Opinión

No fue: Por qué y un pero

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Enrique Peña Nieto

1. Febrero 2014, Time titula una foto de Enrique Peña Nieto, en portada, con la frase: Saving México. Veintiún meses después, Newsweek publica otra foto del presidente con el título: El salvador que no fue.

2. No se trata, sin embargo, de un giro en la percepción de la prensa extranjera. El presidente Peña inicia la segunda mitad de su mandato con la popularidad más baja de los últimos cuatro sexenios. Según una encuesta de Reforma: 58 por ciento desaprueba versus 39 por ciento a favor.

3. Los ciudadanos, en esa misma encuesta, califican su gobierno con 4.9, por debajo de Felipe Calderón (6.3), Vicente Fox (6.5) y Ernesto Zedillo (6.7).

4. Cómo explicar ese giro radical. Las causas, sin duda, son muchas, pero hay unas más relevantes que otras. Y algunas que conviene
descartar desde el inicio.

5. Al presidente Peña sus más cercanos colaboradores le vendieron una explicación que utilizó reiteradamente: todo proceso de reforma genera resistencias y tiene un costo político; ergo, la caída de la popularidad era natural y obligada.

6. La tesis no se sostiene. Baste referir que el otro sexenio de grandes reformas, 88-94, llevó al entonces presidente Salinas a la cumbre de su popularidad a mediados y finales de su gobierno.

7. Las claves, entonces, hay que buscarlas en otro lado. La primera región a explorar es el desempeño de la economía. EPN generó expectativas de empleo y crecimiento económico que no han sido satisfechas.

8. Es indiscutible que la insuficiente tasa de crecimiento no se puede explicar sólo por factores internos. Pero también es un hecho que la “reforma fiscal” tuvo efectos negativos para la economía, las clases medias y los sectores de más bajos ingresos.

9. La estrategia de recaudación fiscal ha incrementado la presión sobre la empresas y las personas sin ofrecer a cambio transparencia en el manejo de los recursos públicos ni un combate frontal a la corrupción de la clase política.

10. Las reformas apenas han dado frutos tangibles. Y, mientras eso sea así, los cambios no serán ponderados ni los prejuicios erradicados.

11. Los escándalos de corrupción ('casa blanca', Malinalco) fueron pésimamente manejados. Se respondió mal y tarde. La cereza del pastel fue el nombramiento de Virgilio Andrade, que acabó de
hipotecar la credibilidad del gobierno de la República.

12. En materia de seguridad y violencia el balance final está por hacerse. Pero una cosa es indiscutible: la oferta de campaña –bajar en el primer año de gobierno a la mitad los delitos de alto impacto– fue una promesa hueca. Amén que la fuga de El Chapo, Ayotzinapa y la violencia en distintas regiones confirman una estrategia fallida.

13. La forma de gobernar a través de un pequeño círculo de colaboradores, inamovibles, ha tenido un doble costo: a) el presidente no tiene pararrayos; b) sin cambios en las principales secretarías de gobierno es llanamente imposible corregir el rumbo.

14. Todo esto nos remite a una pregunta simple: ¿dónde se origina ese nudo de problemas?

15. El nuevo gobierno asumió que la violencia y la inseguridad eran cuestiones de percepción que se arreglarían, sustancialmente, con un giro en el discurso oficial y con una modulación, impuesta, a los medios de comunicación. Error.

16. Lo que, a su vez, nos remite a algo más complicado: durante la campaña se presentó al candidato del PRI y su equipo como a una nueva generación forjada en la alternancia y la cultura democrática. Pero la verdad resultó pedestre: el ADN de la cultura política mexiquense era y es arcaico; ni siquiera conocían, ya no se diga la alternancia, sino una oposición fuerte.

17. Dicho eso, no se esperaba que fueran demócratas de convicción pero sí de oportunidad. Capaces de entender que no había espacio para veleidades restauracionistas. No fue el caso.

18. Así se explica que el fortalecimiento del Estado de derecho –incluida la reforma de los cuerpos policíacos y el sistema de justicia– no haya figurado como prioridad del gobierno federal.

19. No se puede, sin embargo, negar ni regatear que EPN cumplió cabalmente su compromiso de sacar adelante las reformas. Tarea que, por lo demás, sólo podía realizar un presidente priista, con ánimo reformador, porque, de otro modo, las hueste tricolores jamás se hubieran disciplinado ni entrado al aro.

Twitter: @sanchezsusarrey

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