Opinión

No es de personas

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Marcelo Ebrard, exjefe de gobierno del Distrito Federal, asistió a la Cámara de Diputados a la reunión de trabajo de la Comisión Especial sobre la Línea 12 del Metro. (Cuartoscuro)

En la presentación de Virgilio Andrade como secretario de la resurrecta Función Pública, Peña Nieto insistió en que el presidente no decide acerca de contratos o licitaciones. Unos días antes, el secretario Videgaray había dicho algo muy similar, en referencia a su paso por la Secretaría de Finanzas del Estado de México.

Es interesante que Marcelo Ebrard basa su defensa, en el caso de la Línea 12, exactamente en el mismo argumento: el jefe de Gobierno no decide contratos o licitaciones, y si hay alguna culpa es de la ingeniería mexicana que fue la que determinó las especificaciones del Metro. A fines de la semana pasada, Mario Delgado, quien fuera su secretario de Finanzas, decía en su cuenta de Twitter: “la Secretaría de Finanzas del DF no tapa baches ni compra vacunas ni renta trenes, la elección de los trenes requirió conocimiento técnico”.

Pero no son los únicos. Hace casi 11 años salieron a la luz los videos que involucraban al secretario de Finanzas del DF y a René Bejarano, hasta unas semanas antes secretario particular del jefe de Gobierno y en ese momento candidato a la Asamblea, en malos manejos. Uno jugando fortunas inexplicables en Las Vegas, el otro recibiendo dinero en efectivo. La respuesta del jefe de Gobierno de entonces, Andrés Manuel López Obrador, fue que sus enemigos querían destruirlo, que él no se juntaba con “gente que tenga malos antecedentes”, y que él no tenía responsabilidad en lo que hacían estos funcionarios (notas de El Universal, a partir del 4 de marzo de 2004).

Como puede usted ver, en todos los casos ocurre algo similar: en el momento en que se detecta un caso irregular, sea conflicto de intereses, incompetencia o corrupción, los responsables no admiten responsabilidad. Los casos mencionados corresponden a tres partidos diferentes el día de hoy pero, fuera de eso, son idénticos. No se concluye de esto que el partido grande restante, el PAN, o alguno de los pequeños, sea por definición diferente. Los pequeños no han tenido mucha oportunidad de mostrarse, y el PAN tiene encima el asunto de los “moches”.

No, lo que me interesa hacer notar es que el problema no es de personas, sino de instituciones. En las condiciones actuales, todos los políticos enfrentan una gran presión para el uso inadecuado de recursos públicos. Unos para hacer campañas, otros para su enriquecimiento personal, pero todos están saqueando al erario.

La conclusión debería ser evidente: de nada sirve llenar de insultos a uno u otro. Por un lado, el marco legal no permitirá castigarlos en serio, porque ese marco legal se hizo precisamente para que floreciera la corrupción, que en el viejo régimen era funcional. Por otro, si usted quita a uno para poner a otro, no habrá cambio alguno.

Lo que se requiere es forzar a la construcción de reglas diferentes. La idea de que la OCDE aporte conocimiento técnico es buena; la fiscalía autónoma, más. Las tres declaraciones ayudan, pero sólo cuatro, de 628 legisladores, aceptaron presentarlas.

Si los políticos no entienden que ha llegado el fin de la corrupción ilimitada, la situación puede ser inmanejable muy pronto. Sobran ejemplos de otros países en otros momentos. Pero la sociedad debe mantener ese único objetivo: el fin de esa corrupción ilimitada, nada más. Si se dispersan, la oportunidad se viene abajo.

Twitter: @macariomx

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