Opinión

No es la economía

   
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La relación de Trump, los medios y el peso

Los costos que Marx ha tenido para la humanidad son mayúsculos. Aunque ahora parece que muchos jóvenes no están ni enterados, muchas de las grandes tragedias del siglo XX (no todas) ocurrieron bajo gobiernos que dijeron estar siguiendo las ideas del filósofo alemán. La excusa de los marxistas siempre ha sido que se trató de una mala interpretación de su guía espiritual. Pero si bien las ideas marxistas perdieron mucho mercado después del fracaso soviético, la invasión de las mismas a las universidades nunca se revirtió. Y ese costo, me parece, es también significativo.

Desde Marx, la idea de que la sociedad responde esencialmente a la economía se ha convertido en una verdad irrefutable. En el siglo XX, esa interpretación empezó a invadir todo el ámbito de las ciencias sociales y las humanidades, de forma que nuestras explicaciones del pasado, de la cultura, e incluso del arte, se convirtieron en descripciones materialistas ramplonas. Peor todavía, ha sido tan rígida la camisa de fuerza, que los estudiosos han dejado de ver aquello que no cae dentro de su pre-juicio. Así inventó V. Gordon Childe la “Revolución neolítica”, o Karl Wittfogel los “Imperios hidráulicos”, nuestros estudiosos la “teoría de la dependencia”, o el galimatías que todavía se estudia del “sistema-mundo”.

Para que tenga una idea de lo que esto significa, mientras que en la sociedad tenemos visiones diferentes de la realidad, en la academia eso no ocurre. Es raro que una posición ideológica supere a otra en razón superior de 2 a 1 en la sociedad, pero en la academia las posiciones “de izquierda” superan a sus contrarias en razón de 14 a 1.
Es decir, que 93% de los académicos representan una visión del mundo que, en la vida real, no llega al 50%. Al revés, la otra mitad de los seres humanos tiene sólo 7% de los académicos “de su lado” (Duarte, Crawford, Stern, Haidt, Jussim y Tetlock, en Behavioral and Brain Sciences, 2015).

Aunque no toda la izquierda es marxista, me parece que el énfasis excesivo en la economía sí es compartido. Y esto lleva a construir explicaciones de la realidad que muy probablemente no tienen sentido.
Se me ocurren muchos ejemplos, pero déjeme concentrarme sólo en uno: el ascenso del populismo. La explicación más frecuente que veo en medios es que la economía explica ese fenómeno. Sin embargo, es muy difícil (si no imposible) establecer una relación causal entre dos fenómenos cualesquiera de la vida social, y por eso una visión más amplia puede ser mucho más útil. Milo Beckman, para 538, la empresa de estudios de opinión, analiza el voto potencial por Trump y llega a la conclusión que, más que la economía, lo que explica ese fenómeno es una combinación de nivel educativo y religión. Y ambos, sin duda, tienen relación con los ingresos de las personas, pero no son lo mismo. En un amplio editorial de Project Syndicate, publicado el 28 de octubre pasado (Does economic pain really explain populism?), la conclusión es que el populismo no resulta del “sufrimiento económico”.

Estoy convencido de que el factor determinante en el populismo (de Trump, el europeo, el latinoamericano) es el miedo. Cuando las personas tienen miedo, reaccionan agrupándose, histéricas, buscando una “comunidad imaginaria” en un pasado común y una amenaza tangible: los otros. Esos otros pueden ser las mujeres, los inmigrantes, los diferentes, y siempre “los ricos”. Eso es lo que aprovechan las personas que buscan el poder a cualquier costo, guiando a esas personas con miedo hasta convertirlas en una masa agresiva y violenta. Por cierto, eso siempre termina en tragedia, y no falta quien lo justifique encontrando razones económicas detrás. Cuánto daño ha hecho Marx.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey


Twitter: @macariomx

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