Opinión

Nigel Farage y el UKIP apresuran referéndum británico sobre Europa


 
 
El golpe al establecimiento político fue demoledor. Con 23% de los votos -sólo dos puntos abajo del oficialismo conservador- que aumentó de 8 a 123 sus escaños en los consejos municipales, el sábado el Partido Independencia del Reino Unido (UKIP), dirigido por Nigel Paul Farage, se alzó con un sorpresivo triunfo en las elecciones locales inglesas, que sacude los planes del premier David Cameron y podría adelantar la consulta sobre la membresía británica en la Unión Europea.
 
Siempre optimista y extrovertido, Farage, de 49 años y nacido en Kent, hijo de un corredor de bolsa en la City que abandonó muy pronto a la familia, había pronosticado que su formación antieuropea y xenofóbica lograría 14% de los sufragios. Ahora, restando apoyo a los tories de Cameron, los laboristas de Ed Miliband (29) y los demócratas liberales de Nick Clegg (14), coloca a Inglaterra ante un panorama inédito, en el que ninguno de los partidos dominantes, cuya votación está en caída desde los años cincuenta, obtuvo más de 30% de las preferencias.
 
Pocos dudan que el UKIP, que ya en 2009 superó a laboristas y demócratas liberales con más de dos millones de votos en los comicios al Parlamento Europeo, se perfila como fuerza en ascenso rumbo al proceso general de 2015, cuando Cameron buscará repetir en Downing Street. Tony Travers, experto de la Escuela de Economía de Londres, indicó a The Guardian: "Normalmente soy cauteloso, pero creo que las placas tectónicas se están moviendo. El voto para los 3 principales institutos fue incluso más bajo que en medio del escándalo de gastos de los legisladores en 2009. Podemos imaginarnos a Cameron, Miliband y Clegg reuniéndose para preguntarse por qué el UKIP le pega a todos".
 
Zarpazo
 
Así las cosas, frente a la perspectiva de otro zarpazo en la elección europea de mayo de 2014, la facción thatcherista de los conservadores y David Davids, exaspirante al mando del partido, pidieron a Cameron convocar a dos referéndums sobre la UE; el primero, que se efectuaría en paralelo a los comicios, definiría la autoridad del primer ministro para renegociar los términos de la membresía británica en temas como empleo, inmigración y cooperación judicial y policiaca. Una segunda consulta, durante la próxima legislatura (en 2015 y no en 2017, como Cameron planteó), determinaría la permanencia del país en el bloque.
 
El riesgo de que esta maniobra, en lugar de quitar respaldo al UKIP, propicie una corrida a la derecha de los 'tres grandes', resulta evidente; sin embargo, en su primera reacción a la victoria del UKIP -al que llamó en 2006 'un montón de payasos, solitarios y racistas de closet'-, Cameron manifestó que 'no es bueno insultar al partido que la gente escogió', pero advirtió que 'serán sujetos a un escrutinio apropiado de sus planes'.
 
Pero según The Mirror, en los planes de Farage para negociar una coalición de gobierno dentro de 2 años no entra Cameron. "Hará un trato con el diablo si es necesario, pero no trabajará con los tories si Cameron es su jefe. Quiere su cabeza en bandeja". Parlamentario europeo desde 1999, pese a a rechazar de lleno las estrategias emanadas de Bruselas, y azote de José Manuel Barroso y Herman Van Rompuy, presidentes de la Comisión y del Consejo Europeos, respectivamente, Farage, fumador compulsivo que venció al cáncer y cliente asiduo de pubs y dancing clubs, rompió con los conservadores en 1992, cuando Londres se sumó al Tratado de Maastrich.
 
Populista hasta el extremo de no considerarse un 'político profesional', ahora disfruta con sus diatribas y su molde de 'hombre común' del mismo éxito que el Frente Nacional de los Le Pen en Francia o de Beppe Grillo en Italia, gracias a la profunda crisis económica y el desempleo galopante. Como dice Charles Grant, director del Centro para la Reforma Europea, "tenemos una economía y un liderazgo débiles, así como una UE muy mal manejada. Sería una sorpresa que esos movimientos no crecieran".