Opinión

No es nuestra guerra

 
1
 

 

 [El escritor colombiano sostiene que la debilidad por las mujeres fomenta el tráfico de drogas / Cuartoscuro]

La guerra contra las drogas –que ha costado al país más de 100 mil muertos y 20 mil desaparecidos– no es una guerra de México. Es una guerra de Estados Unidos que México ha librado por su vecino.

En México, país de tránsito más que de consumo, erradicamos cultivos de mariguana y opiáceos, interceptamos cargamentos sudamericanos de cocaína y nos enfrentamos contra cárteles para ayudar a que la droga no llegue a la Unión Americana. ¿A cambio de qué?

En 1994, año en que inicia el TLC, México tenía un déficit comercial con Estados Unidos de mil millones de dólares, que en 2016 se convirtió en un superávit de 58 mil millones de dólares. El TLC no incluye ninguna cláusula relacionada con la lucha contra el narcotráfico. Se trata de un acuerdo tácito (o de un acuerdo que los ciudadanos no conocemos).

Ahora que Trump quiere acabar con el TLC, ¿qué incentivos tendrá México para seguir librando esa guerra?

La lucha que el Estado mexicano sostiene con los grupos criminales es apenas una parte, no la mayor, de la guerra contra el narcotráfico. La guerra en verdad significativa y sangrienta consiste en batallas entre los cárteles por las plazas y las rutas. Las plazas son centros de acopio y distribución de droga dirigida a los Estados Unidos. Las rutas son las carreteras y los caminos rurales por donde circula la droga hacia los consumidores en Chicago y Nueva York. Sin el TLC, el gobierno mexicano puede tomar varias medidas: expulsar a los agentes de la DEA (más de un centenar) que trabajan en México, cancelar el programa de lucha contra las drogas, suprimir el combate en las plazas y la persecución en las rutas (a cambio de que no se distribuyan ciertas drogas y que disminuya la violencia en ciudades mexicanas), eliminar la revisión que se hace en la frontera mexicana de los vehículos que cruzan hacia el norte (según plantea Jorge Castañeda). Eso provocaría un incremento dramático de la circulación de la droga en las plazas y rutas atomizadas y diseminadas en territorio americano, que se sumaría al flujo ya existente. La ayuda militar con la que amenaza Trump debe situarse no fuera sino dentro de sus fronteras.

Hubo un tiempo en el que la guerra que ahora se libra en México se desarrolló en Estados Unidos. Años: principios de los setenta. Lugar: Miami. La droga llegaba directamente de Colombia a Florida. Miles de vuelos cargados con cocaína hicieron que Miami creciera de manera exponencial en pocos años. Se construyeron grandes edificios, gigantescas bahías, lujosos hoteles. Miami era una plaza. Las rutas se dirigían a toda la Unión Americana, principalmente a Nueva York. Varios grupos se disputaban su control. La terrible violencia desatada en esos años en Miami se vive actualmente en varias ciudades mexicanas. Para los que no habían nacido o eran muy jóvenes, el documental Cocaine cowboys (Bill Corben, 2006) muestra las balaceras en las calles, zonas vedadas a la policía, descabezados, torturados, decenas de víctimas civiles. Las fotos de la horrible violencia mexicana que se pueden ver hoy en la prensa eran escenas comunes en Miami en los años setenta.

Fue entonces que Nixon declaró la guerra contra las drogas. La violencia de los cárteles, que no querían enfrascarse en una lucha abierta con el gobierno americano, se desplazó a ciudades mexicanas: a Tijuana, a Guadalajara, a Nuevo Laredo.

Desde comienzos del siglo XX México exportó mariguana a Estados Unidos. Las plazas y las rutas de la droga hacia el Norte se instalaron en México con la complicidad de los gobiernos del PRI. No había guerra sino acuerdos entre el gobierno y los narcos. El negoció de las drogas creció de manera vertiginosa cuando en los ochenta los narcos mexicanos hicieron un trato con sus pares de Colombia. Ellos transportaban la cocaína a México y los mexicanos la trasladaban al otro lado. El pacto entre gobierno y los cárteles se acabó cuando el PRI perdió el poder. En 2006 Felipe Calderón hizo suya la guerra americana contra las drogas. Necesitaba la aceptación y el apoyo del gobierno norteamericano, que se materializó en la Iniciativa Mérida. Con la firma del TLC el comercio de México con Estados Unidos creció 265%, multiplicando las oportunidades de pasar droga a suelo americano.

George W. Bush levantó la prohibición en 2004 de la venta abierta de los rifles de asalto, lo que facilitó que los narcos se hicieran de un poderosísimo armamento.

La guerra entre cárteles que se había iniciado en Miami en los setenta renació en casi la mitad de nuestro territorio a mediados de la primera década del siglo XXI. Una guerra costosa y sangrienta que México ha librado por Estados Unidos. Una guerra que soportamos tácitamente a cambio de una balanza comercial favorable. Una guerra, si Trump acaba con el TLC, que podría trasladarse a territorio norteamericano.

Twitter:@Fernandogr

También te puede interesar:

Un negociador racista


La lección de Moctezuma

El mentado muro