Opinión

No a la cultura de odio de los palestinos hacia los judíos

10 octubre 2016 5:0
 
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Shimon Peres. (Reuters)

El 28 de septiembre murió a los 93 años, Shimon Pérez (SHP), primer jefe del gobierno de Israel tras la fundación del Estado en 1948; SHP perteneció a la generación de visionarios que encabezó su mentor y guía David Ben Gurrión, la que con el tiempo transformó a Israel en un país vanguardista en el mundo en el desarrollo científico y tecnológico y creador de un sistema democrático único en el Medio Oriente. No obstante, que SHP fue un elemento fundamental en la creación de un poderoso Ejército, retomó los valores éticos del judaísmo para buscar la paz con sus belicosos vecinos palestinos, de aquí que en 1994 se le otorgara el Premio Nobel de la Paz junto con el Primer Ministro Yitzhak Rabin y el líder palestino Yasser Arafat; SHP fue uno de los artífices de los Acuerdos de Oslo de 1993 en los que se acordó buscar la paz entre Israel y los palestinos y la creación de un Estado palestino a través de la negociación bilateral.

Durante 65 años de su vida SHP los dedicó a ser funcionario público y en todos los cargos que desempeñó hizo denodados esfuerzos por conseguir la paz, particularmente en los últimos siete años en los que fue presidente de Israel; cuando renunció a su cargo en el 2014, siguió con la incansable tarea de buscar la paz y, hasta su muerte, mantuvo ese propósito. SHP sabía que la paz con los palestinos no era viable en el corto plazo, sin embargo, confiaba que finalmente se alcanzaría.

Los líderes palestinos que han fomentado el odio contra los judíos e israelíes están contentos con el deceso de SHP; los de Hamas expresaron una alegría desbordada y afirmaron que SHP fue uno de los arquitectos de la ocupación israelí de Palestina, que “fue un criminal que provocó un derramamiento de sangre”; para ellos la reanudación del proceso de paz está muerto; pienso que están equivocados. Ciertamente, a pesar de que los palestinos, instigados por sus líderes han mantenido una intifada (revuelta) silenciosa con la “guerra de los cuchillos”, de que Hamas que gobierna la Franja de Gaza, se esté rearmando y rehabilite y construya nuevos túneles para atacar a Israel, de que el Estado Islámico (EI) pudiera unirse a las fuerzas antiisraelíes para “conquistar Jerusalén”, existen crecientes evidencias de que los opositores palestinos a sus regímenes dictatoriales y corruptos, están convencidos de que la cultura del odio a los judíos y a Israel no ha mejorado sus condiciones de vida, por el contrario, las ha empeorado, han decidido “pasar la página con Israel” y buscar una auténtica reconciliación con los que hasta hoy día han sido sus enemigos.

En este contexto, en Hebrón, entre otras localidades de Cisjordania, han surgido voces disidentes en un influyente clan familiar que consideran que en las circunstancias actuales de la relación entre palestinos e israelíes, y, en general de las prevalecientes en el Medio Oriente, es difícil establecer un Estado Palestino. Cabe destacar que Hebrón es la segunda ciudad más importante de Cisjordania en la que residen 175 mil palestinos y alrededor de mil colonos judíos.

Los disidentes palestinos están promoviendo la reconciliación como alternativa al odio y la venganza; piensan que la paz se puede lograr a través del diálogo entre las partes para que se conozcan más entre sí. Esta campaña del clan disidente palestino de Hebrón no ha estado exenta de dificultades y riesgos. Los disidentes han perdido la confianza en la capacidad de sus líderes para mejorar sus condiciones de vida y para lograr una mayor estabilidad en la región. Los dirigentes palestinos han creado un vacío que proporciona una oportunidad para el entendimiento entre israelíes y palestinos. No obstante, la posición de los disidentes es difícil en virtud de que han perdido el apoyo y la protección de su clan y se les boicotea socialmente, incluso, peligran sus vidas por que se les ha calificado de traidores y colaboradores de Israel.

Por otra parte, se ha conformado un movimiento social entre activistas palestinos e israelíes, que de acuerdo a la analista del Medio Oriente, Esther Shabot, “luchan por hacer oír sus demandas de dejar de vivir en la sombra de la guerra, la injusticia y la crueldad; se trata de organizaciones ciudadanas agrupadas bajo el nombre de Alianza para la Paz en el Medio Oriente”.

