Opinión

No es lo que piensas

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Gayle Newland.

Repantigado en el mullido sillón, Gamés recibió el informe de uno de los drones que vigilan el amplísimo estudio y sobrevuelan además la vida loca en el mundo: “todo es muy raro”. Gil lo leyó en su periódico Reforma. La petite histoire: una mujer le contó a la Policía británica su calvario. Un día descubrió que su novio de dos años en realidad era una amiga. Así pasa con las apariencias, ves algo y de pronto no lo ves; aparece una cosa y luego desaparece; ley de la vida, medita el filosófico Gilga. La trama apareció en The Telegraph. Como lo oyen, y si Gamés fuera alguna de ustedes revisaría meticulosamente al novio para comprobar que no es una amiga. Es más difícil que un hombre tenga una novia que en realidad es un amigo de toda la vida, pero no nos desviemos.

La mujer engañada pensaba que mantenía relaciones con Kye Fortune, un hombre al que conoció en Facebook y que se recuperaba de un tumor cerebral, razón por la cual él no quería que ella viera sus cicatrices. El hombre que en realidad era su amiga Gayle Newland la convenció de usar una venda en los ojos durante sus encuentros sexuales.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: nada ni nadie son imposibles. Gamés previene a los lectores, las lectoras y les lecteres: si les gusta la vendita en los ojos, el amarre perro, como diría Castañeda, el juego de la gallinita ciega y a ver: ¿ésta es mi mano?, mucho cuidado porque pueden llevarse una sorpresa, incluso una agradable sorpresa, pero sorpresa al fin. Y como dice el refrán: palo dado ni Dios lo quita.

Confianza
Como dice el filósofo: el que quiera tener confianza, que la tenga, y el que no, no. Newland enfrenta cargos en la Corte de Chester Crow donde ha negado cinco acusaciones por asalto sexual. Cuidado con Facebook, dice Gil como si fuera la tía Eduviges. La víctima recibió una solicitud de amistad de un hombre que se presentaba como mitad filipino y mitad latino. De ahí a la primera cama mediaba un paso, largo (no empiecen). Kye Fortune le dijo a su pretendida que antes de que le descubrieran el tumor en la cabeza tuvo un accidente automovilístico y que no estaba como para que lo vieran ni los perros callejeros. Consecuencia: venda en los ojos y caricias de seda en piel de ángel.

Cada quien cree lo que quiere creer y la demandante le creyó a Kye. Un día decidieron reunirse en un hotel y empezó el zafarrancho, porque le dirán la misa a Gilga, pero al parecer la demandante la pasó a las mil maravillas. La mujer cuenta que cuando salió del baño de la habitación del hotel encontró la cama cubierta de pétalos de rosa y de gatos de Hello Kitty. Gilga abandonó el mullido sillón del amplísimo estudio y farfulló: íbamos muy bien, pero pétalos y Kittys son imperdonables. Ambas mujeres deben ser condenadas a prisión y trabajos forzados. Las apariencias no engañan. ¿O cómo era?

Ojos bien cerrados
La mujer afirma que Kye usó un “pene protésico” para engañarla. Anjá. Gilga ha visto algunas películas españolas en donde una mujer dice: “Venga, maja, trae el cinturón con polla”. Gilga supone que eso es un “pene protésico”.

Así las casas (muletilla patrocinada por Grupo Higa), una vez consumado su loco amor, la mujer afirma que algo en su mente le dijo: “Quítatela, quítatela”. Se refería a la venda en los ojos, por supuesto. Y se la quitó. Enseguida vio a su amiga Gayle al pie de la cama. Al ser descubierta, Gayle le dijo una frase clásica: “No es lo que piensas”. Ah, cavila Gilga, la vida escribe malas novelas, peores que las de algunos novelistas de fuste y fusta.

La máxima de Winston Churchill espetó dentro del ático de las frases célebres: “Esfuérzate por mantener las apariencias, que el mundo te abrirá crédito para todo lo demás”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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