Opinión

No es momento de darse por vencido

 
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Paul Krugman.

Cualquiera que afirme tener una postura filosófica y ser indiferente luego de las elecciones de este mes está mintiendo o tiene un grave problema. Es un desastre en múltiples niveles y el daño hará eco durante décadas, si no es que durante generaciones. Y, como cualquiera que esté de mi lado en este debate, sigo sintiendo olas de pesar.

Es natural participar de recriminaciones, algunas de ellas seguramente merecidas. Pero, aunque va a ser necesario hacer una autopsia, criticar no parece útil, ni bueno para los que critican. Eventualmente, los que estamos en la centro-izquierda vamos a tener que hablar sobre estrategia política. No obstante, por ahora, quiero compartir algunos pensamientos sobre cómo deberíamos manejar esto a nivel personal.

Primero que nada, siempre es importante recordar que las elecciones determinan quién tiene el poder, no quién tiene la verdad. El impactante disgusto no significa que la derecha alternativa esté en lo correcto en considerar como inferiores a los que no son blancos o que la economía de vudú funciona. Y hay que aferrarse a la verdad lo mejor que podamos, aun cuando ésta sufra una derrota política.

Dicho lo anterior, ¿tiene sentido a nivel personal seguir luchando luego de este tipo de golpe? ¿Por qué no darse por vencido en los intentos por salvar al mundo, y simplemente cuidarse uno mismo y cuidar a los que tenemos cerca? El quietismo efectivamente tiene su atractivo. Una aclaración: luego de las elecciones, pasé gran parte del día escuchando música, haciendo ejercicio, leyendo una novela; básicamente dándole vacaciones a mi cabeza. Es imposible no sentirse cansado y frustrado luego de este tipo de revés.

Pero, eventualmente, hay que volver a defender lo que creemos. Va a ser un camino mucho más difícil y largo de lo que imaginé, y quizás termine en una derrota irreversible, o en un cambio climático descontrolado. Pero yo no podría vivir conmigo mismo si simplemente me diera por vencido. Y espero que otros se sientan igual.

PONIENDO FIN AL ROMANCE ESTADOUNIDENSE
Lo que a mí y a otras personas nos pega tan duro sobre la elección de Donald Trump como presidente no es sólo el inmenso daño que seguramente va a hacer, sobre todo a la política climática. También hay una enorme desilusión respecto de lo que veo como el final de la visión romántica de Estados Unidos.

Lo que quiero decir es la noción de la historia estadounidense como cierto tipo de novela en la cual puede haber grandes tragedias, pero siempre un final feliz. Es decir, contamos una historia según la cual durante los periodos de crisis siempre encontramos al líder (Abraham Lincoln, Franklin D. Roosevelt) y el valor moral que necesitamos.

Es un tipo particular de 'excepcionalismo' estadounidense. Otros países no cuentan ese tipo de historias sobre ellos mismos. Pero yo, al igual que otros, creo en él.

Ahora las cosas no se ven tan bien, ¿verdad? Pero darse por vencidos no es una opción. El mundo necesita un Estados Unidos decente, democrático, o todos estamos perdidos. Y sigue habiendo mucha decencia en la nación, sólo que no es tan dominante como yo pensaba. Es hora de reconsiderar las cosas, sin lugar a dudas, pero no de rendirse.

LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS
¿Cuándo podríamos esperar que los mercados se recuperen por completo?

Francamente, me resulta difícil que eso me interese mucho, pese a que es mi especialidad. El desastre para Estados Unidos y para el mundo tiene tantos aspectos que las ramificaciones económicas están muy abajo en mi lista de cosas que se deben temer.

De todas formas, supongo que la gente quiere una respuesta: si la pregunta es cuándo se recuperarán por completo los mercados, una primera respuesta es: nunca.

Bajo cualquier circunstancia, poner a cargo de la nación con la economía más importante del mundo a un hombre irresponsable e ignorante que toma consejos de todas las personas equivocadas sería una noticia muy mala. No obstante, lo que la hace especialmente mala en este momento es el estado fundamentalmente frágil en que se encuentra gran parte del mundo.

Es cierto que Estados Unidos ha estado sumando puestos de trabajo a un ritmo bastante bueno. Pero nos ha estado yendo bien sólo gracias a tasas de interés extremadamente bajas. La Reserva Federal y sus contrapartes del exterior tienen muy poco espacio para recortar más las tasas.

Ahora llega una presidencia Trump, la madre de todos los acontecimientos adversos, y lo que conlleva es un régimen que será ignorante de las políticas económicas y hostil a cualquier esfuerzo para hacerlas funcionar.

Así que muy probablemente vamos a tener una recesión global, sin fin a la vista. Supongo que de alguna forma podríamos tener suerte. Pero para la economía, y para todo lo demás, acaba de suceder una cosa terrible.

NUESTRO PAÍS DESCONOCIDO
Luego de estas elecciones, lo que sabemos ahora es que gente como yo, verdaderamente no entendíamos el país donde vivimos. Pensamos que nuestros conciudadanos, al final, no votarían por un candidato tan manifiestamente poco calificado para el alto mando, tan espeluznante aunque ridículo.

Pensamos que la nación, pese a estar lejos de haber trascendido los prejuicios raciales y la misoginia, se había vuelto enormemente más abierta y tolerante con el paso del tiempo.

Nos equivocamos. Resultó que había un enorme número de personas que no comparte para nada nuestra idea de qué es Estados Unidos.

Para ellas, tiene que ver con la sangre y con la tierra, con el patriarcado tradicional y la jerarquía racial.

Y había muchas otras personas que quizás no compartían esos valores antidemocráticos pero que de todas formas estuvieron dispuestas a votar por cualquiera que portara el sello republicano.

Supongo que tenemos que levantarnos e intentar encontrar una forma de seguir adelante, pero esta ha sido una noche de terribles revelaciones, y no pienso que sea autocomplacencia sentir muchísima desesperación.

Twitter: @paulkrugman

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