Opinión

Nkosazana Dlamini-Zuma y la Visión 2063 de África


 
 
Con optimismo, el sábado la Unión Africana (UA) celebró en Adis Abeba, la capital de Etiopía, sus primeros 50 años de vida, marcados por las luchas en favor de la independencia y en contra del colonialismo y el apartheid; para superar la grave etapa de conflictos internos que ha socavado al continente y para afianzar el periodo actual de crecimiento económico que disfrutan algunos de sus 54 miembros, con la esperanza depositada en su Visión 2063 para el próximo medio siglo.
 
Al inaugurar la cumbre en la sede de la UA, Hailemariam Desalegn, primer ministro etiope, aseguró que están vigentes las aspiraciones panafricanistas que dieron origen al organismo -impulsadas en los albores del siglo XX por intelectuales como Edward W. Blyden, W.E.B. Du Bois y Marcus Garvey-, en especial para las naciones que todavía enfrentan pobreza extrema y violencia.
 
"La mayor responsabilidad de esta generación y de las siguientes es crear un continente libre de pobreza y conflictos, así como una África cuyos ciudadanos tengan un ingreso medio", subrayó Desalegn, mientras que la presidenta de la Comisión de la UA, Nkosazana Dlamini-Zuma, afirmó ante las delegaciones invitadas, que incluyeron a Ban Ki-moon, secretario general de Naciones Unidas, y John Kerry, canciller estadounidense, que el panafricanismo "unificó e inspiró a nuestro pueblo para nunca aceptar la opresión".
 
Fundada en 1963 por un puñado de países independizados, recordó AP, la Organización de la Unidad Africana (en 2002 cambió su nombre) nació en pleno combate al régimen de segregación en Suráfrica y al dominio colonial que todavía ejercían en parte del territorio Gran Bretaña, Francia, Portugal y España. Hoy, su mira está puesta en la Visión 2063, proyecto que deberá conducir a la futura integración política y económica.
 
Abundantes
 
Sin embargo, abundan los retos. En Libia se consolidan las milicias islámicas que tras el derrocamiento de Muamar Kadhafi se propagaron a Chad y Níger, al tiempo que persisten las pugnas en Sudán, el país africano más grande, dividido en los últimos años por conflictos étnicos y políticos atizados por la injerencia extranjera. Lo mismo puede decirse de la República Democrática del Congo, otro de los estados con mayores riquezas naturales del mundo y de la estratégica Somalia, en guerra y sin gobierno estable desde la década de 1980.
 
Nigeria, por su lado, está lejos de convertirse en la gran potencia del occidente que su población y recursos prometían; pero en África también se hallan nueve de las 15 economías que crecen más rápido, generando una competencia por inversiones e influencia política entre Estados Unidos y China. Según la Comisión Económica de la ONU para África, su crecimiento será de 4.8% este año y en 2014 alcanzaría 5.1%.
 
A la búsqueda de una voz propia para el bloque, Desalegn acusó a la muy sesgada Corte Internacional de Justicia de racismo, al exigir que cese el proceso sobre el presidente y el vicepresidente de Kenia, Uhuru Kenyatta y William Ruto, respectivamente, por presuntos crímenes contra la humanidad durante las elecciones de 2007, en las que murieron más de 1,000 personas, explicó AFP.
 
Se trató de la primera vez en que la UA se pronuncia en rechazo del tribunal, que encabeza el gambiano Fatou Bensouda, desde que en 2009 presentó cargos formales para enjuiciar al mandatario sudanés, Omar el Bashir, por el supuesto genocidio en Darfur.
 
Por lo demás, la cumbre que el premier etiope clausuró el lunes también tuvo su momento amargo de censura, y es que Dlamini-Zuma, primera mujer que dirige la UA, prohibió de manera inédita la participación de organismos no gubernamentales en los trabajos, justo mientras se discutían los detalles de la Visión 2063. 'Las sesiones cerradas son cerradas y nosotros decidimos cuáles son cerradas', dijo la excanciller y ministra de Salud y de Asuntos Internos de Suráfrica.
 
Elegida al cargo en 2012, la zulu Dlamini-Zuma es también la exesposa del presidente Jacob Zuma y pertenece a la generación histórica que enfrentó al apartheid en la clandestinidad. Considerada aspirante al Ejecutivo en 2009, estudió medicina en las universidades de Bristol y Liverpool, aunque fue criticada por respaldar, en plena epidemia de VIH, la distribución de Virodene, un medicamento cuyo principal ingrediente activo es un solvente industrial y que la comunidad científica considera un fraude.