Opinión

No es el Estado

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El Titánic japonés

Quienes se dedican a las relaciones internacionales suelen fechar el inicio del sistema de naciones en 1648, con el tratado de Westafalia, que dio fin a la Guerra de los Treinta Años. Quienes tienen una visión más orientada a política e historia, prefieren 1815, cuando se construyó el mapa moderno de Europa, a la derrota de Napoleón. Otros más prefieren considerar el fin de la I Guerra Mundial, cuando terminaron los imperios y aparecieron naciones por toda Europa, o el fin de la Segunda, cuando esto ocurrió en África y Asia, con las Guerras de Liberación Nacional.

Aunque se puede argumentar que el Estado existe desde hace mucho más tiempo, la época del Estado moderno se asocia con alguna de las fechas comentadas. La versión nacional ocupa un tiempo mucho más reducido, y a veces se limita el nacionalismo al tiempo que va del fin de la I Guerra hasta inicios de los setenta, tal vez un poco más, con lo que coincide, a grandes rasgos, con la Guerra Fría.

Uno de los fenómenos interesantes del fin de la Guerra Fría es que la dinámica de competencia pasó de ocurrir entre Estados a hacerlo entre éstos y los llamados agentes extraestatales. Con mayor frecuencia desde los años setenta, los conflictos no ocurren entre dos Estados o naciones tratando de redefinir sus límites, sino entre quienes ocupan un Estado y quienes quieren sustituirlos. Más que un tema geopolítico, es un asunto de competencia de legitimidades.

Creo que en esta lógica debemos analizar la vida actual, y eso permitiría ver cosas que hoy no vemos. Por ejemplo, si la lucha es por la legitimidad entre el grupo que ocupa el Estado y quienes quieren sustituirlos, entonces los llamados “agentes antisistémicos” deben ser tratados como un Estado en ciernes, o como se hacia antes, como un Estado en pugna. Pero esto no ocurre. Los medios de comunicación, por ejemplo, no se han dado cuenta de este fenómeno y cuidan (cuando lo hacen) de no acercarse demasiado al Estado, y no perciben que caen en manos de los grupos antisistémicos. Por lo mismo, la crítica que se lanza contra el Estado (correctamente) no se lanza de la misma forma contra estos grupos, con lo que éstos obtienen ventaja.

El caso extremo, en el que creo que todos coincidiríamos, es el crimen organizado, que es un grupo que intenta sustituir al Estado, y que en diversas regiones del país no recibió críticas suficientes. Especialmente cuando criticar al gobierno pudo hacerse en forma, desde 1997. Me imagino que habrá menos coincidencia con los grupos subversivos, que suelen ser tratados con demasiada paciencia por muchos medios, que siguen pensando que el enemigo es el Estado, como si siguiésemos en la Guerra Fría.

Y la discusión será mucho mayor cuando pasamos a los organismos pantalla, sean del crimen organizado o la subversión, que en muchos casos afirman dedicarse a la promoción del desarrollo social o la defensa de derechos humanos. Y si a esto le sumamos organizaciones ecologistas que tienen el mismo fin, la discusión será apasionada y posiblemente violenta. Es decir, los grupos antisistémicos han sido tremendamente exitosos en fingir objetivos para aprovechar la deficiencia de la discusión pública que no ha entendido el cambio de tablero.

Espero poder explicar con más detalle este asunto que creo que es de la mayor importancia.

Twitter: @macariomx

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