equivalente a 14.1 millones de pasajeros adicionales. Aeroméxico ha crecido en los tres primeros meses del año 6.3 por ciento en el volumen de pasajeros, más o menos 4.5 millones de personas.

Estiman un crecimiento de 7.0 por ciento para todo el 2017. Cualquiera que haya tenido la sensación de que los vuelos siempre están llenos a la hora de comprar un boleto de avión, no estará lejos de la realidad.

Aeroméxico, por ejemplo, tiene actualmente un factor de ocupación de 80 por ciento.

El consumo sigue subiendo. Quizá no a un ritmo demasiado acelerado, pero sí a uno que no es consistente con una crisis. Las cifras de marzo de la ANTAD muestran que el consumo a tiendas totales aumentó 6.9 por ciento en términos nominales, frente al año anterior.

Dada la inflación, el incremento real es menor, pero sigue siendo positivo. Los datos de consumo del Inegi a enero de este año muestran un aumento real de 3.2 por ciento frente al mismo mes del año anterior, incrementándose tanto el consumo de bienes como el de servicios.

La confianza del consumidor sigue en niveles bajos, pero recuperándose de la impresionante disminución de enero.

Claro, no todo está de maravilla en términos económicos. Las finanzas públicas siguen presionadas, las amenazas sobre el comercio siguen presentes, continúa la falta de rendición de cuentas y transparencia en las finanzas estatales. Sobre todo, no logramos una senda de crecimiento sostenido a tasas atractivas. En consecuencia, no mejoramos en otros indicadores como pobreza, por mencionar sólo uno.

Los números no están tan mal. Incluso si el tipo de cambio siguiera tan volátil como lo estuvo a finales del año pasado y principios de este, otras variables externas no han tenido mal comportamiento.

Entonces, ¿dónde está la crisis? Es que en México la economía es política. Mi hipótesis es que la crisis radica en el hartazgo social que cada día es más evidente frente a un escándalo de corrupción tras otro, tras otro, tras otro. La corrupción involucra a todo tipo de funcionarios.

Hoy está detenido uno de los más buscados, pero no debemos olvidar que es la cabeza visible de una red. Una red tan grande que lo cubrió, lo protegió y lo ayudó durante años porque también se veían beneficiados del mal uso de los recursos públicos (eufemismo para robo de recursos públicos). ¿Hasta dónde llega esa red de corrupción?

Nunca lo sabremos. Es tan profunda que tendremos suerte si se logra procesar a algunos de sus miembros.

Tampoco sabemos el monto del desvío o del robo. Hay quien habla de 70 mil millones de pesos. El Congreso de Veracruz reportó en su Informe de Resultados de la Cuenta Pública de 2015 un daño patrimonial mayor a 14 mil millones de pesos. Los señalamientos de la Auditoría Superior de la Federación muestran irregularidades por más de 35 mil millones de pesos entre 2011 y 2014, mientras Javier Duarte gobernaba Veracruz. Son cifras exorbitantes.

Podríamos hacer un ejercicio y pensar cómo habría cambiado el estado si esos recursos se hubieran usado de forma eficiente. ¿Cuánto habría crecido? ¿Habría mejorado la infraestructura? ¿Habría disminuido la pobreza? ¿Cuántas empresas adicionales dando empleos habría? ¿Cuál sería el cambio en el nivel de vida de los veracruzanos?

Pero Duarte es sólo uno de muchos. Lo que hay es hartazgo. Hartazgo del robo descarado y sin consecuencias que se ve una y otra vez. Hay que tener cuidado. Ese hartazgo nos podría llevar a una crisis.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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