En este complejo marco sobresale que la situación geoestratégica en el Medio Oriente ha cambiado significativamente a raíz de la guerra civil de Siria que ya se ha prolongado por cinco años, de las revueltas populares en países árabes, la denominada Primavera Árabe del 2011; de la aparición del EI, del vacío institucional y de poder en Irak, Libia, Yemen y Líbano, “que han perdido rápidamente su unidad como Estados y experimentan una fragmentación que presagia su próximo fin como estructuras estatales sólidas”.

Los hechos mencionados han modificado las tradicionales alianzas estratégicas, económicas, políticas y militares en su lucha por la hegemonía regional que han emprendido, Rusia, EUA, Irán, Arabia Saudita, Egipto y Turquía, principalmente, con ello ha mermado su interés en los palestinos.

En este marco, Egipto, que durante décadas fue un encarnizado enemigo de Israel, a quien enfrentó en cuatro guerras en coalición con otros países árabes, y en una de ellas, en la guerra de los Seis Días de junio de 1967, Israel lo humilló cuando sus aviones destruyeron completamente a la fuerza aérea egipcia en tierra e Israel conquistó la Península del Sinaí de 60 mil km2 que le fue devuelta en 1979 por el Tratado de Paz firmado entre ambos países y el establecimiento de relaciones diplomáticas. La retirada de Israel del Sinaí se completó el 25 de abril de 1982 tras desmantelar el asentamiento de Yamit.

Los vínculos entre Israel y Egipto habían tenido altibajos hasta que al Sisi llegó al poder hace tres años después de derrocar al presidente electo democráticamente Mohamed Morsi, proveniente de la radical Hermandad Musulmana, a la que hasta la fecha al Sisi evalúa como el mayor peligro para la seguridad de Egipto. Los imperativos de la seguridad de Israel y Egipto por la amenaza de los grupos yihadistas, filiales del EI, que operan en la Península del Sinaí y las sensibilidades frente a un Irán nuclear, están las principales razones de su acercamiento.

Egipto ha luchado durante 5 años contra la insurgencia yihadista en el Sinaí que ha matado a cientos de personas, principalmente soldados y policías. Por lo demás, en la Franja de Gaza Hamas está cooperando con los terroristas de la Península del Sinaí, debido a que Hamas es una escisión de la Hermandad Musulmana.

Por otro lado, naciones sunitas miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), Arabia Saudita, Barein, Kuwait, Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos (EUA) han mantenido diálogos con Israel, por el creciente temor que les genera la alianza entre Irán (chiita) y Rusia que buscan la hegemonía regional. Funcionarios de la Defensa de Israel han mantenido diálogos con los de Arabia Saudita sobre como contener a Irán, con el que esta última rompió relaciones a principio de este año. El CCG ha revertido su hostilidad hacia Israel por intereses pragmáticos de seguridad y de negocios, lo que ha significado implicaciones importantes para la seguridad de Israel y el equilibrio geopolítico del Medio Oriente. En este sentido, Israel y Arabia Saudita están desarrollando un comercio ascendente a través de terceros para que Arabia Saudita no sea estigmatizada por el mundo árabe.

Aunque los integrantes del CCG oficialmente contemplan a Israel como una amenaza, han estrechado sus lazos en materia militar, incluso Arabia Saudita ha ofrecido su territorio a Israel como base para atacar las instalaciones nucleares de Irán. El nuevo entorno de relaciones entre Israel y CCG ha significado que varios de sus integrantes hayan reducido su apoyo financiero a los palestinos.

Asimismo, Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Jordania, con la que Israel estableció relaciones diplomáticas en 1994, han acordado una estrategia para sustituir a Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina y dejar el control de la misma a su rival Abbas Mohamed Dahlan, con la idea de debilitar a Hamas, que niega abiertamente la existencia de Israel, y reforzar a la Autoridad Palestina con el fin de crear condiciones propicias para un acuerdo de Paz entre Israel y los palestinos con apoyo de los países árabes. El proceso podría ser tortuoso, empero, sería un buen principio para la Paz anhelada por SHP.

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